"Tévez es un mensaje de superación para el barrio"

Yésica Glikman. Desde adentro. Llegó por casting a ser Anabella, una de la integrantes de los "Backstreet Boys", banda delictiva de Fuerte Apache de la que era amigo Carlitos.

Por Paula Bistagnino - Especial

A Yésica Glikman le toca vivir el estreno más importante de su carrera hasta hoy, desde lejos: la actriz está en Los Ángeles, California, estudiando. Nacida en Córdoba, creció en Villa Carlos Paz y volvió a la capital provincial a estudiar actuación. Recién a los 25 años llegó a Buenos Aires y ahora, con 30, se pone en la piel de Anabella en Apache: la vida de Carlos Tévez que se estrenó el viernes en Netflix dirigida por el gran director Israel Caetano y con el atractivo extra de haberse rodado íntegra en la locación real de los hechos: el barrio Ejército de los Andes, en el límite del conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, conocido como Fuerte Apache, de donde salió el gran jugador y símbolo de Boca Juniors.

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“Soy una de las integrantes de los Backstreet Boys, la banda de chicos delincuentes del barrio”, adelanta ella, que tuvo que cambiar desde su forma de hablar y caminar hasta aprender a manejar armas para interpretar este papel, al que llegó por casting.

“Él no perteneció nunca a la banda. se salva, desvía ese destino, por su deseo de jugar al fútbol”.

¿Cómo fue preparar el personaje?

Primero cuando fui al casting no se sabía todavía si mi personaje iba a ser varón o mujer, así que preparé lo que yo me imaginaba que podía ser. Tenía que hacer a una chica muy diferente a mí y no tenía acceso a ese mundo: y con eso quiero decir que es un mundo muy distinto al mío, porque cuando vos tenés para comer todos los días, una casa calentita, un baño, podés estudiar… Así que me encerré a ver videos, desde programas de televisión a entrevistas a Pity Álvarez. Y un amigo actor me ayudó a construir el personaje que llevé al casting.

¿Cómo fue filmar en Fuerte Apache?

La primera vez que tuve que ir tenía que esperar en una estación de servicio en la General Paz a las 6 de la mañana y tenía miedo. Y después llegás y está Gendarmería en la entrada. Y sí, me dio cagazo. Vos no sos de ahí y se dan cuenta, obviamente, y es un lugar de códigos… Son los prejuicios, algunos reales, que uno tiene. Pero después entramos, empezamos a trabajar, y la verdad es que fue todo una experiencia increíble. En lo profesional, pero sobre todo a nivel humano: la gente nos abrió la puerta de sus casas, nos invitaban a comer, nos prestaban el baño. Esas cosas no pasan en Buenos Aires, no pasan en cualquier lado. Eso te hace crecer y enriquecerte como persona. Escuchar y conocer todas esas historias. Fue clave que se hiciera ahí la serie y no en un estudio o en un set armado: los sonidos, los olores, los colores del lugar.

APACHE - La vida de Carlos Tevez | Tráiler Oficial | Netflix

¿Quién es Anabella y quiénes fueron los “Backstreetboys” en la vida de Tévez?

Anabella forma parte de esta banda juvenil, que es de adolescentes y jóvenes que en su ingenuidad y en sus ganas de adrenalina de vivir al máximo, para sobrevivir delinquían, usaban drogas, y todo lo que una bandita barrial gángster de los años 90. Todo Fuerte Apache sabía que existía esta banda, que era peligrosa y la respetaba. Es una historia paralela a la de Carlos Tévez. El no perteneció nunca pero cuando era chico era amigo y vecino y se juntaba con ellos. Y él se salva, se desvía digamos de ese destino, por su deseo y sus ganas de jugar al fútbol.

Sin spoilear, ¿terminan mal los Backstreetboys?

Y sí, no fue muy bueno el final. Ya con eso spoileo un poco. Pero es previsible.

¿Qué te cambió a vos esta historia?

Me permitió conocer un contexto completamente ignorado por mí. Me hace pensar en mí y en muchas personas que conozco. En la diferencia de oportunidades, claro, pero también en lo que es luchar por los sueños aunque tengas todo en contra.

¿Qué es Tévez para Fuerte Apache?

Es un mensaje de superación. Pienso en los chicos que veíamos todos los días ahí jugando a la pelota. Lo digo y se me pone la piel de gallina. Es para ellos una posibilidad de que pueden soñar. El mural ese enorme que está en el barrio, muy cerca de la casa del tío, que sigue viviendo ahí, dice mucho: uno no tiene en su casa un cuadro que no le guste.

Llegaste hace cinco años a Buenos Aires. ¿Qué expectativas tenías?

Uno siempre sueña alto, pero cuando llegué tenía la expectativa de seguir formándome. Tenía muchos amigos que me decían que viniera, que en Buenos Aires iba a crecer y tener oportunidades. Anhelaba muchas cosas pero nunca pensé que en tan poco tiempo iba a tener esta oportunidad de “ingresar” de alguna manera y trabajar con personas que son referentes del cine argentino y latinoamericano. Lo vivo con la emoción a flor de piel.

¿Y ahora?

Seguir estudiando y seguir creciendo.

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