Su último acto

Luto teatral. Alicia Fernández Rego, figura fundamental del teatro neuquino, falleció ayer a los 88 años. Teatristas le rindieron homenaje.

Neuquén.- Alicia Fernández Rego falleció en esta ciudad, entrada la mañana de ayer, a los 88 años. Siempre tuvo una salud frágil, sostenida por una personalidad fuerte, con dulces gestos que imponían seguridad y afecto. En los últimos tiempos se refugió en su departamento de la Galería Jardín, ubicada en el centro. Allí, rodeada de libros, artesanías y objetos preciosos obtenidos en su larga trayectoria en escenarios de tantas partes del mundo, Alicia recibía la visita de algunos pocos amigos, alumnos y familiares. Pareciera que guardaba para sí los últimos tramos de su vejez y sus dolores. Se negaba a mostrar la debilidad aparente que viene con la vejez, sobretodo cuando la lucidez aún ilumina los días y las noches. Alicia la conservó hasta el último minuto de existencia.

Llegó a Neuquén desde Buenos Aires en noviembre de 1959, invitada por Nicasio Cabillas, hombre de teatro que estaba trabajando para crear la Escuela de Bellas Artes de Neuquén. Entonces estaba el edificio de La Conrado, que fue utilizada para que funcionara la institución.

Allí comienza su trayectoria como docente. En el ámbito artístico descubrió inmediatamente al grupo Amancay, que se encontraba inserto en el medio con sus integrantes que se recuerdan como Beto Domínguez, Alicia y Guillermo Murphy, y el propio Cabillas, entre otros. Poco a poco se fue integrando a la comunidad, que ya la miraba como “la maestra” de teatro y hacedora, junto al grupo de docentes, de la creación de la primera Escuela Superior de Bellas Artes.

Su figura fue creciendo armando elencos que tenían como condición estudiar en la escuela recién creada. Por ese espacio pasaron Darío Altomaro, Naldo Labrín, Alicia Villaverde, entre muchos otros. El teatro neuquino comenzó a cobrar altura con actores de fuerte formación. Las obras surgían como milagrosas estrellas en el desierto que recorrían con el bagaje de creaciones para toda la gente.

Hay nombres que están íntimamente ligados a su figura, como Norman Portanko, José Di Giglio y Tito Gueijman, con los que se lanzó al gran desafío de crear el teatro Lope de Vega, que funcionó en el primer piso del Cine Teatro Español.

En la librería Siringa, su esposo, Kune Grimberg, provocaba a los vecinos con su arrolladora personalidad. El hombre llegado de “la legión extranjera”, la acompañó en un auto Citroën y fue la calabaza que llevó a Alicia por distintos escenarios de América con sus obras unipersonales. Los personajes que abordó pertenecían a autores clásicos y contemporáneos. Solía decir que “la palabra era la herramienta del teatro”, de allí su insistencia sobre la voz, el saber decir para que cada palabra cobrara la importancia que el autor le imprimía. Su biblioteca estaba repleta de libros, la literatura latinoamericana la eligió como lectora apasionada. Las horas de cada día estaban llenas de teatro: del taller a la escuela, de la escuela al escenario, de allí a las valijas en interminables jornadas dedicadas a estudiar, investigar, mirar, escuchar, respirar teatro. Hay un espacio gigante que domina: el escenario, desde allí su adiós. (H.L.).

Su pensar: ”La palabra es la herramienta fundamental del teatro”.

¿Quién sabe de Alicia en este lugar?

Hilda López. Conductora del programa Picada cultural (LU5 AM600)

Veo la ciudad, las esquinas, las casas, los autos. La gente mira a su alrededor para cruzar la calle, comprar algo, volver a casa. La escuela está cerrada. Es sábado y no hay clases hasta el lunes. Me pregunto: ¿sabrán ellos, los alumnos, los vecinos, quién era Alicia Fernández Rego? Transcurre el día y los actores, bailarines, poetas se preparan para la función del fin de semana, ¿sabrán quién fue Alicia Fernández Rego? Más allá hay un hombre cargando un carro con cartones usados. Se detiene ante un niño que, colgado de la mano de su mamá, le pregunta “¿dónde vamos?”; ¿sabrán ellos quién fue Alicia Fernández Rego? Hay un pibe que debe rendir un examen el lunes, enfrascado en el intento, ¿sabrá quién fue Alicia Fernández Rego? Los hombres con corbata, las mujeres de taco derrumban su estrés moderno en algún sillón frente a la pantalla que le devuelve alguien que lo invita a comprar, ¿sabrán quién fue Alicia Fernández Rego? Los gobiernos se suceden, la democracia tropieza con la incredulidad y se inventan estrategias para sobrevivir sin culpas. ¿Qué saben ellos? Murió Alicia, y después de 56 años de existencia en este lugar, sin claudicar, tal vez se detenga ese reloj que nos diga que algo pasó hoy. Algo que el teatro deberá escribir en su historia, algo fundamental que nos devuelva el valor del laburo, de la coherencia, del amor.

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