José Luis Acuña se reinventó y sueña con los Juegos Olímpicos
La corta carrera deportiva del taekwondista José Luis Acuña está signada por grandes logros. Detrás de ellos hay un cúmulo de infortunios pasajeros que adquieren esa dimensión porque su capacidad de resiliencia, esa que transforma los tropiezos en oportunidades de reinventarse y volver sobre el objetivo con mayor convicción.
En un derrotero en donde las caídas no son fáciles de asimilar, estas finalmente parecen iluminar el camino y ser el sustento para hacer carne la remanida frase “lo mejor está por venir”. Como si necesitara de las adversidades para volver con más fuerza.
Así se ganó un lugar en el equipo olímpico en Buenos Aires 2018, cuando sin becas del Enard ni de la Secretaría de Deportes de la Nación y con la familia como principal sponsor -ya que estaba fuera de la delegación oficial- se costeó una gira europea para plantarse y dar batalla hasta convertirse en el mejor de ese recorrido internacional.
Con ese espíritu guerrero también se consagró ese año subcampeón Mundial Hammamet, Túnez, en la división -55 kilos y entonces las puertas, que antes se le cerraban, se abrieron de par en par.
“Las fichas estaban puestas en otros chicos. Con mi hermano habíamos quedado afuera de la gira. Mi papá nos ofreció comprar un auto o la gira. Mi hermano eligió el coche, yo le dije quiero ir a Europa a pelear el lugar. Es que era la única chance de clasificar a los Juegos Olímpicos. En el torneo de Holanda nadie sacó medalla y yo quedé séptimo entre sesenta; en Bélgica obtuve bronce y en España la medalla de oro. De pronto se me abrieron las puertas. Después vino el Mundial Juvenil al que fui sin experiencia y traje una medalla para el país (plata). Pude demostrar que podía llegar a los Juegos Olímpicos donde llegué hasta los cuartos de final y obtuve diploma (perdió la medalla por un punto en round de oro). Esto que cuento en dos minutos para mi fueron cuatro años duros de entrenamientos: ir, viajar, ganar, perder. Fue todo muy duro”, recordó.
Con esa tenacidad también peleó en una pierna, por una recuperación incompleta, en el Panamericano Junior de Colombia 2021 para llevarse la medalla de plata. “Solo podía usar la patada y el puño. Así ganamos las peleas y sufriendo después con los dolores de rodilla pero pudimos hacer podio”, repaso.
Y, con mayor sacrificio aún, afrontó la falta de motivación que lo llevó al año siguiente a dejar la alta competencia. A olvidarse por un año y medio de tirar patadas y a cambiar todo ese mundillo de duros entrenamientos y exigencias de viajes y competencias por la rutina de una persona normal con trabajo (fue repositor en el sector carnes de un hipermercado) y tiempo libre.
En ese lapso se dio el gusto de volver al fútbol (su otra pasión) y con la 9 de Independiente de Neuquén festejó varios goles en reserva, donde estuvo unos cuatro meses.
Más de un año y medio fuera del tatami estuvo José Luis. Pero un oportuno llamado para las fiestas del año pasado por parte de su ídolo, Sebastián Crismanich, dejó en claro que algo le estaba faltando a su vida. Eso le hizo cambiar de planes e intentar volver a meterse en la élite de su deporte.
Se puso a entrenar duro. Comprobó que la llama y el hambre de gloria seguía intacta y volvió a sentirse otra vez competitivo. Con este puñado de sensaciones participó de un campus en el Cenard y de la gira de la Selección por Costa Rica, México, en Las Vegas y fundamentalmente del Clasificatorio de San Pablo, Brasil donde fue a buscar su boleto al Mundial y a los Juegos Panamericanos. Y lo consiguió. Un doblete que le permite volver a soñar y proyectar sus sueños hacia los Juegos Olímpicos de París 2024.
En apenas dos meses, el joven de 20 años se volvió a mentalizar en la alta competencia y tomó la decisión de irse a Corrientes a entrenar con los hermanos Crismanich, que poseen un centro de alto rendimiento. Allí están Sebastián, campeón olímpico en Londres 2012, y Mauro, bronce en el Mundial de Copenhague 2009.
“El 2 de enero de este año le dije a mi papá que me iba a Corrientes. Yo sentía que el bichito estaba ahí. Veía que la Selección viajaba a competir y me decía: tengo que estar. Y bueno, hable con Sebastián que fue siempre mi ídolo. Fue una charla más bien corta. Él tenía intención de que volviera a la Selección. Me dijo: no puedo permitir que no intentes volver y el día de mañana te lo preguntes. Eso sumado a que yo tenía ganas de hacerlo hizo que tomara la decisión”, contó.
“En este año y medio no había hecho nada de taekwondo. Ni siquiera había tirado una patada. Cuando hablé con Sebastián que está en la parte administrativa y Mauro más metido en los entrenamientos, comprobé que estoy en el mejor lugar de Argentina para entrenar. Tengo todo lo que necesito, un gran equipo con médicos, nutricionistas y además la experiencia de ellos”, describió.
El neuquino demostró que está en un nivel superlativo. “Es el Messi del taekwondo”, dijo Eduardo Toro, presidente de la Federación Neuquina de Taekwondo Olímpico “y lo tenemos acá”, remarcó. Porque más allá de que ahora está entrenando en Corrientes, seguirá representando a Neuquén.
“Le gané al campeón nacional y viajé al Panamericano clasificatorio, un torneo muy difícil. En esa categoría de los top 5 del mundo tres son de América y hacía como veinte años que Argentina no se clasificaba en esa categoría para un panamericano y esto es gracias a que se hizo un trabajo muy fino y que logramos en dos meses y medio”, afirmó.
Acuña se clasificó en menos de 68 kilos para competir en el Mundial de Bakú, Azerbaiyán, entre el 29 de mayo y el 4 de junio y los Juegos Panamericanos de Santiago de Chile, que tendrán lugar desde el 20 de octubre en el país trasandino.
“Volví a encontrarme con los sentimientos de estar representando al país. En la gira de Las Vegas perdí por puntos con un español campeón del mundo. Después fuimos al clasificatorio donde clasifican los diez mejores de América. Después de entrenar dos meses la verdad que es muy bueno y tengo una felicidad muy grande, pero todavía queda mucho por delante porque el talento no sirve sin trabajo”, aseguró.
Y esto es precisamente lo que intentará este sábado transmitir en una clínica que dará en la Ciudad Deportiva el próximo sábado a las 15.
“Un poco me inspiró a hacer esto Sebastián, que en una visita cuando vino a Neuquén preguntó quién quería pelear y yo levanté la mano. Creo que el futuro es de los chicos, así que un poco quiero replicar esto que viví en algún momento con Seba, que es mi ídolo. Quiero contar mi experiencia. Lo importante que es el apoyo de la familia. Habar sobre la ambición y disciplina que hay que tener para entrenar, estar siempre temprano, saber lo que está mal, no ir de fiestas -porque al otro día tenés que entrenar-, estar concentrado siempre, ser humilde, no olvidarte nunca de dónde venís y sostener los valores que te formaron. Eso tiene que estar presente siempre”, señaló.
“Estoy muy feliz de volver a competir, de haber logrado todo esto, pero también soy consciente de que aún no he logrado nada porque mi sueño es ser campeón olímpico en París”, finalizó Acuña, el pibe que a los 20 años ya vivió de todo.
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