Fue en junio de 2001, en el partido de vuelta de semifinales. Misma instancia que se definirá el próximo jueves en Brasil entre los mismos clubes.
Juan Román Riquelme y el fútbol en su máxima expresión. El 13 de junio de 2001 se disputó el partido de vuelta de las semifinales de la Copa Libertadores entre Palmeiras y Boca. Habían empatado 2 a 2 en La Bombonera en el comienzo de la serie, resultado que se repitió en Brasil y por eso la llave se resolvió por penales.
Pero más allá de que el xeneize confirmó su condición dominante en la historia dejando afuera al "Verdao", ese encuentro quedó en la memoria por la fantástica actuación de Román en el estadio Palestra Italia, más conocido como "Parque Antártica" de San Pablo,
Boca había perdido buena parte de las individualidades con las que se había consagrado campeón de todo el año anterior: Libertadores, Intercontinental ante Real Madrid y torneo doméstico. La influencia de Riquelme en el equipo era total. Carlos Bianchi armó un mediocampo batallador con Gustavo "El Chavo" Pinto, Mauricio "Chicho" Serna y Cristian Traverso.
Entre lesiones y ausencias, el equipo argentino jugó ese partido sin delanteros naturales. El "Chueco" Walter Gaitán y "El Chaco" Cristian Giménez acompañaron al "10" en la ofensiva.
Lejos de especular, Boca protagonizó el partido desde el comienzo con la pelota debajo de la suela de Riquelme.
Román estaba a once días de cumplir 23 años, estaba muy ágil, fuerte y en franco crecimiento. Los frenos, enganches y pisadas fueron indescifrables para los volantes Galeano y Lopes y los defensores Alexandre, Leonardo Devanir y Magrao. Las patadas volaban para todos lados, pero el "10" de Boca esquivó las que pudo con su viveza y aguantó los golpes con una entereza admirable. Hay infracciones que en estos tiempos serían para expulsión, pero Román siguió como si nada.
A tal punto, que participó en el primer gol de Gaitán antes de cumplirse los dos minutos y sobre los 16' trasladó desde su propio campo, dejó en ridículo dos veces al mismo rival y con un derechazo cruzado y rasante venció al arquero Marcos, que al año siguiente sería campeón del mundo en Corea-Japón con Brasil.
El descuento de Fabio Junior antes del final del primer tiempo devolvió a Palmeiras al partido. De todas formas, lo de Román fue memorable, generando faltas, haciendo correr la pelota, asociándose con sus compañeros y preocupando siempre al rival. Eran otros tiempos de la Copa Libertadores y el árbitro Oscar Julián Ruiz evitó sacar varias tarjetas a los locales que incluso con juego brusco no le podían sacar la pelota.
Marcos le negó el tercero a Riquelme en un tiro libre que iba al ángulo y el Xeneize no pudo liquidar la serie, hasta que a los 21' del complemento, un gol de Jorge Bermúdez en contra determinó la igualdad 2 a 2.
Es notable observar en el resumen del encuentro, como en todo momento los compañeros buscaban al "10" para que él decidiera el destino de la jugada, incluso cuando estaba presionado por uno o dos rivales.
El marcador no se modificó y en los penales la figura de Óscar Córdoba apareció nuevamente para meter a Boca en la final. Ah, en la definición desde los doce pasos, Riquelme anotó su disparo con un derechazo cruzado al ángulo.
Por estos tiempos, Juan Román es vicepresidente del club de sus amores. Lidera el Consejo de Fútbol que maneja la parte deportiva de la disciplina más importante de la institución. Este jueves a las 21:30, en el Allianz Parque, Boca buscará otra final de Libertadores en el partido de vuelta contra Palmeiras y sus hinchas quieren que el resultado se repita como en la final del 2000, la semis del 2001 y la de 2018.
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