Su novio la explotaba sexualmente

Violencia de género. Una prostituta reveló a LM Neuquén el calvario sufrido. La explotó, golpeó y amenazó de muerte.

Natalia Pérez Pertino / policiales@lmneuquen.com.ar

La violencia de género se manifiesta de muchas formas y Mía (nombre ficticio) padeció una de ellas. Ilusionada con el inicio de un noviazgo, le contó al joven que estaba conociendo que era trabajadora sexual y cuáles eran sus proyectos. A los meses, pudo darse cuenta de que su pareja la explotaba laboralmente y cuando quiso frenar esa situación, fue agredida físicamente y amenazada de muerte.

Mía tiene 34 años, es madre soltera de tres hijas (16, 11 y 3 años) y ejerce la prostitución desde hace seis años. Estuvo en varias “agencias” -como denominan a las casas donde trabajan- y el año pasado tenía la idea de abrirse por su cuenta. En octubre del año pasado conoció a quien sería su peor pesadilla.

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Contrario a lo que ella esperaba, la reacción del joven respecto de su trabajo fue sumamente positiva. “Me respondió que estaba todo bien, que no tenía problema e incluso decidió ayudarme. Me dio el dinero para poder alquilar un departamento, ya que yo quería tener mi propio lugar y entrar a alquilar es muy caro”, contó Mía en una entrevista con LM Neuquén.

Así, de a poco, su pareja fue tomando cada vez más protagonismo en su vida y su trabajo. Si bien nunca llegó a conocer a su familia, sabía exactamente cómo eran sus hijas y dónde vivía, porque a Mía la conoció por la red social Facebook y por haberla llevado en más de una oportunidad a su casa.

Se volvió su proxeneta

La violencia de la que fue víctima llegó al punto de que él le controlaba todo, incluso cuándo veía a sus hijas. Él era quien pagaba el alquiler, publicaba los avisos, compraba los profilácticos y acordaba los turnos para que ella trabajara. “Es más, él les cobraba y se quedaba en el comedor mientras yo trabajaba en la habitación”, confió, aún angustiada por lo vivido y por no haberse dado cuenta de que él siempre la vio como una mercancía.

A unos meses de haber atravesado su peor tormento, todavía recuerda como si fuera ayer lo vivido a fines de abril de este año. Hasta ese momento, “él tenía como una doble personalidad. Por momentos me cobijaba y por otros era una persona violenta que decía que lo había poseído un demonio”.

Le gritaba y le pegaba cachetadas, pero el 25 de abril casi la mata. Ese día, luego de que ella le dijera que había conseguido otra chica para compartir el departamento, algo que Mía veía como una salida a la explotación que sufría, su pareja enloqueció. “Me tomó del cuello y lo apretó. Me pegó en la cara y me abrazó tan fuerte que no podía moverme. En un momento aflojó, corrí y pude escapar”, recordó.

De la violencia física y económica pasó a las amenazas a través de mensajes de texto. Mía aseguró que nunca más lo vio, pero que entre mayo y julio contabilizó al menos 23 números de teléfono desde donde le enviaba mensajes amenazantes. “Me decía ‘te voy a matar a vos y a tus hijas las voy a violar y matar’, por ejemplo”, sostuvo en referencia a uno de los cientos de mensajes que recibió en esos meses. En otros, usaba su foto para ofrecer sus servicios como trabajadora sexual, sin su consentimiento.

Sufrí violencia física por algunos clientes, pero no se compara con el daño psicológico que me hizo él”, dijo Mía, trabajadora sexual

La escucharon a medias

Mía denunció la violencia de género que sufrió a manos de su pareja tanto en Fiscalía como en el Juzgado de Familia.

En la primera, la causa no ha avanzado e incluso parece archivada. Pero en Familia logró que le impongan una restricción de acercamiento, una consigna policial a ella, así como también le brindaron la asistencia psicológica de los profesionales del Centro de Atención a la Víctima del Delito.

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“A la prostitución siempre se llega por necesidad”

Al consultarle por su decisión de ejercer la prostitución, Mía reveló que fue por una necesidad económica. Estaba ahogada en deudas y encima tenía la presión de su madre, quien veía con buenos ojos el progreso de una vecina cuyas hijas eran trabajadoras sexuales.

“Las dos sabíamos de qué trabajaban. El día que me decidí fue uno que no tenía unos míseros 400 pesos para unos remedios y ya tenía muchas deudas y no podía casi darles de comer a mis hijas. Hablé con ella y me llevó”, confió Mía.

Explicó que trabajó en varias agencias, pero nunca olvidará la primera vez que tuvo que desnudarse frente a un desconocido.

“Me habían dicho que es como estar con tu pareja, pero no es lo mismo”, sentenció. Al respecto, detalló que luego fue conociendo cómo era la dinámica de trabajo y detalló cómo se cuidan entre todas. “Si escuchamos a una gritar, enseguida vamos a la pieza y echamos al cliente”, explicó y marcó la diferencia con su ex pareja. “Nos han golpeado, pero no los ves más. Este chico me causó mucho daño psicológico. Me manipulaba”.

Si bien reconoció que la mayoría decide ejercer por voluntad, aseguró que todas lo hacen por necesidad e incluso reveló que “muchas fueron abusadas de niñas”.

Hoy, tras haber vivido lo que vivió, Mía sentenció: “Si mi hija (de 16) me dice que quiere ejercer para ayudarme, me muero”

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