A don José un águila le presagió la muerte del hijo
POR GUILLERMO ELIA - [email protected]
Don José Aigo, papá de Cochele, dice antes de partir al cementerio que tiene otras cosas que hacer, pero en el fondo quiere mitigar un poco el dolor y la bronca. A él llegaron todos los presagios de muerte que le arrebataron al padre, al hijo y al nieto.
“Estas aves son exactas, nunca fallan”, advierte José sobre un águila de pecho blanco (“ñamku” en mapuche) y un lechuzón de campo (“nuco”) que le anunciaron las desgraciadas pérdidas.
El hombre criado en el campo nos explica que se trata de antiguas creencias mapuches. “Cuando a uno le va a pasar una desgracia, el ñamku te da la espalda. Lo usábamos más que nada para cuando teníamos que buscar algún animal, nos guiábamos por el águila. Para el lado donde estaba dando el pecho, íbamos para allá y lo encontrábamos, lo mismo cuando le va a pasar algo a la familia”, detalla el hombre.
El aviso del águila
El anuncio del crimen de Cochele le llegó unos días antes, estima que fueron unos cuatro días antes. “En un poste frente a la casa se paraba un águila que estaba triste y nos daba la espalda. Para donde uno iba, el águila te daba la espalda. Esto se lo conté a Clarisa (la esposa) y ella también la vio de espalda cuando se iba al trabajo”, recuerda José, que a los pocos días se enteró del asesinato a quemarropa de su hijo.
Lo mismo le ocurrió cuando, tiempo después, un nuco se acercó a la casa. “Cuando viene es porque va a haber un cadáver, y a los seis meses falleció mi nietito. Cuando murió mi padre, también: salgo de la cocina de la casa vieja y de pronto me gritó, y a los dos meses murió mi padre de un infarto”, relata don José, quien cuando mataron a Cochele se sumió en una profunda depresión de la cual le ha costado salir.
Don José está asqueado del sistema porque nadie le dio una respuesta. “Nosotros seguimos remal. La Justicia se rió de nuestra familia (dice por la decisión judicial de absolver a Fernández). Lo único que hacen es venir a versearnos cada vez que es el aniversario de la muerte de nuestro hijo. Nosotros somos unos viejos ignorantes y pobres, porque si hubiésemos tenido plata para pagar un abogado particular a lo mejor otra sería la cosa. Yo les voy a creer cuando me digan ‘acá están los asesinos’ y les vea la cara”, concluye don José, e intenta con mucho esfuerzo reprimir las lágrimas, pero el sentimiento puede más y llora.
LEÉ MÁS
Te puede interesar...









