Una degustación musical y emocional
Neuquén > Ha estado compartiendo el arte durante muchos años con exponentes y figuras musicales de Brasil como Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, Gilberto Gil y Egberto Gismonti, y autores que marcaron y aún guían su camino musical, como João Gilberto, Carlos Lyra y Jacob do Bandolim. A sus casi 60 años sigue girando por el mundo. Y justamente, siguiendo el pensamiento de Milton Nascimento (“el artista debe ir donde el público está”), es que el violoncelista, director y compositor brasileño Jaques Morelenbaum llegará hoy, a las 21.30, al Cine Teatro Español. Como si eso fuera poco, el destacado músico nacido en Río de Janeiro tendrá como anfitrión a Chango Spasiuk, a quien conoció hace apenas dos días para comenzar con ese cruce cultural entre chamamé, bossa nova y samba. Anoche ambos iniciaban su tour en Buenos Aires (Teatro SHA). Horas antes de la actuación y de su arribo a esta ciudad, el compositor brasileño dialogó sobre este encuentro -se hizo mediante un amigo en común y recién ahora se conocieron personalmente- cumbre con el músico del litoral argentino con el cual tienen muchos puntos en común: “hay una identificación muy grande de la postura y de la forma en que encaramos la música y el arte. Hay una manera muy profunda y una voluntad de buscar la belleza simple”, destacó el hincha de Flamengo que quiere quedarse con el próximo mundial, que se realizará en su país.
El concierto tendrá tres segmentos: primero Spasiuk se presentará con una formación de cuarteto junto con Marcos Villalba en guitarra, voz y percusión; Víctor Renaudeau en violín; y Marcelo Dellamea en guitarra y voz. Por su lado, Morelenbaum será respaldado por Lula Galvão en guitarra y Marcelo Costa en percusión. El momento sublime se dará en el final, cuando se dé un cruce musical donde ambos, a través de la improvisación, vayan en busca de una tercera expresión única e irrepetible.
El lunes tuvieron su primer encuentro personal y ensayo musical. ¿Cómo resultó ese primer contacto?
Estoy muy feliz de conocer personalmente a Chango Spasiuk, un músico al cual admiro mucho. Ya realizamos el primer ensayo, que fue muy prometedor. Estoy contento por poder entrar a un nuevo universo musical para mí, que es el chamamé, un género que se ha desarrollado en el sur de Brasil a través de músicos como Yamandú Costa y muchos otros, pero que no llega tanto a Río de Janeiro (ciudad donde está radicado). Es muy rico e interesante; cada nuevo horizonte que puede virar en la música. Nos gusta tocar en un formato casi acústico, de una textura musical muy delicada, sin mucha amplificación.
¿Cómo surgió la posibilidad de este encuentro con Spasiuk?
Conocía su nombre, pero no conocía mucho de su música. Nos acercó un amigo en común, Fernando Cachak. Después comencé a rastrear sus discos en Internet y puede conocer el enfoque de su música sin todavía haberlo conocido personalmente.
Tiene una sofisticación en la manera de mirar la música que a la vez es una forma de atraer más público hacia la música popular. Yo creo que en su forma de acercamiento al folclore nos va a permitir en el escenario consumar una conversación multicultural.
En estos primeros cruces con Spasiuk, ¿qué lo sorprendió de él?
Primero, que es una persona muy amable y energética. Se dio una identificación muy fácil entre nosotros. Vine constantemente a la Argentina por trabajo junto a Caetano Veloso, Gilberto Gil, y ahora creo que puedo expandir mi público con el que aprecia la obra del Chango.
¿En que punto se siente ligado con Spasiuk?
De una forma muy general, por la sinceridad que encuentro en su música. Creo que hay una identificación muy grande con la postura y la forma en que encaramos la música y el arte. Hay una manera muy profunda y una voluntad de buscar la belleza simple. Los dos hacemos música instrumental y nuestro discurso musical es abstracto, a través de neutros instrumentos. Entonces, ese es otro gran punto de identificación.
¿Le ha sucedido anteriormente con otros músicos este vínculo tan fuerte que sintió con Chango?
Sí, sobre todo con Ryuichi Sakamoto, que me fue presentado por Caetano (Veloso). Él es un músico de otra cultura y en el cual también encontré una identificación muy grande a pesar de ser tan distintos.
A los 20 años dejó la facultad de Economía para un poco más tarde dedicarse a la música en un centro Académico en Estados Unidos. ¿Es estricto a la hora de respetar ciertas reglas?
No hay reglas para nosotros. La única regla es la del gusto estético y la procura de la belleza. Esa es la dirección que buscamos junto con Chango. Comencé estudiando música académica, pero para mí esa música es como un laboratorio de química. Las reglas las establezco yo, si no sería aburrido. La música sin algo de sorpresa es como que no tiene mucha gracia.
Su padre es director de orquesta y en algún momento le cuestionó que la improvisación no era música.
Sí, es cierto. Mi padre aún sigue dirigiendo a sus 82 años. Pero, con el pasar de los años, su hijo le mostró la belleza que existe en la creación espontánea. No es sencillo, porque es un arte muy grande. Hay que tener bastante conocimiento para hacerlo bien. Hay que estar al tanto de la estructura, de la función de cada nota. Es necesario conocer los estilos. Pero nadie puede improvisar sin el corazón.
Ha sido parte importante en la obra de autores y exponentes de la música de Brasil como Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, Gilberto Gil y Egberto Gismonti, entre otros. ¿De qué se nutre musicalmente Morelenbaum?
Es un espectro muy amplio. Sigo escuchando de todas las culturas, y sobre todo mucho jazz, clásica y brasileña. Hoy con Internet es mucho más fácil encontrar sonidos de otras culturas. Soy un habitué del Youtube, de toda riqueza que pueda aparecer. Por ejemplo, hay un músico argentino llamado Diego Schissi que me gustó mucho por su concepto a la hora de componer y por la textura de su música.
¿Cómo está y ve el panorama musical en Brasil?
No percibo ningún movimiento especial comparable al bossa nova o la tropicana. En mi caso sigo, escuchando a Caetano, Gil y Chico Buarque. De la nueva generación puedo citar al grupo Todo, de Río de Janeiro, Arnaldo Antunes... Después hay instrumentistas como Hamilton Holanda, que ha hecho un trabajo brillante de Jacobb do Bandolin.
¿Qué proyecto tiene después de esta gira por Argentina?
Ahora en abril vamos a grabar un nuevo disco con Cello Samba Trío, que es mi proyecto más importante. También fui invitado para hacer un cd con Omar Sosa -artista cubano- y para realizar arreglos para una formación de Hamburgo.
A sus ya casi 60 años (en mayo llegará a las seis décadas) sigue de gira permanentemente...
(Risas) Sí. Esa es la vida del artista. Como dice la música de Milton Nascimento: “el artista debe ir donde el público está”. En mi caso vivo viajando, buscado siempre nuevos horizontes. Hace apenas unos días estaba en Indonesia, tocando junto con mi mujer. Tuve un espacio especial en el festival International Java Jazz Festival donde ella fue invitada.
Ya suma más de dos mil conciertos. ¿Cuál de todos fue el más significativo?
Diría que los primeros que hice con Antonio Carlos Jobim, Caetano Veloso, Gilberto Gil.., fueron muy marcados en mi vida. Pero de todos modos me sucede como cuando le pregunta a los músicos de orquesta cuál ha sido la sinfonía de Brahms que más les gusta; ellos responden: “la última que toque”. Sin embargo, los últimos que hice están más palpables en mi memoria y la emoción es más reciente. Cada concierto es una historia y realidad inolvidable.
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