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Vecinos de Sapere rescatan historias insólitas del barrio

Un grupo investigó los orígenes del barrio Sapere y encontró valiosas anécdotas: las extrañas casas circulares, el campeón de boxeo y la vivienda más antigua.

El barrio Sapere surgió como un caserío alejado de todo, a la vera del puente carretero. Se terminó de consolidar después de la gran inundación de 1958 y su pasado está repleto de personajes sorprendentes, como el arquitecto alemán que diseñó casas circulares para frenar el agua o el acordeonista que tocó sin parar durante 24 horas para juntar fondos para las Hermanas Teresianas.

Todas esas historias se conservaron gracias a la memoria colectiva de los pioneros. Se transmitían como relatos en los almuerzos familiares y pocos las conocían, hasta que un grupo de vecinos decidió recolectarlas y compartirlas con las nuevas generaciones. Tras dos años de investigación, volcaron las increíbles anécdotas en una revista de 24 páginas, que hoy circula por la ciudad.

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La investigación comenzó en 2017, cuando la comisión vecinal de Sapere quiso celebrar por primera vez el aniversario del barrio y cayó en la cuenta de que nadie sabía cuántos años tenía. Así iniciaron un camino hacia atrás, para averiguar cómo aquél caserío entre los médanos se convirtió en el hogar de casi tres mil neuquinos.

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“La idea es que los jóvenes conozcan la historia y honrar a la memoria de los que hicieron tanto por el barrio, porque tuvimos a un campeón argentino de boxeo amateur de los años ´70, Luis Rubilar, que peleó en el Luna Park”, recalcó Marcelino Lucumán, uno de los recopiladores.

Contó que, entre otras joyitas, rescataron una foto en la que el campeón mundial de boxeo Ringo Bonavena carga en brazos a Rubilar. “Apareció un día cuando estaba entrenando y fue como una broma, porque Luis era peso mosca y el otro, peso pesado”, precisó.

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Luana Almendra, otra de las autoras de la revista, comentó que descubrieron que el barrio fue una vez una pista de carreras. La crecida del Limay de 1958 arrasó con varias viviendas al sur de la ruta y el Municipio compró el terreno donde corrían los autos para trasladar a los damnificados.

Entonces, el arquitecto Aníbal Teodoro Müller diseñó unas extrañas viviendas tubulares, para que resistieran los embates de las crecidas. Pero sólo construyeron seis, porque los vecinos se negaban a mudarse tan lejos. “La gente las llamó las casas de montura y hoy todavía quedan un par, que están habitadas”, recalcó Luana.

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Otra anécdota propia del realismo mágico se remonta a la década del `80, cuando las Hermanas Teresianas reunían fondos para ampliar su salón. Los vecinos donaron ladrillos y un voluntario, de quien no trascendió el nombre, protagonizó la recordada “maratón del acordeón”, que consistió en tocar más de 24 horas sin detenerse para recaudar dinero.

También rescataron del olvido el gesto de Luis Cari, un vecino que prestó dos habitaciones de su casa en 1966 para que funcione la ex escuela 35, que aún no tenía edificio. Allí, 40 chicos de distintas edades aprendieron a leer y escribir.

Sapere alberga además la vivienda en pie más antigua de Neuquén. Se construyó en 1899 y se usó durante décadas como “la casa del guardapuentes”, la persona que cargaba las locomotoras con agua del río.

Elizabeth Vargas, presidenta de la vecinal de Sapere, señaló que la revista generó mucha alegría entre los pobladores más antiguos “y algunos mandaban a los nietos a buscarla para leer su historia”. Recordó que mucha gente trabajó duro por el barrio, “que antes quedaba lejos de todo y hoy es un lugar privilegiado gracias a ellos”.

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Como nadie sabía la fecha, la decidieron por votación

Después de investigar el pasado del barrio, los vecinalistas de Sapere siguen sin conocer el día exacto en que se mudaron allí los primeros pobladores. Ante la ausencia de registros históricos que den mayores certezas, la fecha de fundación del barrio se definió al azar y se ratificó con una votación en asamblea.

“El barrio no tenía su aniversario y, en 2017, organizamos una asamblea abierta, donde invitamos a los primeros pobladores y sus descendientes, para fijar una fecha al azar por acuerdo mutuo, porque no contábamos con ningún registro de la fundación”, recordó Luana Almendra, de la vecinal de Sapere.

Contó que la única referencia precisa es la gran inundación del 10 de agosto de 1958 “y sabemos por testimonios que, en ese momento, había familias que se encontraban viviendo ya a la vera del río, así que el barrio tiene que haber surgido antes”.

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Después de discutir las alternativas, los asistentes a la asamblea definieron que la fundación fue el 13 de abril de 1957. “Es una fecha al azar de acuerdo mutuo, estimativa pero aproximada”, recalcó Luana.

La votación se validó con un acta firmada por todos los presentes. Luego, llevaron la propuesta al Concejo Deliberante. Como no había argumentos que los contradigan, los ediles avalaron la decisión de los vecinos. Así fue que, en el otoño de 2017, las familias de Sapere hicieron su primera celebración de aniversario para festejar los 60 años del barrio.

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Hitos que dejaron una huella imborrable

- Las 33 hectáreas que vendió Aníbal: El barrio Sapere debe su nombre al ex presidente del Automóvil Club Argentino (ACA), que resignó 33 hectáreas de una prometedora pista de carreras para colaborar con la ciudad. Fue en 1958, tras la gran inundación, cuando el primer intendente de Neuquén, Víctor Aníbal García, le compró el predio al titular del ACA, Aníbal Sapere, para mudar allí a los damnificados.

- Un monolito por cruzar el río a caballo: El monolito de Sapere, símbolo del barrio, se levantó en 1947 en homenaje al general Ignacio Fotheringham, que cruzó a caballo el rio Neuquén medio siglo antes, en 1879. El militar formó parte de la llamada “Campaña del Desierto” y se aventuró a atravesar las frías aguas cuando nadie soñaba siquiera con el futuro puente carretero y la gran urbe que lo rodea.

- Los cuatro jóvenes desaparecidos: La gran herida abierta de Sapere son los cuatro jóvenes del barrio desaparecidos por la última dictadura militar. Hasta el día de hoy, nadie sabe qué hicieron con ellos. Se trata de Juan Raúl Pichulmán, José Francisco Pichulmán, Orlando Cancio y Javier Seminario Ramos, militantes políticos y estudiantiles secuestrados en operativos clandestinos, entre 1975 y 1977.

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