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Cuando la barra argentina le ganó a los hooligans ingleses una batalla descomunal

Hoy se cumplen 34 años de los goles de Diego a los ingleses pero también de un triste y recordado suceso que llenó de poder a los violentos argentinos. Banderas robadas y quemadas, emboscadas, sangre.

Detrás de la inolvidable batalla deportiva con los ingleses, aquel 21 de junio de 1986 hubo otro tipo de batalla, feroz, violenta, cuerpo a cuerpo entre la barra brava argentina y los temidos Hooligans. Y si en la cancha fue de la mano de Maradona, fuera de ella el "abuelo" José Barrita y cía se jactaron también de un triunfo épico pero al mismo tiempo repudiable desde el sentido común.

Gustavo Grabia, un periodista que se especializa en barras y que más de una vez colaboró desinteresadamente con LM Neuquén vertiendo sus valiosas opiniones sobre tema candentes, recordó en un artículo para Infobae el sangriento cruce entre dos de las bandas más peligrosas del mundo, con la pica histórica que hay de por medio.

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"Es la batalla más famosa que se haya dado entre violentos argentinos y europeos en un torneo ecuménico. Fue el día en que el mundo dejó de lado a los hooligans para tener el dudoso honor de conocer a los barrabravas. Porque México fue el Mundial de Diego, de Bilardo y también, tristemente, de los barras", fue la exquisita introducción del famoso periodista en su artículo.

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"Como en cada torneo, la Selección contaba con un grupo de apoyo del paravalanchas pago por los dirigentes deportivos, políticos y sindicales de turno. Para México se habían anotado 28 barras de Boca, liderados por José Barritta. A ellos se sumaron 12 de Estudiantes, siete de Chacarita, y otros tantos de Vélez, Talleres de Córdoba y Racing y hasta un grupito de Nueva Chicago, que decidió hacer un armisticio con el resto por los problemas que tenían en Buenos Aires y sumarse al barratour. Todos emprendieron a fines de mayo el viaje para llegar a destino tres días antes del debut contra Corea del Sur", agregó en su imperdible relato.

"Pero la jornada clave vendría más adelante, en ocasión de los cuartos de final. Porque a la Selección le tocaba Inglaterra. Era el primer enfrentamiento tras la Guerra de Malvinas. Y el país lo vivía absurdamente como si fuera la segunda parte de aquella batalla. Para los barras pelear contra los hooligans era inevitable y sabían que no sería censurado desde Buenos Aires. Todo lo contrario. Entonces se pertrecharon. Los hooligans venían precedidos por una fama de terror y habían hecho su base en Monterrey, a 1.000 kilómetros de la Capital Mexicana, donde habían destrozado varios locales y bares del centro tras empatar con Marruecos en la fase clasificatoria. Todos, de ambos bandos, estaban en un nivel de excitación importante. Por eso el choque se veía venir. Además de los barras, para la ocasión los argentinos habían sumado también un grupo de exiliados y cincuenta escoceses fundamentalmente del Celtic de Glasgow, prestos a dar una mano", amplió con los pormenores de un choque impresionante.

"El encuentro estaba pactado para el 22 de junio en el estadio Azteca. Los ingleses estaban en la ciudad desde varios días antes, puesto que habían jugado en el DF frente a Paraguay por los octavos de final. Y los argentinos empezaron a planear la emboscada. La inteligencia la hizo el grupo de escoceses para saber por dónde se movían sus pares del Reino Unido. Y cuál era el grupo que llevaba las banderas al estadio. Los exiliados, que conocían la capital como la palma de su mano, aportaron los detalles de cuál era el lugar exacto para poder arrinconarlos y, tras la sorpresa inicial, sacarles las banderas, que era el objetivo principal de la revuelta. Hubo una reunión de todos los barras y se convino que el ataque sería en el paseo de la Reforma, la vía principal de la ciudad, entre las avenidas Río Tiber y Florencia, justo donde hay una plaza que tiene el monumento a la Independencia, popularmente conocido como el Angel", agregó detalles inéditos.

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"Un grupo atacaría por la avenida cercándolos hacia la glorieta, y otro vendría de atrás y en esa encerrona, estaba la llave de la victoria. A la hora señalada, los argentinos se distribuyeron tal como se había planeado. Los hooligans del West Ham, Chelsea, Newcastle y Manchester United caminaban por Reforma con sus banderas, ya bastante alcoholizados y despreocupados. Apenas los vieron, los barras de Estudiantes, Central y Talleres empezaron a arriarlos hacia la plazoleta. Una vez allí, desde atrás, salio el resto del grupo, liderado por La Doce. La pelea duró largos 20 minutos hasta que, superados en número y rabia, los hooligans se dispersaron dejando atrás, en la huida, varias banderas de sus clubes y de la selección, que después, por TV para todo el mundo, la barra argentina liderada por El Abuelo las mostraría como señal de victoria".

“Es cierto que yo participé de la pelea con los hooligans. Todos me recuerdan lo mismo, pero yo no lo tengo en la memoria como algo épico. Existió el cruce, sí, porque estaba todo el tema de Malvinas en el medio y además de argentinos había escoceses. El mito dice que ganamos y si después las banderas estaban de nuestro lado, supongo que fue verdad”, contó en el libro Asalto al Mundial, Raúl Gámez, ex presidente de Vélez, que por entonces portaba el apodo de Pistola, era jefe de la barra del club de Liniers y fue parte de la batalla.

"Pasear la bandera inglesa por la tribuna (de hecho, hubo una que fue quemada ante las cámaras de la TV detrás del arco que defendía Pumpido, apenas comenzado el partido), fue lo primero que hicieron los integrantes de la barra argentina que, en el entretiempo, sintiéndose dueños de la situación, comenzaron a orinar hacia abajo, donde estaban los ingleses. Y cuando estos quisieron reaccionar, una vez más fueron superados. Y lo mismo ocurrió a la salida del Azteca bajo los puentes de la llamada Calzada de Tlalpan, avenida que conecta el centro histórico de Ciudad de México con la zona sur de la urbe. Allí algunos ingleses quisieron recuperar sus pertenencias y terminaron en el hospital. La barra argentina se había consagrado como la barra del Mundial. Un triste logro que en su momento fue festejado como un hito en el país sin entender que ese poder simbólico los haría crecer hasta límites insospechados convirtiéndose en lo que hoy son: la pandemia más corrosiva de nuestro fútbol", culminó la reconstrucción de los hechos, Grabia. Una anécdota Mundial.

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