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Las alertas de viento llegaron a China Muerta como una suave brisa, que tenía apenas la intensidad necesaria para hacer flamear las banderas de más 10 países a orillas del Limay. Durante el encuentro internacional Latinoamérica Rosa, más de 200 remadoras sobrevivientes de cáncer de mama se convirtieron en un gran equipo para remar a favor de la vida.

La música electrónica sonaba a intervalos por los altoparlantes, en medio de la participación de un locutor que anunciaba la llegada de los equipos: el de Chile, el de Brasil, las neuquinas de Rosa Fénix, Poderosas o Rosas del Limay. Todas se turnaban para subirse a uno de los botes dragón, con el fin de clavar 20 remos en el agua y avanzar por un brazo angosto del río.

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En el extremo de la embarcación, otra mujer con salvavidas rosa hacía un golpe de tambor, que coincidía con el momento preciso en que la pala de madera penetraba el agua fresca del río para permitir el avance. “Solo si remamos todas juntas, el bote dragón puede avanzar y eso, además de un deporte, es nuestra metáfora”, explicaba una de las integrantes de Rosa Fénix, el grupo organizador de este evento que congregó a dos centenares de deportistas que han vencido a la enfermedad.

Con el apoyo del Ministerio de Turismo y la Municipalidad de Plottier, así como entidades privadas como el COI, el grupo Rosa Fénix desplegó un gran operativo que incluyó el montaje de globas comedor y la seguridad a cargo del Servicio Integrado de Emergencias de Neuquén y Prefectura, con sus agentes que cuidaban desde la playa y desde una serie de lanchas que verificaban que no hubiera ningún problema para las deportistas.

Origen: en 1996 se descubrió que el remo ayudaba a prevenir secuelas del cáncer de mama

El evento contó con la participación de un gran número de voluntarios, que hicieron tareas de kinesiología para la recuperación de las deportistas o trabajaron en la logística y hasta como intérpretes de inglés para las visitantes de Canadá y Estados Unidos.

En el agua se desplegaron grandes boyas inflables que marcaban el inicio y el final de la travesía, y las mujeres remaban con entusiasmo para salvar esa distancia. Todas se coordinaban en un remo perfecto al ritmo de los tambores, mientras los aplausos y gritos de aliento se dejaban oír desde la orilla.

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El color rosa se reiteraba como un estandarte: en las camisetas de los equipos, en los chalecos salvavidas, en las viseras y hasta en los mates que compartían las participantes. También estaba presente en los nombres de las agrupaciones: Rosas del Limay, Dragones Rosas, Corazones Rosas y hasta Chicas Pink, todas incluían ese tono para generar conciencia sobre la importancia de hacer controles y detectar la enfermedad a tiempo.

Aunque ambos botes se aprestaban en una carrera por ese tramo del río y el locutor felicitaba a las triunfadoras, la competencia se cambiaba a cada instante por la camaradería. Cuando amarraban un bote a la orilla, un túnel de remos recibía a las últimas competidoras, que recibían ovaciones y palmadas en el hombro del resto de las participantes sin importar el resultado que hubieran obtenido.

Familias, amigos y hasta curiosos también se acercaron a China Muerta para acompañar a las remadoras, que compartieron una jornada llena de alegría y vitalidad, dos emociones que demostraban que fue su propio empuje el que les permitió ganar la batalla contra el cáncer de mama y encontrar el valor de cada pequeño momento de la vida.

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