Andrea Frigerio: "Los prejuicios de los demás jamás me importaron"

A los 57, desde que llegó al cine, coprotagoniza dos de las películas más celebradas del año. Dice que esta experiencia es mucho más de lo que soñó.

Ex modelo, conductora, empresaria y actriz, así es como se la solía presentar. Ahora, los términos podrían invertirse e incluso hasta se podría prescindir del resto y decir “la actriz Andrea Frigerio”. Es que su lugar en la ficción creció tan rápido que todavía sorprende: empezó hace dos décadas con participaciones en televisión y tuvo algunos papeles más relevantes, pero nunca logró ser protagonista en la pantalla chica. Y de repente llegó el cine y algo pasó con ella: en los últimos tres años hizo seis películas y tres de ellas son hitos de los últimos años del cine nacional y multipremiadas en el exterior. El ciudadano ilustre -con Oscar Martínez y Dady Brieva- fue la primera que la puso en tapa, y ahora suma dos de las mejores películas del año: Mi obra maestra, con Guillermo Francella y Luis Brandoni, y Rojo, con Darío Grandinetti. “No me podía imaginar esto hace unos años y todo lo que trae el cine, esto de circular por el mundo y dar entrevistas a periodistas de otros países… No dejo de sorprenderme. No lo puedo creer, pero lo estoy disfrutando”, asegura.

Ahora en Rojo, la película de Benjamín Naishtat ganadora en San Sebastián y ovacionada, te tocó un personaje muy especial.

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Sí, una película muy especial y muy importante. Porque habla de la historia argentina, de un clima de época, que es un thriller pero que cuenta mucho de nosotros, que nos toca muy de cerca. Creo que retrata muy bien los 70 y que es muy interesante para quienes no lo vivieron. Y para los que lo vivimos: yo en el 75 tenía 14 años, me acuerdo perfectamente de ese clima que entonces me parecía normal, porque no tenía con qué comparar. Pero ahora me doy cuenta de que lo que vivíamos era muy opresivo.

¿Cómo es trabajar con Darío Grandinetti?

Divino, es un grandísimo actor. Y aprendí muchísimo trabajando con él.

¿Te sentís segura en el cine?

Es toda una responsabilidad siempre y cada vez que me llaman pregunto por qué pensaron en mí. Escucho sus razones y les digo: “Si en algún momento, cuando no sea muy tarde y no sea irreversible, creés que esto no es lo que vos soñaste, quiero que me lo hagas saber. Porque no quiero estar en una película cuando el director no está todo lo conforme que debería estar”.

Ah, ponés la vara muy alta...

Sí, y me encanta que así sea. Porque cuando el director me elige entiendo que está buscando una cosa, que ve algo en mí para eso, y yo quiero estar a la altura. No más o menos a la altura, quiero estar en el nivel que él busca.

¿Estuviste mucho tiempo esperando este momento?

Sí, mucho. Lo pedía a cámara: cada vez que alguien me preguntaba si tenía algún deseo o cuenta pendiente, yo lo decía con absoluta claridad: “Sí, quiero hacer cine”.

¿Y ahora entendés que llegó cuando estabas preparada?

Sí, yo creo que todo llega cuando uno está listo. Que seguramente no tenía las herramientas, no estaba madura profesionalmente ni había transitado todo este camino. Hoy tengo 57 años y eso es una experiencia: he acumulado muchas horas de muchas cosas. Y a lo mejor este era mi momento. Probablemente esto que yo siento que logro hoy, que es transmitir emociones a través de mi arte, no lo hubiera conseguido antes.

¿Tuviste que romper prejuicios por venir del modelaje?

Por mi forma de ser y por la educación que recibí en mi casa, en general no me hago cargo de los prejuicios ajenos. La mirada ajena no me afecta. Nunca me afectó, ni de chica. A mí me importa estar contenta yo con lo que a mí me pasa, con lo que hago y con lo que logro. Después, la mirada ajena en general no te digo que no me importa nada, pero me importa poco.

¿Cómo te ves cuando te ves en la pantalla?

Me encanta verme. Porque lo que veo no es a mí, sino al personaje. Cuando me vea a mí no sé si me va a gustar, porque será que no lo logré.

Ovacionaron Rojo de pie en San Sebastián. ¿Cómo se sintió eso?

Es algo que no deja de emocionarme y de generarme una cosa que no había sentido antes. Es impresionante. El cine tiene todo, todo lo que pasa alrededor, una magia única.

¿Te va a costar volver a hacer televisión?

Buena pregunta. Puede ser. Porque me están ofreciendo muchas cosas y estoy diciendo a todo que no. No sé bien por qué, pero puede ser lo que decís. Hice un capítulo de Rizhoma Hotel (Telefe) porque era un personaje trabajado con tratamiento de cine. Pero tengo miedo, no quiero para nada esta situación de la tira de: “Dale, dale, ponete ahí y hablá”. Ya hice mucho de todo eso. Y no es que quiera abandonar algo que también me dio satisfacciones, pero quiero vivir esto que estoy viviendo.

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