Vivir o sobrevivir a la pareja, esa es la cuestión

Las elecciones son decisivas y hay que estar atentos a los sentimientos diarios.

“No hay peor tormenta que la que te armás en tu cabeza”. El subtítulo del libro ¿Vives o sobrevives? es para enmarcarlo, sobre todo si querés evitar dolores de cabeza. La psicóloga Sònia Cervantes, que fue asesora en programas como “Hermano mayor” o “El campamento”, reflexiona, cuestiona y pone sobre la mesa en esta obra lo antiterapéutico que es “no sentirse bien”.

Su libro es una invitación a no acomodarse, porque no estar mal no significa estar bien. Asegura que ser críticos y proactivos nos proyecta hacia adelante, mientras que ser quejosos y pasivos nos estanca. Y anima a dejar de sobrevivir para empezar a vivir con alegría, ilusión, intensidad y valentía. Solos o acompañados...

Llevado este concepto a las relaciones de pareja, la psicóloga concluye que no resulta fácil explicar por qué funciona una pareja como tal, aunque sí se sabe por qué no funciona. “Cuando no hay aceptación del otro ni compromiso de cambio, la relación hace agua. La base está en que todos cometemos errores. Por eso, si nos elegimos, con nuestras caras y cruces, y estas generan discrepancias, debemos adquirir el compromiso de cambiar aquello que perjudique nuestro vínculo”, argumenta.

Cuando existe aceptación sin compromiso, hay es resignación. Y muchas parejas se mantienen por resignación o por interés (miedo a quedarse solos o porque no tienen nada mejor).

Para formar una pareja, primero debés quererte a vos mismo. Sin embargo, para construir un vínculo sólido hace falta mucho más. Como cualquier estructura que, por más bonita y moderna que sea, si no tiene pilares firmes, se derrumbará inexorablemente. Según la psicóloga, una buena elección ahorra el 80% de los problemas. Sin embargo, admite que en el momento del enamoramiento se produce una especie de reacción neuroquímica que hace que estemos medio drogados. Por eso, aunque suene curioso, es más importante elegir con la cabeza que con el corazón. “Esto se logra con autoconocimiento: si sé quién soy, sé qué me conviene”, reflexiona la autora de ¿Vives o sobrevives? y agrega algo que suena perturbador: “Eso de ‘quien te quiere te hará llorar’ es mentira y nos sitúa en un terreno peligroso”. Tanto como radicarse en “ysilandia” y sus preguntas: ¿Y si me deja? ¿Y si me fue infiel? ¿Y si en realidad no me quiere? ¿Y si piensa en otra?

Con estas preguntas viajamos al futuro y agitamos un estado constante de culpa, tristeza o ansiedad. “Pensar en el día de mañana sólo está bien cuando se hace de una manera práctica y proyectándose en el futuro con ilusión y no como un acto neurótico, adelantando acontecimientos que me causan malestar y que no sólo no han ocurrido, sino que no tienen por qué ocurrir”, comenta la licenciada.

Evidentemente, es mucho más sencillo detectar las razones por las cuáles se sobrevive a la pareja. Quizá vivirla es no sentir alguna de estas cosas y entender que lo conocido no es necesariamente lo mejor, combatiendo la emoción más bloqueante que existe en el ser humano: el miedo.

Así somos

Conservadores con cerebro rebelde

La educación que hemos recibido, en su mayor parte conservadora, no entiende que nuestro cerebro es rebelde por naturaleza. “Si yo te digo que ni se te ocurra pensar en globos rojos, ¿en qué pensarías inmediatamente?”, reta la psicóloga. Así, a la hora de trasladar esto a la pareja, anima a dejar de sentirnos culpables para empezar a ser responsables y, por supuesto, a no dejar nunca de soñar. Y a ser siempre cuidadosos en la forma en que nos manejamos y nos dirigimos hacia nuestra pareja y, especialmente, en cómo nos expresamos (incluidos los silencios).

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