Por Sofía Sandoval - [email protected]
Habrá quienes lo consideren un loco. Por eso, ya antes de decidirse a hacer equilibrio por el mundo, Carlos Pomponio salió a recorrer el continente con ese nombre. “Los locos de la Fiorino” fue el apodo que usó para su primer viaje, cuando hizo una gira desde Neuquén hasta Playa del Carmen a bordo de un vehículo marca Fiat. Ahora, se juntó con otros atletas para visitar 22 países de América y difundir las disciplinas de slackline y highline.
El currículum de Carlos no puede esconder su gusto por la aventura y las actividades deportivas. Es guardavidas, rescatista de altamar, buzo profesional de 3ª categoría, guía de buceo deportivo e instructor internacional de salvamento acuático. También se autodefine como slackliner y highliner.
“Mi interés personal por estas disciplinas nació cuando volví de la primera gira con la Fiorino y tuve que quedarme un año en Neuquén”, detalló el atleta, que desde 2016 comenzó a practicar ambas actividades.
El slackline consiste en hacer equilibrio a través de una cinta que se tensa entre dos puntos fijos, y adopta el nombre de highline cuando la cinta se coloca a más de 25 metros de altura.
“El primer espacio nació como un grupo de amigos en 2014; de a poco fue llegando más información sobre cómo practicarlo y empezamos a colocar las cintas en Primeros Pinos para hacer highline”, dijo Pomponio, que desde el principio tenía en mente la idea de entrenarse en el deporte para poder viajar y difundirlo por el continente.
Con el tiempo, las prácticas se fortalecieron hasta crear la Asociación Neuquina de Slackline y el sueño de Carlos se hizo realidad: emprendió un viaje que lo llevó a México, con escalas en Chile, Perú y Panamá.
Carlos contó su historia desde Monterrey, ciudad mexicana a la que llegó para participar del Potrero Yo High de Potrero Chico, un evento dedicado exclusivamente a esta actividad de altura. Sin embargo, no soltó sus anclas en esa localidad sino en Playa del Carmen, el destino final de su última aventura y la ciudad en la que había dejado la ya mítica Fiorino. “Alquilamos una casa acá y empezamos a trabajar en los arreglos de la camioneta, para acondicionarla y bajar hacia el sur practicando el deporte”, señaló.
Unión latina
Los cinco deportistas planean hacer un viaje lento donde visiten tanto grandes ciudades como parajes remotos, con el slackline y el highline como único pasaporte. El objetivo final es borrar todas las diferencias. “Nos proponemos la unión de las comunidades latinas, desapareciendo las fronteras mentales y mostrando que, sin importar los colores de piel y territorios, todos somos iguales”, detallaron.
Así, al igual que tensan una cuerda entre dos puntos fijos para hacer equilibrio, Carlos y sus compañeros planean tender sogas entre los distintos países de América, en la creación de una red imaginaria que ellos llaman “la ruta del hihghline” y que une a los apasionados del deporte con los que recién descubren la actividad y que provienen de distintas geografías.
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