Es fanático de Cipo y convirtió una vieja pasión en un emprendimiento. StandArte, recupera el tradicional intercambio de banderines.
Hay rituales que parecen pequeños, pero que cuentan una historia enorme. El intercambio de banderines es uno de ellos. Dos capitanes, dos escudos, dos instituciones y un pedacito de tela que queda como recuerdo de un partido, de una cancha y de una época. Para Mauro Guerrero, ese momento siempre tuvo algo especial y hoy encontró en el fútbol una manera de recuperar aquella tradición.
De chico, cuando miraba los partidos con la ilusión de ser él quien estuviera dentro de la cancha, había algo que lo atrapaba especialmente. No eran solamente la pelota, los goles o los jugadores. También había un instante previo al comienzo, durante el saludo y el sorteo, cuando los protagonistas se encontraban para intercambiar los banderines.
Con los años, aquella imagen quedó guardada en su memoria, hasta que la vida lo llevó nuevamente hacia ella. “Me agarra en un proceso bastante introspectivo, en reencontrarme de vuelta conmigo mismo. Después de mis 20 fueron bastante perdidas, no encontraba mi identidad y el banderín y el fútbol me devuelve a mi niño de 4 o 5 años que iba con mi viejo a la cancha”, repasó en diálogo con LM Neuquén.
El fútbol también le permitió reencontrarse con una pasión que nunca había desaparecido: la que siente por Cipolletti, el club de su ciudad. “Me une de vuelta a esa pasión con Cipolletti que nunca la perdí y también me trae un poco la nostalgia de ver las canchas tan vacías y el poco sentido en pertenencia con el club de la ciudad”, aseguró.
Esa inquietud terminó transformándose en un proyecto. “Al ver que estos rituales como el intercambio de banderines ya no se hacían en el fútbol del Federal, por lo menos que Cipo no lo hacía y ningún equipo traía banderín, me empezó a movilizar hace como 4 o 5 años más o menos, hasta que el año pasado después de leer un libro que se llama El Camino del Artista, me animó a emprender, a jugar un poco con mi vida”, recordó.
Así nació StandArte, un emprendimiento que busca recuperar el intercambio de banderines y que, con el tiempo, comenzó a hacerse un lugar en el fútbol regional. “Salió este emprendimiento, de intentar devolverle a Cipo desde el banderín un poco de identidad y sentido de pertenencia. Así surgió estandarte el nombre un poco también va por los estandartes de los banderines y también porque lo veo algo como un espacio para que cada gente que pase por por el emprendimiento desarrolle un poco su creatividad, su arte y lo exponga ahí”, sostuvo.
El primer banderín, con Cipo en el corazón
El proyecto comenzó de manera artesanal y con Cipolletti como punto de partida. Mauro tenía la idea, pero todavía debía encontrar la forma de concretarla. En ese camino aparecieron personas que compartieron su entusiasmo.
“Tengo una chica que cose, que ama coser y se ha sumado al proyecto, Leo que diseña hace poquito también, su arte está expresado en los banderines. De a poco fue tomando forma, pero la misión principal es devolverle al fútbol el intercambio de banderines”, insistió.
El primer gran desafío fue nada menos que acompañar a Cipolletti en el Federal A. “Arranque con Cipo el torneo del año pasado, con el Chango (Cravero). Arme un prototipo, se lo mostré a Marce (Bastías), me dio el ok y empezamos a perfeccionar partido a partido, banderín a banderín. Era algo que no tenía ni idea cómo hacer”, contó.
El aprendizaje fue parte fundamental del proceso. “Así fue como arranqué, los primeros diseños, las primeras impresiones las hacía en una imprenta. Venía a casa, las sublimaba con las sublimadora que teníamos guardada y después aprendí a coser con la máquina de mi vieja”, afirmó.
Su madre también tuvo un papel importante. “Mi vieja me enseñó a coser y de a poquito fui perfeccionando, dicen que la continuidad de las acciones es la que genera un poco la perfección, y así fue con los banderines también. De a poco los fui desparramando en el torneo Don Pedro, empecé a entregar con mi equipo donde jugaba, Unidos, que es mi equipo de escuelita de fútbol de chico que juega ahí”, comentó.
Del Federal A al Regional Amateur
Lo que comenzó alrededor de Cipolletti rápidamente empezó a expandirse por la región. “Empecé a entregar banderines de mi equipo y a los equipos que iban recibiendo les empezó a gustar la iniciativa y me empezaron a escribir. Así se fue corriendo la bola, llegué a la Confluencia, después al Regional Amateur con La Amistad”, contó.
Las redes sociales también ayudaron a que la propuesta ganara visibilidad. “Algún que otro video empezó a circular por las redes y me dio un poco más de visibilidad y de a poquito me fui metiendo. A cada club que iba Les llevaba un banderín de regalo, por ejemplo viajaba con La Amistad a San Patricio y llevaba un banderín para San Patricio, para que entreguen el partido y el otro era un regalo a la institución de recuerdo también”, explicó.
La propuesta era simple, pero tenía detrás un objetivo mucho más profundo: recuperar la identidad y el sentido de pertenencia de los clubes.
Mingot, Lifune y un banderín con 220 historias
Las vueltas del fútbol llevaron a Mauro hasta Zapala, donde acompañó una final de la Copa Neuquén. Allí apareció otro nombre importante en el crecimiento de su proyecto: Néstor Mingot, presidente de Lifune.
“Se me fueron abriendo puertas en cada institución, donde iba hacía la misma dinámica. Algunos empatizaban con el proyecto, otros no y de repente llegué a Lifune, a la final en Zapala. Me pegué un viajecito hasta allá, para acompañar a San Patricio que jugaba contra Maronese, la final de la Copa Neuquén”, recordó.
A partir de ese encuentro surgió una nueva posibilidad. Con Neuquén como sede del lanzamiento del Regional Amateur 2026, apareció el desafío de realizar un banderín especial para la ceremonia.
“En conjunto surgió la idea de por qué no entregar un banderín en el acto de ceremonia de inauguración. Están todos acostumbrados a entregar plaquetas y creo que generó bastante impacto el banderín porque es un artículo que está pasado de moda, que no se vuelve a usar, no se ve mucho en las categorías de ascenso”, analizó.
Mauro y su equipo diseñaron entonces una pieza que reunió los 220 escudos de los clubes participantes del certamen. El resultado fue mucho más que un simple banderín: una representación del fútbol federal y de todas las instituciones que forman parte de la competencia.
Cada banderín tiene una historia
Para Mauro, cada pieza debe contar algo más que llevar un escudo estampado sobre una tela. Por eso, el proyecto fue incorporando información histórica de cada institución.
“Últimamente surgió la idea esta de agregarle un poco de historia, agregarle un poco más de pertenencia a cada banderín y con los diseños que venimos haciendo ha impactado eso creo en la gente y cada uno quiere contar su historia en cada banderín y es donde los clubes están muy entusiasmados en el día, en querer participar también de esta movida”, manifestó.
El trabajo requiere tiempo y atención a cada detalle. “El proceso lleva de una semana a 10 días, entre que nos ponemos bien de acuerdo con cada club. Estamos implementando la parte de agregarle valor al banderín, no solamente que sea un objeto, de agregarle la parte histórica, que es, creo yo, lo que le puedo aportar un poco de valor a este pedazo de tela”, contó.
“Pedimos que nos cuenten un poco de su historia, que nos envíen información o qué quieren contar en el banderín, le pasó la idea al diseñador y en conjunto armamos algo para para que los pueda representar”, agregó.
El centenario de Cipo y sus banderines
El vínculo con Cipolletti continúa siendo uno de los motores principales de StandArte y este año tiene un significado especial por el centenario de la institución.
“Ahora en el centenario, hacemos un banderín distinto por cada fecha, lo hacemos así por amor al club porque así nació el emprendimiento. A los clubes les ofrezco esto contar un poco de historia en sus banderines para fomentar el sentido de pertenencia para que los distribuyan en sus cantinas en sus tiendas de merchandising”, sostuvo.
El Regional abrió otra puerta
El lanzamiento del Regional Amateur 2026 significó otro punto de inflexión para el emprendimiento. “Al amateurismo, en el Federal Amateur y el Federal A le hace falta es un poco recuperar el sentido de pertenencia en cada institución. Hasta la fecha tenía solamente a Río Grande, San Patricio y La Amistad en el Regional asegurados”, afirmó.
Después de aquella jornada, comenzaron a llegar contactos desde distintos puntos del país. “Después de ese día me contactó gente de la Liga Avellaneda, de la liga de Río Colorado, Argentino de 25 de mayo, Atlético Regina, Alianza de Cutral Có. Me escribieron también de Pergamino de La Rioja, de la página del torneo regional amateur también”, comentó.
Así, el banderín empezó a transformarse en un puente entre instituciones de diferentes regiones y la propuesta comenzó a trascender las fronteras de Neuquén y el Alto Valle.
Aquella escena que quedó grabada para siempre
Hay un recuerdo que permite entender por qué Mauro decidió emprender este camino. “De chico siempre me interesó ver ese momento, no sé qué me causaba ver a Maradona, Chillavert a tantos capitanes en ese momento. Siempre fui fanático del futbol, siempre viví mi vida alrededor de la pelota”, resumió.
Detrás del proyecto también aparece un viejo sueño personal: continuar ligado al deporte que marcó su vida. “¿Y por qué no vivir del futbol hoy en día? Una de mis misiones es soltar mi laburo, poder acomodarme, poder recorrer el mundo del futbol, respirarlo. Un poco calmar la frustración de ese futbolista que no llegó a ser”, dijo a corazón abierto.
StandArte también empezó a proyectarse más allá del fútbol regional. “Por qué no llegar con un banderín a un mundial. Hubo una charla muy rica con la delegada del femenino, lo valoró mucho, le gustó mucho. Me tocó llegar temprano con los cuadros y quedamos en contacto. Quizá sea primero acompañar al femenino y después llegar a la selección mayor”, apuntó.
Mauro todavía no sabe hasta dónde podrá llegar el emprendimiento. Lo que sí tiene claro es que quiere seguir avanzando detrás de una pasión que lo acompaña desde chico.
“Hay que soñar en grande dicen, total no cuesta nada”, concluyó.
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