Condena histórica para dos sacerdotes por violar a niños sordos

Horacio Corbacho y Nicola Corradi fueron condenados a 45 y 42 años de prisión por sus abusos en el Instituto Próvolo.

En un juicio que marca precedente en el mundo, la justicia mendocina condenó a los sacerdotes Horacio Corbacho (59 años) y Nicola Corradi (83) a la pena de 45 y 42 años de prisión, respectivamente, y al jardinero Armando Gómez (49) a 18 años acusados por abusos sexuales y corrupción de menores a niños con hipoacusia en el Instituto Antonio Próvolo.

“Nos vamos con conformidad por el trabajo realizado y el reconociendo a la tarea del Ministerio Público, pero no es alegría porque en una sentencia se fijan los hechos, y esto es horrible. Muy feo que esto haya pasado en Mendoza”, expresó el jefe de fiscales contra Delitos de la Integridad Sexual, Alejandro Iturbide. Luego de tres años de investigación y casi otros tres de juicio oral, miembros del Fuero Penal Colegiado condenaron a los sacerdotes y al jardinero. Ninguno de los curas declaró ni una sola palabra durante el debate, y solo Gómez dijo una vez que se declaraba inocente.

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El querellante Sergio Salinas dijo que “aún aguardan respuestas por parte de la Iglesia que optó por la negativa de informar la investigación interna que ellos llevaron adelante amparados en un concordado de 1968 que les permite negar la información a las víctimas, a pesar de haber sido declarado inconstitucional”. Desde la Fiscalía se les requirió a Monseñor Alberto Bochatey, el enviado del Vaticano para investigar el accionar de los dos sacerdotes involucrados en los abusos sexuales del Próvolo, pero nunca emitieron respuesta. Sin embargo, el arzobispado de Mendoza se solidarizó con las víctimas.

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El fiscal Gustavo Stroppiana, quien encabezó la mayoría de la instrucción, había imputado a Corbacho por 16 hechos de abuso, de los cuales ocho son por abuso sexual agravado con acceso carnal (violaciones); y a Corradi y a Gomez por seis hechos de abuso sexual a cada uno. Otra de las acusaciones fue por corrupción de menores, ya que la acusación indica que las víctimas eran obligadas a ver videos y revistas pornográficas. Esta es la primera de tres causas que completan la de la monja Kosaka Kumiko, con prisión domiciliaria y acusada de haber participado en episodios de vejámenes y corrupción de menores hipoacúsicos.

La declaración de las víctimas

Los ex alumnos declararon a través de cámara Gesell -algunas grabadas y otras bajo la modalidad en vivo y en directo- con el acompañamiento del Equipo de Abordaje de Abuso Sexual (Edeaas). Las declaraciones brindadas por los diez denunciantes abarcaron desde insinuaciones, obligación de ver material pornográfico, tocamientos, violaciones y ataques grupales, además de encubrimientos de los vejámenes y todo tipo de maltratos sufridos durante años en el Instituto Próvolo de Mendoza.

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