El marcha atrás de Lionel Messi, que amagó a dar el portazo en el Barcelona y se quedó finalmente en el club, dejó mucha tela para cortar. Algunos le reclaman que traicionó sus convicciones y que terminó cediendo contra su voluntad porque le faltó determinación. Y el que agregó leña al fuego fue el reconocido periodista Ernesto Cherquis Bialo, autor del libro "El Diego de la gente", quien recordó para Infobae cuando Diego Maradona, un líder nato, reaccionó de manera opuesta a Lio y se marchó del club culé en situación similar.
El periodista acudió para ello al capítulo del libro en el que el propio Maradona contó como fue su desvinculación polémica del blaugrana.
"Te lo juro, es muy difícil jugar en el Barcelona, los dirigentes son complicados y una gran parte de la prensa los apoya siempre. Mirá lo que me pasó a mí. Cuando yo había llegado en agosto de 1982 estaba el alemán Udo Lattek. Después, cuando a él lo despidieron gracias a Dios porque era imbancable y Núñez me sugirió el nombre de Menotti, yo le dije que sí, que era el más indicado. Pero que le quedara claro que él me había preguntado, no que yo se lo había sugerido. Y bueno, con él ganamos una Copa del Rey y una Copa de la Liga. Ese fue el mejor Barcelona que yo integré, táctica y técnicamente. Muy distinto al primero, muy distinto".
— …Con el Flaco Menotti al frente terminamos cuartos en la Liga; yo pude jugar los últimos siete partidos. Volví el 12 de marzo del ’83 contra el Betis justo el día que debutó él como entrenador. Empatamos 1 a 1 y yo me fui de la cancha con una calentura bárbara: me había ahogado, no acerté una y la gente se fastidió con nosotros. En la anteúltima fecha, le metí tres a Las Palmas pero ni siquiera eso me tranquilizó. Y encima mi enfrentamiento con José Luis Núñez llegó a su punto máximo: se venía la final de la Copa del Rey, yo tenía tantas ganas de ganarla como él, pero como siempre, Núñez (presidente del Barcelona desde 1978 hasta 2000, fallecido en el 2018 a los 87 años) iba más allá. Hizo ir a la práctica a Jordi Pujol (líder de la ideología nacionalista catalana) que era el presidente de la Generalidad de Cataluña para que me dijera, bien clarito: Muchacho, confiamos mucho en usted y lo necesitamos. Toda Cataluña estará pendiente de este partido, hay que ganarlo… ¡Hijo’e puta! Núñez, sabía que Schuster y yo teníamos una invitación de Paul Breitner (multicampeón con el Bayern Munich, campeón de Europa 72′ y campeón de los mundiales 74′ y 82′) para su partido despedida que era antes de la final por esa copa y no quería saber nada de dejarnos ir. Nos metía presión hasta con los políticos de la ciudad… “¡Si el Madrid no cede a Santillana, pues nosotros tampoco a ustedes!”, gritaba histérico. La hecatombe total llegó cuando me retuvo el pasaporte. Me llenaba de orgullo que el alemán Paul Breitner, el gran Paul Breitner (muy querido y respetado, de declarada ideología maoista) me hubiera invitado a mí, ¡a mí!, a su partido de despedida. Era una cosa que me quería ir, ¡ya!… Nos mandaba un avión privado a mí y a Schuster. Yo lo había llamado y le había dicho que sí, que iba a ir. Hasta que Schuster me pregunta con su tono alemanote: “¿Tienes-el-pasaporrrte?”. Y yo le contesto: “Sí, por supuesto, Jorge (a Cyterszpiller) andá a buscarlo”. Y entonces veo que al gordo se le transforma la cara, es que se lo había entregado al club para que lo tuvieran ellos por si había viajes por las copas europeas y esas cosas… ¡Lo quería matar! Ahí nomás tuve la sospecha de que Núñez no me la iba a hacer fácil, todo lo contrario. Me iba a romper los huevos. Era lunes, lo hice llamar por teléfono al club para que me mandaran el pasaporte y no, no lo mandaban. Otro día más y nada. Entonces fui y pedí hablar con Núñez. No está, me dijeron primero. Yo había visto el auto y al chofer. Ahora no lo puede atender, cambiaron enseguida de excusa. Vino otro dirigente que yo quería mucho, Nicolau Casaus, que había nacido en Mendoza (fue vicepresidente desde 1978 hasta 2003 y falleció el 8-8-2007), casi llorando: “No Dieguito, no te lo podemos dar, el presidente no quiere…”. Estábamos en la sala de trofeos, en el Camp Nou; entonces le dije: “¿Así que el presidente no quiere dar la cara? Yo voy a esperar cinco minutos… Si no me dan el pasaporte, todos estos trofeos que están acá, que son divinos, que son de cristal, los voy a tirar uno por uno”. Casaus me rogaba: “No, Dieguito, no podes hacer eso…”. Y el alemán Schuster se sumaba otra vez: “A-vi-sssa-me-qué-émpezamos.” Agarré un “Teresa Herrera” (tradicional copa anual que se disputa antes del comienzo de cada temporada) hermoso y lo interrogué por última vez a Casaus…
—¿No me da el pasaporte?
—No, el presidente dice que no…
—Está, se hace negar y no me da el pasaporte.
—No, ¡sólo dice que no puede dártelo!
Levanté lo más que pude el trofeo y lo tiré… ¡Puuummbbb!… Hizo un ruido… “Tú-éstas-loco”, me dijo Bernd Schuster. “Sí, estoy loco. Estoy loco porque no me pueden sacar el pasaporte… Y cuando pasen más segundos, más minutos, más trofeos voy a tirar”. La cosa es que me devolvieron el pasaporte… pero no nos dejaron ir al partido de Breitner. No sé qué carajo, pero había una cláusula de la Federación Española… Pero les rompí un Teresa Herrera y el pasaporte me lo dieron; era anticonstitucional que se quedaran con él.
— …La Copa del Rey la ganamos igual, aunque yo tenía una calentura que volaba contra Núñez: la final fue en Zaragoza, el 4 de junio del 83, contra el Real Madrid (2-1), dirigido por un grande, don Alfredo Di Stéfano…
— …La cosa era tirarnos con todo a la Liga 83/84. Y arrancamos perdiendo 3 a 1 contra el Sevilla el 4 de septiembre. Eso fue un mal presagio me parece. Pero enseguida empezamos a levantar: le ganamos al Osasuna, al Mallorca, y en la cuarta fecha tenía que venir al Camp Nou nada menos que el Athletic de Bilbao… Era el 24 de septiembre de 1983. Ese mismo día a la mañana me pasó una cosa increíble. Fui a un hospital para visitar a un pibito que estaba muy golpeado porque lo había atropellado un auto. ¡Tenía las piernas a la miseria, pobrecito! Cuando me vio, se le iluminó la carita; lo saludé, le di un beso y me apuré a irme, porque esa misma noche tenía que jugar el partido. Cuando ya estaba en la puerta, el nene desde la cama hizo un esfuerzo y me gritó: “Diego, ¡cuídate, por favor, que ahora van a por ti!”. Eso me dijo: ahora van a por ti. Cuando el vasco Andoni Goikoetxea me fracturó nosotros le íbamos ganando tres a cero al Athletic, ¡tres a cero! Yo pude ver la jugada dos días después por televisión. Estaba tirado en la cama del hospital en Barcelona y atiné a decir: “Goikoetxea sabe lo que hizo”. Yo no lo había visto venir en la cancha. Si no lo habría esquivado como tantas otras veces ante tantas otras patadas. Pero sentí el golpe, oí el ruido, era como el de una madera que se rompía y enseguida me di cuenta. Cuando se acercó Migueli y me preguntó qué me pasaba, cómo estaba, le dije, llorando: “Me rompió todo, me rompió todo…”.
— …Uno de los tantos encontronazos que tuve con Núñez fue porque no me dejaba hablar con la prensa. Sí, no me dejaba hablar con un periodista en especial, José María García que lo criticaba mucho a él. Yo igual hablaba, con García, con Pérez, con Magoya, yo hablaba para la gente… La cosa es que me llama un día y me dice: “Le prohíbo darle notas a García”. Yo le dije que no, que a mí no me prohibía nada, que mientras yo me entrenara y jugara, que para eso había firmado el contrato, él no me podía prohibir nada. Le dije que no me había comprado la vida. ¿¡Para qué!?: se puso como loco… Con esas cosas, yo ya sabía que era boleta. Núñez –bajo cuya presidencia el Barcelona logró 30 diferentes títulos– ya me había dicho que el que mandaba era él. “Está bien, me parece perfecto que mandes vos”, le contesté, pero a partir de ahí empezó una pelea muy fuerte a través de los diarios. Cuando jugábamos bien, no pasaba nada. Pero apenas empatábamos, ya empezaba con que cómo me había agarrado la hepatitis, que salía de noche, que andaba con mujeres, que esto, que lo otro. Todo gracias a una prensa controlada. Entonces un día corté por lo sano y le dije:
—¡Quiero que me venda!
—¡No!
—Entonces, ¡no juego más! Y salió lo del Napoli.
Maradona estuvo en el Barcelona entre 1982 y 1984. Diego sí pegó el portazo que no se animó a dar Lionel. ¿Hizo bien?
Te puede interesar...










