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La Mañana Tragedia

Tragedia del Lanín: el hombre que rescató a las víctimas

Junto a siete gendarmes, Roberto Moreno fue el primero que intentó llegar al lugar donde nueve andinistas habían caído durante el ascenso al volcán, cuatro de ellos murieron.

Nacido y criado en Zapala, Roberto Moreno tiene 59 años y actualmente es el director del aeropuerto de la ciudad. El 13 de octubre de 1990 llegó al lugar minutos después de la tragedia del volcán Lanín y fue el que efectuó el primer intento de llegar en la noche junto a siete gendarmes al lugar del lamentable suceso: una cordada de andinistas de San Patricio del Chañar compuesta de ocho personas cayó estrepitosamente por una pendiente en cercanías de Espina del Pescado. Según se pudo reconstruir, dos de las personas cayeron y arrastraron al resto. En la caída, uno de los montañistas falleció y el resto quedó incomunicado. Un par de rescatistas llegaron al lugar de los hechos durante la madrugada y entre los integrantes del grupo ya había una segunda víctima. Mientras otros dos perecieron antes de la mañana. En total, hubo cuatro víctimas fatales y cinco sobrevivientes.

Dice que aún recuerda el espectáculo dantesco y traumático que se encontraron todos los rescatistas al llegar finalmente al lugar. A él junto a un equipo de gendarmes le tocó bajar dos víctimas fatales hasta la base del volcán. Cuenta además la increíble amistad construida con un perro tipo caniche.

Alberto González, un odontólogo de 42 años, y Eduardo Greco, maestro mayor de obras, de 31, fueron los primeros en dar con los accidentados, porque el tercer integrante, Conrado Verberck, debió regresar por haber perdido su equipo. Estos hombres, fueron los verdaderos héroes, junto con el piloto del helicóptero, Carlos Campos, quien entró en acción más adelante.

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Roberto Moreno actualmente es el director del aeropuerto de la ciudad de Zapala.

Roberto Moreno actualmente es el director del aeropuerto de la ciudad de Zapala.

Las grandes montañas no son justas o injustas, simplemente son peligrosas. El mítico Lanín es una de ellas. Por esta razón: estar en el lugar y en el momento oportuno donde tristemente el destino ya había echado suerte sobre la vida de unos ilusionados andinistas fue el raro privilegio que sorprendió a Roberto Moreno, un avezado montañés zapalino de aquella trágica época de los ´90. La vida lo supo poner en el Paso Tromen a tan solo 40 minutos después de haberse notificado la tragedia. Había llegado al lugar para hacer de guía de dos camaradas, David Cuenca y Nito Funes.

“Cuando llegamos al Paso Tromen había viento fuerte y estaba muy nublado. Me sale a recibir el subalférez Azcona del puesto de Gendarmería. Éramos muy amigos con él. Allí me contó el drama de tener accidentados cerca del refugio y de no saber realmente cómo estaban”, contó Moreno a LMNeuquén. En ese preciso instante fue la primera vez que escuchó del incidente de lo que más tarde se conocería como la “Tragedia del Lanín”. También el oficial gendarme le informa que “dentro del puesto se encuentra el subcomisario Mario Arango en estado de shock”. Moreno relata además que Arango era originalmente el líder y guía de grupo pero que por cuestiones de salud ese día le fue imposible encarar el ascenso al volcán y que es en esa situación que la cordada queda a cargo de los policías Aldo Paredes y Víctor Hugo Medina.

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En su época de montañés. Desde su infancia le empezaron a gustar las montañas y siempre su deseo fue buscarlas, encontrarlas y recorrerlas.

En su época de montañés. Desde su infancia le empezaron a gustar las montañas y siempre su deseo fue buscarlas, encontrarlas y recorrerlas.

La montaña como un refugio de vida

Este hombre, que fue elegido por la vida para vivir grandes emociones en la montaña tanto de las buenas como de las malas, nació en Zapala el 6 de agosto de 1962. Desde su infancia le empezaron a gustar las montañas y siempre su deseo fue buscarlas, encontrarlas y recorrerlas. Esos deseos se incrementaron a sus 16 años cuando siempre pedía ir para la cordillera cuando en la ciudad se comenzaban a armar las primeras patrullas que iban rumbo al Lanín. “Lamentablemente en esa época al contar con esa edad no me permitieron viajar por los riesgos que implican los ascensos. Así que apenas cumplí la mayoría de edad empecé a transitar solo lo que es el andinismo y montañismo”, cuenta con orgullo.

Agregó que “en las montañas siempre me sentí libre. Eran mi refugio. Encontré paz, tranquilidad y sobre todo gané muchas amistades que aún hasta hoy algunas conservo”. Moreno cuenta que prácticamente todos los fines de semana o en las licencias de trabajo era frecuente verlo en la zona del Lanín.

En 1979 ingresó a trabajar en el municipio de Zapala. En su trayectoria de trabajo prácticamente recorrió todas las dependencias. Hoy, y desde hace dos años, las obligaciones laborales lo encuentran cumpliendo el rol de director del aeropuerto de la ciudad. Allí en la sala de espera en donde rodeado de fotos que ilustran sus pasos por el Lanín, contó todo lo vivido en aquella tragedia que marcó la historia del andinismo provincial y lamentablemente marcó para siempre a la localidad de San Patricio del Chañar, de donde eran oriundos casi todos los protagonistas de la tragedia que se cobró la vida de cuatro jóvenes montañistas.

"En las montañas siempre me sentí libre. Eran mi refugio. Encontré paz, tranquilidad y sobre todo gané muchas amistades que aún hasta hoy algunas conservo”, dijo Moreno, a quien todos los fines de semana o en las licencias de trabajo era frecuente verlo en la zona del Lanín.

Ganando experiencias en la montaña

Tanto era su amor por la montaña que apenas pudo prácticamente pasó a ser un gendarme más del Destacamento ya que solía pasar muchos días al año en este lugar. “Siempre agarraba mi mochila y me iba hasta el refugio y a veces un poco más alto sin tener el equipo necesario en ese momento porque no iba a escalar solo iba de paseo”, recordó. De esta manera fue pasando el tiempo y ganó experiencia y pudo conocer a gente que se dedicaba a la montaña, entre ellos andinistas franceses, brasileros, suecos y españoles entre otros. “A más de uno tuve que darles una mano porque estaban perdidos. Yo pasaba mucho tiempo en el refugio en solitario así que los guiaba hasta la base del volcán”, contó.

Comentó además que cuando logró hacer cumbre en el Lanín se enamoró más de este volcán y de todas las montañas neuquinas a las que desafió. En el Lanín logró completar 24 cumbres certificadas. “Hoy tengo 59 años y me siento con mucha vitalidad y con ganas de seguir subiendo cerros, así que quiero ir por mi cumbre número 25”, agregó.

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Moreno cuando logró hacer cumbre en el Lanín se enamoró más de este volcán y de todas las montañas neuquinas a las que desafió. En el Lanín logró completar 24 cumbres certificadas. “Hoy tengo 59 años y me siento con mucha vitalidad y con ganas de seguir subiendo cerros, así que quiero ir por mi cumbre número 25”, agregó.

El primer intento de llegar al lugar de la tragedia

El día que la casualidad lo puso frente a una de las mayores tragedias que registra el Lanín en su historia, Moreno recordó que “ante el incidente en desarrollo el subalférez Azcona de Gendarmería en confianza absoluta decidió darme siete efectivos. Era un grupo compacto pero que no tenía experiencia en montaña. Pero los efectivos con su mayor entrega y voluntad se alistaron para ver qué podíamos hacer porque la desesperación que había en el destacamento era tremenda”, recordó. “La tormenta que se había desatado en el volcán siguió avanzando y cada vez era peor. No amainaba, era arriba y abajo. Había ráfagas de vientos de entre 120/140”, agregó. Moreno y los siete gendarmes emprendieron el ascenso para llegar al lugar de la tragedia que hasta esos momentos nadie sabía de la magnitud que tenía. “Esa noche solo pudimos llegar hasta los 800 metros desde la base y ya dos de los gendarmes habían tenido caídas bastante importantes tras lo cual decidí no poner en riesgo la vida mía ni la de ellos y aborté la misión. Decidimos volver, pasaron dos horas y volvimos a intentar una vez más pero era lo mismo y ahí fue cuando nos encontramos con tres integrantes de la patrulla del Club Andino Junín de los Andes. Intercambiamos información y ellos decidieron seguir y finalmente lograron llegar hasta donde estaban los accidentados”, añadió Moreno. Toda esa noche se vivió en vilo. Cuando Moreno bajó con los gendarmes le comunica a Azcona que había abortado la misión por la crudeza del clima. “Hoy puedo asegurar que jamás en la vida había visto una tormenta como esa. El viento y la cantidad de nieve eran impresionantes”.

El peor escenario ante sus ojos

Moreno cuenta que con toda la expectativa en las primeras horas del día posterior a la jornada de la tragedia emprenden un nuevo intento para llegar al lugar. “A las 8.30 empezamos a subir y a mitad de camino entre la base y lugar del accidente ya empezó a operar el helicóptero que después lograría rescatar a los sobrevivientes en unas maniobras heroicas del piloto. Sin embargo el viento seguía intenso y la gente del RIM 26 de Junín de los Andes hacía lo propio para llegar por otro sector”, contó.

Cuando finalmente llegan al trágico lugar luego de tres horas de marcha el escenario era tristísimo. “Se me caían las lágrimas al ver el panorama. Estaban todos lastimados. Medina estaba quebrado por todos lados y uno de ellos tenía uno de los grampones clavado en su cuerpo. Estaban muertos. Yo jamás había visto una persona congelada”, dijo angustiado. Prosiguió contando que “no tenían ropa adecuada. Medina estaba con el uniforme policial y la falta de abrigo influyó mucho en la tragedia. Una de las chicas murió un rato antes de que nosotros llegáramos y a mí se me cayeron las lágrimas porque lamentaba no haber podido llegar esa noche”. En este sentido dijo que “yo hubiera intentado bajar a los que estaban vivos de una u otra forma porque si no se morían y es lo que tristemente pasó, se le murieron prácticamente en los brazos a estos chicos de Junín de los Andes a pesar del arriesgado y heroico esfuerzo que hicieron”.

Cuando finalmente llegan al trágico lugar luego de tres horas de marcha el escenario era tristísimo. “Se me caían las lágrimas al ver el panorama. Estaban todos lastimados. Medina estaba quebrado por todos lados y uno de ellos tenía uno de los grampones clavado en su cuerpo. Estaban muertos. Yo jamás había visto una persona congelada”, dijo Moreno.

Esa mañana junto a Moreno llegaron diez militares que fueron los que encontraron a Aldo Paredes que unos minutos antes de la tragedia dejó la cordada para buscar el mejor camino al refugio. “Ellos lo encuentran a Paredes a unos 500 metros del lugar que a esa altura no estaba ni enterado de lo que había sucedido con sus compañeros”, relató. A los minutos se empezó el operativo rescate de los cuerpos de las víctimas. “Los fuimos metiendo en bolsas camas y atamos con cuerdas a los cuerpos de los fallecidos y empezamos a hacer el descenso mientras el helicóptero empezaba a bajar a los que habían quedado vivos. A mi junto a mi grupo me tocó bajar a la maestra Muñoz y al policía Medina, quien iba al frente de la patrulla y que tuvo el desgraciado resbalón que desencadenó la caída libre de unos 300 metros”, contó.

"Junto a mi grupo me tocó bajar a la maestra Muñoz y al policía Medina, quien iba al frente de la patrulla y que tuvo el desgraciado resbalón que desencadenó la caída libre de unos 300 metros”, contó Moreno.

Agregó que “no se podía bajar por el filo de la Espina del Pescado por el viento que había y tomamos el camino del acarreo de las mulas. En el trayecto nos íbamos encontrando con más militares que iban llegando como así también pudimos observar parte de los equipos de los andinistas siniestrados”.

“En esa bajada eterna y dolorosa perdí mis antiparras y producto de eso cuando llegué a Zapala por el término de 15 días me quedé prácticamente ciego. Yo pensé que perdía la vista, la nieve me había quemado”, comentó.

El escudo de la policía de Medina

En los tramos del descenso Moreno cuenta que en un determinado momento pasó algo que también le quedó marcado hasta hoy. “Cuando íbamos bajando, de la campera de Medina se le desprendió el escudo de la policía. Muchísimos años después un amigo entrañable de Medina, el señor Daniel Chasco me dijo que le gustaría conservarlo como recuerdo así que se lo cedí con todo el respeto de la memoria del miembro de la policía provincial tristemente fallecido”. Moreno recordó que con los años se puso una plaqueta recordatoria sobre una piedra cercana donde fue el lugar del accidente. Asimismo mencionó que aún atesora las ganas de reencontrarse con los sobrevivientes de aquel suceso. “Siempre quise cerrar esta etapa de nuestras vidas. Una etapa tan dolorosa y triste”, dijo.

“Huila”, el fiel perro montañés

De su manera de andar recibió el nombre de “Huila” (como suele nombrarse a la ropa muy usada o vieja). Un perro de esos que hacen honor a la amistad incondicional. Supo vivir por muchos años en el puesto de Gendarmería en Paso Tromen en la década del ´90. Era la compañía de los efectivos allí apostados. En una de las tantas visitas al lugar (por parte de Roberto Moreno) se conocieron y se hicieron entrañables amigos en la montaña. Tanto es así que hicieron tres cumbres juntos al Lanín. “Era un perrito tipo caniche de Gendarmería Nacional del Puesto Tromen. Nos hicimos muy amigos y me acompañaba a todos lados. Cuando salía a caminar o a pescar allí andaba conmigo el Huila, como todos lo llamaban cariñosamente”. Era muy aventurera y valiente aquella mascota. Tanto es así que “ladró” tres veces cumbre junto a su amigo montañista.

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“Nunca en mi vida había visto una tormenta así. Arriba era todo un caos. Es un triste suceso que aún me duele. Tal vez podría haber hecho mucho más”, dijo Roberto Moreno, montañista zapalino.

“En una de esas cumbres, desde el refugio hasta la cumbre lo llevé en mi mochila. Era un amor el perrito y aquella vez le dolían mucho las patitas porque las tenía lastimadas de tanto que se iba al hielo y bueno lo cargué en la mochila y pudimos hacer la cumbre juntos”. Ese momento quedó inmortalizado en una foto registrada por un camarada. “Lo tengo en brazos y al costado se ve la mochila en la cual lo llevé. Estaba arrodillado en la cumbre porque el viento que había nos tiraba”, contó Moreno.

El “Huila” como era la mascota del destacamento a todos los que llegaban les daba la bienvenida y después los despedía. Así sucedió con todos los protagonistas de aquella tragedia. Los que afortunadamente siguieron con vida y todos los rescatistas seguramente lo recordarán. “El siempre andaba por ahí”, indicó Moreno. Así que en ese vertiginoso trajín vivido desde el aviso de la tragedia hasta el último minuto del operativo rescate y del traslado de los sobrevivientes y de las víctimas el “Huila” fue un mudo testigo de las incertidumbres y las certezas de una tragedia que marcó a todos de distinta manera. Al “Huila” seguramente el suceso también le habrá tocado su alma pura.

Roberto Moreno una vez finalizado el operativo permaneció unas horas en el lugar y luego de hablar con Azcona y los demás gendarmes emprendió el regreso a Zapala con la tristeza y el sabor amargo de un suceso que a pesar de haber sido un accidente estuvo empapado de negligencias.

Al tiempo Moreno regresa al lugar y se autoimpone una terapia sanadora a su manera y supo emprender en solitario con la sola compañía del “Huila” ascensos hasta el refugio del Lanín y para ello debía pasar indefectiblemente por el lugar de la tragedia. “Cada vez que pasaba por el lugar del accidente los sentimientos eran encontrados, fue muy triste todo eso. Inclusive mucho tiempo después que fui encontré uno de los guantes de una de las chicas y lo dejé allí cubierto con una piedra en señal de respeto a su memoria”, contó. En cuanto a si podía haber hecho algo más aquella noche, dijo que “es muy complicado eso, por ahí si uno analiza las cosas más fríamente tal vez si hubiésemos podido llegar esa noche algo hubiéramos hecho pero lamentablemente no pudimos y eso me queda aún dando vueltas en la cabeza y me duele pero el destino ya estaba escrito así”, refirió. Con el “Huila” compartió cinco años de entrañable amistad, hasta que su edad le dijo basta y el perrito falleció para irse al cielo de los perros. “Fue un gran compañero y un gran montañés”, cerró.

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