César Dell Ali: "La muerte de Manuel nos descolocó"
Por Julieta Contreras - [email protected]
Ese 2 de junio de 2011, cuando el médico Manuel Farías Rojas fue asesinado de un balazo en un centro de salud de Cutral Co al que tanto amor y esfuerzo había dedicado a atender, los empleados de la salud pública estaban en un momento complicado por la falta de insumos, de un salario que alcanzara para llegar a fin de mes y por las condiciones de trabajo.
El reclamo sigue vivo hoy y en muchas profesiones, pero ese día de marcha y asamblea definitivamente marcó la vida de profesionales y vecinos de Cutral Co. “Era un día de paro y estábamos reunidos en asamblea cuando nos enteramos. Fue conmocionante realmente, nadie esperaba que pasara algo así”, contó César Dell Ali a LM Neuquén, secretario general del Sindicato de Profesionales de la Salud Pública de Neuquén.
Había conocido a Farías ese año, unidos por el reclamo colectivo que con tanta convicción apoyaban. “Fue un año muy conflictivo y difícil respecto al sistema público de salud. Y el contacto con Manuel se hizo fluido a raíz de todo esto”.
Un profesional ejemplar
El crimen de Farías Rojas no sólo impactó por el quiebre que representó en la relación casi de privilegio que tenían médicos y docentes entre los delincuentes, eso que los hacía intocables por el simple hecho de estar sirviendo a la comunidad sin distinción ni prejuicios, sino también por cómo era Manuel como profesional y persona.
“Cuando se iniciaron las movilizaciones e incluso en el velorio, tuve la posibilidad de contactarme con muchos pacientes de ese barrio que conocían a Manuel y todos recalcaban la actitud de trabajo que tenía, de cariño, el intento constante de buscar solucionar los problemas de la gente. No era pensable que alguien así pudiese sufrir una acción de esta naturaleza. Nos descolocó, no terminaba de cerrar y no podíamos asumir lo que había sucedido”, relató el médico.
En ese sentido, Dell Ali señaló que el afecto que el pueblo tenía por el médico quedó explícito en la “impresionante” cantidad de gente que se acercó a pedir por el esclarecimiento de su asesinato y para acompañar a los profesionales de la salud que se manifestaban con fotos y pancartas por justicia: “Con todas las dificultades y las limitaciones que había, él le ponía todo el esfuerzo de los que pelean por el sistema público le han puesto a lo largo del tiempo. Él hacía su trabajo con la mayor dedicación”.
Con el miedo y la angustia como combustible, Dell Ali aseguró que la decisión de salir a las calles a reclamar justicia fue “espontánea e inmediata”. “Todos sabíamos que había que hacer algo, movilizarse, expresar todo el dolor y la bronca que generaba esto”, sostuvo y aseguró que no fue fácil retornar a las tareas después del crimen, que había dejado plantado temor en la mente de todos y del que nadie podía garantizar estar exento. La propia esposa de Farías, Amelia, no pudo continuar con su vocación a pesar del amor y la convicción que tenían ambos por lo que hacían.
El sobreseimiento de “Chucky” Barría por inimputabilidad y la posterior evasión de reclusión de “Carnaza” Molina dejaron un gusto amargo en los colegas: “Pudiera haber servido para cambiar algo, pero no se hizo nada y eso marcó una gran falencia del sistema”.
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