La economía argentina creció diez puntos el año pasado. El correlato neuquino del despegue después del golpe de la cuarentena se lee sin complejidades en tres sectores clave para la economía provincial: el petróleo, la construcción y el turismo. El rebote llegó también al comercio. Con todo, la desocupación volvió a los niveles previos a la pandemia en la provincia, con el 5,9% de la población activa parada.
La foto que sacó el Indec en Neuquén y Plottier el último trimestre del año pasado es parte de una película con pasajes menos felices. Dato: el empleo regristrado del sector privado contiene a 4100 trabajadores menos de los que contenía en marzo de 2020, cuando irrumpió el COVID-19.
El capital salió de la pandemia mucho mejor parado que el trabajo, que se precarizó. Creció la informalidad.
En dos años, la población de Neuquén y Plottier creció en siete mil habitantes, con seis mil trabajadores más, según las consideraciones de la Encuesta Permanente de Hogares. A la par, crecieron los puestos de trabajo, pero también es mayor la precarización.
La economía provincial produce más hidrocarburos, construye más y vende más plazas turísticas que antes de la pandemia, pero tiene menos trabajadores registrados en el sector formal. La precarización ganaba terreno lentamente con anterioridad a la cuarentena dura del segundo trimestre del 2020, pero a la salida de las restricciones se profundizó. Los trabajadores formales perdieron contra la inflación los últimos seis años. Compran menos con el mismo trabajo. La derrota fue mayor para los trabajadores informales, que le escapan al desempleo pero no a la pobreza, y en muchos casos ni siquiera a la indigencia. Trabajar no es garantía contra la miseria.
El capital salió de la pandemia mucho mejor que el trabajo. Más rico.


