"Gran capitán". Así lo tiene agendado aún hoy el grupo de aquel equipazo de Don Bosco donde brillaba Marcos Javier Acuña. Juanma Domínguez es pasado y presente del popular Barrio, un verdadero emblema. Es que en la actualidad sigue jugando en la gloriosa entidad zapalina que vio nacer al jugador que más trascendió en la historia de la provincia. Algunos llegan y otros no, así es el fútbol, pero lo importante es intentarlo.
Y al referente lo une un fuerte vínculo con el neuquino más famoso, que tiempo atrás hizo de nexo para su llegada como preparador físico a Ferro.
La cancha ya no es de tierra sino que luce impecable y radiante el verde sintético. Y afloran los recuerdos en la charla con LM Neuquén en el círculo central del campo de juego donde el Huevo, que este domingo disputará la final del mundo, ensayó sus primeros firuletes y pasaba al ataque como una tromba por toda la banda izquierda.
"Muchos recuerdos, el piso no es el mismo que en esa época, muchas emociones. Lo que está viviendo Marcos es muy fuerte para nosotros. Compartimos desde chicos mucho vestuario, mucha cancha, desearle lo mejor. Recordando los buenos momentos que hemos vivido", señala el marcador central.
"¿Si imaginé que podía llegar tan lejos? Honestamente, siendo del interior es difícil, más en esa época que no había tanto captador en esta zona, tampoco estaban las redes sociales. Las condiciones la tenía, de menor a mayor, fue creciendo. No pensamos tanto pero se lo merece por el esfuerzo, el compromiso y la responsabilidad", agrega el a la vez Profe.
Que luego, sobre su destino paralelo, en ese juego de las historias cruzadas pero a la vez emparentadas, admite: "Mi idea era ser jugador profesional también, no se dio, pero quise seguir ligado al fútbol del alto nivel. En Ferro, Marcos es muy ídolo y me abrió puertas para ser partícipe de esa entidad donde se inició en el fútbol grande para estar en formativas. Siempre agradecido a él y su familia, me permitieron compartir otra vivencia que acá no se puede desarrollar", resalta mientras el calor no da tregua en la siesta zapalina.
Con la camiseta del Barrio puesta, desempolva una risueña anécdota: "El Huevo venía en moto, siempre me invitaba para llevarme tras la práctica... Yo se la rechazaba, el día que la acepté resulta que no arrancaba la moto, así que ligó alguna puteada mía. Claro, él se quedó en lo de la abuela acá a la vuelta, yo me tuve que cruzar todo Zapala caminando", recuerda y desata las carcajadas de sus interlocutores.
"¿Cómo lo veo en la final? Fe le tengo tanto a él como al grupo y son emociones fuertes. Quiero que la selección gane, con el condimento de que está un amigo, no sé si se va a repetir algo así con un jugador de Neuquén juegue una final del Mundo. Nos cumple el sueño a todos".
Te puede interesar...









