Es un tipo creyente el Pollo Vignolo. De mucha fe. Más aún después de que la vida lo puso a prueba y salieron adelante con su pareja. Varias veces al año, según el sitio Obra del Padre Mario Pantaleo, el rubio conductor acostumbra a visitar el Mausoleo junto a su esposa y sus hijos melllizos. Sin ir más lejos, en alguna ocasión el propio relator hizo alusión a eso al aire y en sus redes sociales.
Visita el Mausoleo de quien falleció hace 30 años, junto a su esposa Paula y sus hijos mellizos Paulina y Benjamín.
“El Padre Mario es alguien muy presente en nuestra vida diaria. Hace poco hasta me hice un tatuaje porque gracias a él pudimos ser padres. Es muy gracioso porque Paulina y Benjamín muchas veces dicen “¿vamos al Padre Mario?” Vienen contentos, ven las imágenes y lo reconocen, le dan un beso antes de acostarse… ¡Con Paula nos reímos porque decimos que lo único que todavía no logró el Padre Mario es que los chicos duerman!”, contó el relator tras una visita años atrás.
La promesa por la que comenzó a asistir más seguido tendría que ver con la lucha del Pollo y su mujer para ser padres tras un tratamiento especial: la fecundación in vitro hizo posible la pareja hoy tenga a Paulina y Benjamín.
Quién fue el padre Mario, futuro santo
Nacido en Pistoia (Italia), en 1915, Giuseppe Mario llegó a la Argentina con su familia y vivió algunos años en Córdoba. De regreso en Europa a los 17 años, el joven ingresó en el seminario Diocesano de Arezzo y continuó sus estudios en otras regiones italianas. Finalmente fue ordenado sacerdote en Matera, para luego oficiar su primera misa en Pomarico, donde estaba radicada su familia, en 1945.
En 1948 Pantaleo regresó definitivamente a Argentina, en primer lugar designado a la Iglesia de San Pedro, en Casilda, provincia de Santa Fe, luego a a la Parroquia Nuestra Señora de la Guardia de Rosario. Tras diez años de misión sacerdotal en Santa Fe, pidió su traslado a Buenos Aires, donde fue designado capellán del Hospital Ferroviario y del Hospital Santojanni, y la Parroquia del Pilar.
A fines de los años '60 se instaló en González Catán, en el conurbado bonaerense. Allí, junto a colaboradores y amigos, inició la construcción de una iglesia y una obra de ayuda social para la comunidad del barrio que en ese entonces se llamó la "Obra Cristo Caminante" para luego ser conocida como la "Obra del Padre Mario".
La parada definitiva del Padre Mario fue la localidad bonaerense de González Catán, donde comenzó a recibir a miles de fieles que, atraídos por prédica, buscaban alivio para sus enfermedades y carencias económicas. "Yo soy la guitarra; el guitarrero está arriba, y es Él quien verdaderamente hace todo", decía cada vez que lo elogiaban como un cura milagroso.
La fama del Padre Mario llegó a lo más alto de la sociedad argentina. El presidente Carlos Menem, a quien el Padre Mario ayudó con un problema en las cuerdas vocales, lo definió como "un santo" y dijo: "Yo se que cuando se habla de curaciones hay muchos que desconfían. Se habló mucho del Padre Mario y de sus curaciones. Quiero decirles que yo soy uno de los que recibieron su palabra y su curación".
El periodista, historiador y escritor Félix Luna contó sobre cuando lo conoció: "Apenas me miró me diagnosticó lo que yo tenía. Después fui al médico y me confirmó exactamente lo que el Padre Mario me había dicho". En tanto, su amigo, el humorista Jorge Ginzburg, relató: "El principal milagro del Padre Mario fue su obra para con los huérfanos y discapacitados. Ese tano tozudo y luchador era de los que pensamos que si podemos soñarlo, podemos hacerlo y lo hizo".
"Con un método muy simple, seguir la realidad, las construcciones, los proyectos, los servicios para la comunidad, crecían a un ritmo vertiginoso", recuerda la Obra Padre Mario. "Entre 1976 y 1992, se pusieron en marcha gran parte de los proyectos actuales. Jardín de Infantes, Escuela Primaria, Escuela Secundaria, Policonsultorio, la Escuela Laboral para personas con discapacidad, el Centro de Atención para Adultos Mayores y el Polideportivo".
El padre Mario Pantaleo murió el 19 de agosto de 1992, en la ciudad de Buenos Aires, Miles de personas acudieron a la capilla ardiente y acompañaron el cortejo a su primer destino en el Cementerio de la Recoleta. Al año siguiente, sus restos fueron trasladados a Obra de González Catán. La Capilla Cristo Caminante y el Mausoleo donde descansan sus restos, son visitados para pedir su intercesión, por innumerables personas de todo el país y de otros países.
El último milagro del Padre Mario fue en el Sanatorio de la Santísima Trinidad donde estaba internado por una deficiencia cardiaca. Allí conoció a la joven estadounidense Amanda “Mandy” Salas, de 16 años, que tras un grave accidente automovilístico quedó cuadripléjica, sin poder mover ninguna parte de su cuerpo y con respirador artificial.
"Cuando Mandy fue internada los estudios y las tomografías determinaron una lesión en la médula irreversible. No podría mover ningún miembro de su cuerpo. Cuando el Padre Mario se enteró le pidió a Perla (su secretaria y mano derecha en la Fundación) una foto de la chica y que gestionara para que retiraran el biombo y acercaran las camas", relató una enfermera de terapia intensiva.
"El biombo fue retirado, pero no se pudieron acercar pues los dos dependían de sus respiradores. Desde su cama el padre levantaba su mano que le temblaba, porque tenía que hacer mucha fuerza, y bendecía a Mandy. Era tan grande el esfuerzo de mover un poco su mano que teníamos miedo por su salud, ya que no podía más", continuó relatando.
"Poco antes de morir, le dijo a Perla en un susurro que él 'se iba a ir', pero que la chica 'se iba a quedar'; agregando que volvería a caminar en un año y medio o dos", finalizó en su relato. Trasladada a Estados Unidos, Mandy abandonó el respirador, y no solo pudo mover sus dedos, sino que logró pararse de su silla de ruedas.
En septiembre de 2020, la Congregación para las Causas de los Santos, con sede en el Vaticano, declaró el Níhil Óbstat, es decir que no encuentra obstáculos, para dar apertura a la Causa de Canonización del Siervo de Dios.
Con el apoyo y asistencia de la Obra del Padre Mario, la Asociación de Fieles ha realizado durante varios años, la investigación previa, recopilando más de 10 volúmenes de documentos y testimonios que ponen en evidencia su fama de santidad y demuestran que llevó una vida ejemplar, dedicada a Dios y de ayuda a la comunidad y que, por tanto, merece ser declarado Santo.
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