Una odisea, tras el robo de las cenizas de su padrastro
MARIEL RETEGUI
NEUQUÉN
Lorena Fernández no se imaginó que iba a pasar por semejante calvario cuando decidió traer desde Bahía Blanca a esta ciudad las cenizas del marido de su madre. Se detuvo con su familia a cenar en un local de comida rápida ubicado en San Martín y La Rioja y para cuando regresó a la camioneta se encontró con que estaba forzada y les faltaban sus pertenencias, entre ellas la urna con los restos de su padrastro.
Lorena junto con su familia vivió horas de angustia hasta que, luego de salir ayer por LU5 contando el robo que había sufrido la noche anterior, la llamaron desde el cementerio del barrio El Progreso para avisarle que desconocidos habían dejado una urna en el portón de acceso.
La mujer llegó el martes con su madre enferma, su marido y sus tres pequeñas para traerles las cenizas de Ricardo Oviedo, quien fuera su padrastro, a sus hijas que residen en esta capital.
“Nos detuvimos a cenar en un carrito y dejamos la camioneta estacionada, cerca de la esquina de San Martín y Rioja, donde estuvimos entre las 20 y las 22”, contó la mujer. Al salir notó que le habían robado la valija con las cenizas de su padrastro, camperas, teléfonos celulares, equipamiento médico y hasta mercadería que había traído la familia para afrontar el viaje.
Cuando los empleados del cementerio escucharon la denuncia, inmediatamente llamaron para dar la buena noticia.
“Fue un alivio, ya no sabíamos dónde buscar”, sostuvo Lorena.
Con otro semblante, la mujer dijo que iban a partir con la familia de su padrastro a Villa La Angostura, donde finalmente esparcirán sus cenizas.
“No nos quedó un contenedor de basura sin revisar en toda el área. Fueron horas terribles para nosotros, sobre todo para mi madre, que está con un delicado cuadro de salud”. Lorena Fernández Hijastra del difunto
Cementerio
Un lugar que no es muy seguro
El cementerio de El Progreso no se caracteriza por su seguridad. Si bien en este caso la mujer que dejó la urna ingresó por la puerta principal, muchas veces hay quienes saltan los muros para hacer rituales o despedir a los difuntos.
Empleados se enteraron por la radio y avisaron a la familia
NEUQUÉN
Menuda sorpresa se llevaron los empleados municipales cuando entraron a trabajar a las 7 de la mañana al cementerio del barrio El Progreso y encontraron una urna en el portón de ingreso.
“Según me dijo el policía que hace adicional en el cementerio, una mujer que vestía una pollera larga y capucha entró a la 1:30 de la madrugada y la dejó a metros del acceso”, relató José Vena, uno de los encargados. Dijo que la mujer en cuestión se marchó raudamente.
“Me dijeron que había una caja y que seguro era producto de alguna maldad: los martes y viernes suelen dejar copas, bebidas, comidas o animales muertos. Entonces lo destapé y eran cenizas”, contó José Ferradas, otro empleado.
Dejaron en un banco la urna de fibrofácil, que contenía en su interior una bolsa que indicaba como fecha de fallecimiento el 26 de febrero y el 4 de marzo como fecha de cremación. No bien escucharon la entrevista radial, se comunicaron con Lorena para que se acercara a constatar si se trataba de las cenizas de su familiar.
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