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La Mañana Hermanos

Una vida signada por el miedo: el relato de los hermanos del parricida

Los hermanos Matías y Diego Jara relataron los años de violencia sufridos en silencio, el miedo que marcaba la vida en el hogar.

Las declaraciones de Matías y Diego Jara, hijos de Orlando Jara y hermanos de Fernando, acusado por el crimen, dieron cuenta del miedo y la violencia ejercida por su padre a través de los años, que llegó a su punto cúlmine cuando su hermano mayor dijo basta, en enero de 2020, y mató y decapitó a su progenitor.

Los testimonios de los jóvenes eran de los más esperados en el juicio por el parricidio de Zapala, tanto como el de su madre, que marcó la primera jornada. Este jueves, los hermanos de Fernando, el acusado, tuvieron su turno en el estrado y enfrentaron las preguntas del fiscal Marcelo Jofré y los defensores Gustavo Lucero y Silvina Fernández Mendaña.

Tanto Matías como Diego indicaron que la violencia era recibida por todos los hermanos, aunque primero los golpes los recibía sólo Hilda, su madre, por quien solían "poner el cuerpo" con tal de que ella sufriera menos, sin enfrentarlo.

"Yo no entendía por qué a veces mamá gritaba tanto, hasta que nos empezó a pegar a nosotros y entendí la brutalidad. En varias ocasiones la vi orinarse encima de tantos golpes que le daba", confió Diego, de 23 años, efectivo policial hace un año, totalmente quebrado. Sin embargo, interceder no venía sin consecuencias: "Nos decía que éramos unos maleducados por meternos y nos pegaba más". El joven debió pausar su declaración en más de una ocasión, sobrepasado por la angustia.

Matías agregó que hasta solían ser obligados a pegarle ellos mismos a su mamá si intercedían en las golpizas de su padre y confió que solían irse a dormir temprano para evitar la constante ira de Orlando, a quien se limitó a llamar "Jara". Las amenazas de muerte también eran constantes, y los golpes podían estar acompañados de vasos, sillas y platos que el hombre les arrojaba.

Diego además confió que el dinero de su padre iba al alcohol y a las apuestas, y raramente a las necesidades familiares. "La plata que ganaba de su trabajo no la ponía en la casa, a lo sumo compraba carne. Casi toda la gastaba en el casino. Mi mama changueaba, limpiaba casas, planchaba ropa, y ahí ganaba para poder comprar las cosas de la casa y alimentarnos", recordó.

Esas apuestas, que muchas veces terminaban en pérdida, dio origen a uno de los episodios que quedó grabado a fuego en la memoria del joven. "Llegó a casa a la noche, muy enojado porque había perdido todo en el casino. Nos despertó a todos y le empezó a pegar a mi mamá. Lo intentamos calmar, él fue a buscar el rifle, lo cargó, nos apuntó a la cabeza, a mi mamá le pegó con la culata y a nosotros nos pateó en el piso. Dijo que nos iba a matar a todos y después se iba a matar él", contó.

Después de ese episodio, Diego "obligó" a Hilda a radicar una denuncia contra el violento. "Le dije que estaba cansado, pero ella no denunciaba porque la tenía amenazada de muerte. Si alguien se enteraba que él a nosotros nos pegaba, se iba a encargar de nosotros", expresó.

Fue luego de esa oportunidad que el entonces adolescente terminó en el hospital, superado por el estrés cotidiano, contó al personal médico lo que sucedía y les confió que se quería suicidar, lo que dio lugar a la exclusión del agresor, que no duró mucho.

La mañana del asesinato

Matías, de 21 años, fue quien presenció toda la secuencia del parricidio de Orlando, mientras que entonces, su hermano Diego se encontraba viviendo en Neuquén capital. Como ya se conoce, esa madrugada el hombre llegó exigiendo comida y subió las escaleras decidido a arremeter contra sus hijos, con un cuchillo en la cintura y otro en la mano.

Según relató el hermano menor, Fernando primero se defendió y le pegó a su padre con un bastón extensible que escondía bajo su cama, uno de los cuatro que había adquirido para cada hermano, para que pudieran defenderse de ser necesario. "Nos invitó a pelear afuera y dijo que si él moría, a alguno de los dos (Matías o Fernando) se iba a llevar con él", narró.

Esa agresión quedó registrada en una foto que el hombre se tomó con su celular y envió a un conocido y a su hijo Diego, quien relató: "Me mandó la foto y me preguntó si era un mal padre". El joven se limitó a cuestionarlo sobre la bronca hacia sus hijos, a lo que el violento le contestó con un audio, prometiendo "matar a todos", seguido de "pendejo de mierda, nos vemos en el infierno, besos en el ojete". Para cuando volvió a hablar con la familia, el hombre ya estaba muerto.

Matías reconstruyó que la llegada de la Policía interrumpió la violencia, aunque Orlando "se hizo la víctima" ante los efectivos, y a pesar de las súplicas, no lo detuvieron por no contar con una denuncia. Horas más tarde y aún bajo la amenaza de muerte, devino el horror de la mano de Fernando.

"No lo conocía, no era mi hermano, nunca lo vi así, siempre fue un chico muy tranquilo. Yo me quedé congelado, todo parecía irreal", sostuvo, y agregó: "Esa noche estábamos convencidos de que nos mataba".

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