Una amistad que atraviesa los cerros

María Martín se accidentó y quedó cuadripléjica. Junto a un grupo, ahora escala montañas.

Guadalupe Maqueda
maquedag@lmneuquen.com.ar

Cipolletti.- Podría tirarse en una cama y no levantarse más, encerrarse en su casa y vivir su propio infierno, pero decide "honrar la vida". Como nacida de la canción de Eladia Blázquez, disfruta de las pequeñas cosas, se yergue con dignidad y aprende todos los días. María Gabriela "Marga" Martín (47 años) tiene un cuerpo que no le responde, pero una fuerza arrolladora que contagia y un grupo humano de fierro.
El 13 de mayo de 2000 perdió de golpe la posibilidad de acompañar a su hijo a andar en bicicleta, peinar a su hija y abrocharle el vestido. Ya no pudo prenderse un cigarrillo sola, abrir su propia casa, caminar por la calle o tomar de la mano a un ser querido.

Un accidente de tránsito le provocó una lesión medular que le arrebató la autonomía. Su vida fue otra, pero ganó la capacidad de ver la parte del vaso que está llena.

Sigue dando clases de Biología en el Colegio Fátima, disfruta mucho de los amigos y la familia, y desde 2004 se anima a concretar "en equipo" un sueño: subir la montaña en una silla adaptada.
"Esto se logra porque hay gente que tiene la fortaleza de acompañarme. Yo sola no podría hacer nada", dijo la docente cipoleña, muy agradecida con su entorno.

Es su cumpleaños y un mate convoca a los amigos y a su hermano Pancho en torno a la mesa de su casa. No los une la lástima sino las ganas verdaderas de compartir buenos momentos. No son profesionales ni aficionados a la montaña. Se definen como "los amigos de Marga", y ese vínculo, en rigor, tan fuerte, luego hace posible que un grupo de 16, 20 o 24 personas puedan hacer cumbre o llegar hasta un refugio con ella.

Para eso, cuentan con el "margamóvil", un dispositivo que idearon y luego fabricó su tío para que pueda acompañarlos en estas excursiones. La base es un asiento de carrera con cinturones de seguridad que la sujetan y dos barrales, uno a cada lado. Debajo de la estructura se pueden colocar esquíes, si hay nieve, o una rueda, como único punto de apoyo para hacer rodar la silla. En cuestas angostas o empinadas, la pueden cargar de 2 a 6 personas y hasta con sogas de un extremo, como si fuese un trineo.

En sus excursiones indicaron que "nadie banca a nadie". Todos ponen sus ganas y los recursos. Algunos suben, otros se quedan abajo para la logística, y cada vez son más los que se suman al grupo y se enganchan para hacer montañismo.

"Marga pone un objetivo, y nosotros decimos: 'Allá vamos'", contó su amiga Ailén Jáuregui, cuyo esposo, Sergio Gómez, participa de la logística.

El 21 de noviembre de 2004 subieron hasta el refugio del volcán Lanín. Diez años después, se trazaron como objetivo el refugio del Otto Mailing, en el cerro Tronador. Y el próximo 26 de mayo se van al Champaquí, en Córdoba, de 2884 metros de altura.

Antes, recorrieron la margen sur de El Chocón, como parte de su entrenamiento y su excursión por el anfiteatro natural quedó grabada en un video.

"No tengo miedo, confío totalmente en ellos", confesó Marga. Dice que lo importante es disfrutar el camino, todo el tiempo que pasan juntos. "Es lo más lindo", acotó.

Su hermano Pancho destacó que a pesar de sus limitaciones rescató su buen humor y con el grupo que la contiene "hay una simbiosis".

Para Pablo Córdoba, otro amigo, a quien además los une la profesión, Marga "anda en silla de ruedas, pero es un tren".

Cristina Cervi, otra amiga e ingeniera agrónoma, aclaró que no la acompañan por obligación: "Lo hacemos por ella, por nosotros, es un combo".

Así, las travesías para Marga y sus amigos son un ida y vuelta. "Nos hacen bien, nadie se las quiere perder. El fin es ella, pero todos la pasamos muy bien", concluyeron.

Esto se logra porque hay gente que tiene la fortaleza de acompañarme", dijo Marga sobre sus amigos, que la ayudan en los ascensos.

"Me siento incluida por lo que hago y hacen conmigo"


La ingeniera agrónoma y docente cipoleña Marga Martín quedó cuadripléjica en un accidente de tránsito, cuando al volver de su trabajo chocó de frente contra otro vehículo en la Ruta Chica, entre Allen y Fernández Oro. Fue el 13 de mayo del 2000 y a partir de ese momento comenzó otra vida para ella, con largos años de rehabilitación y de aprendizaje.

Un par de años después retomó la docencia en la misma escuela (Nuestra Señora de Fátima) y también el trabajo en una chacra, haciendo monitoreos de plagas. "Ahora me río de mi discapacidad, pero antes me sentía como un estorbo, porque perdés tu independencia y necesitás ayuda para todo. Eso molesta, pero tampoco se puede vivir con mala onda. Hay que perder el miedo, la vergüenza y ser agradecido", expresó.

Como no quiere dar lástima ni ser una mochila para la gente, le pone humor a la vida, tanto que contagia a conocidos y extraños. Encara sus días con una actitud positiva que le permite sobrellevar sus dificultades. Y siempre con una sonrisa.

"Rescato la posibilidad que me dio el colegio, ellos tuvieron la mejor predisposición para que volviera a dar clases", dijo Marga, y agregó: "A pesar de que no puedo escribir en el pizarrón, los chicos hacen todo y nunca se quejan. Me siento incluida por lo que hago y hacen conmigo".

Nacida en Allen, se recibió de ingeniera agrónoma en Córdoba, donde nacieron sus dos hijos. Desde 1997 vive en Cipolletti, donde hizo amigos. Otros le quedaron de su etapa universitaria y serán los cordobeses quienes la recibirán junto a sus amigos el 26 de mayo para subir el cerro Champaquí.


Tres momentos de una luchadora

Primera expedición
El 21 de noviembre de 2004, Marga junto a un grupo de amigos, familiares y médicos llegaron hasta el refugio del volcán Lanín.

Con sus hijos
Diez años después de su primera experiencia subió hasta el refugio Otto Meiling del cerro Tronador. Lo hizo con sus hijos, que hoy tienen 27 y 20 años.

El próximo sueño

El 26 de mayo irán al cerro Champaquí. En abril recorrieron el anfiteatro natural de El Chocón.

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