Dieron el sí entre el viento y la nieve en la cima del volcán Lanín

Una pareja de San Martín quiso la ceremonia más singular y se casó a 3776 metros de altura.

Neuquén.- Dieron el sí de la manera menos pensada: con 11 grados bajo cero y un viento que quemaba la cara. Adolfo Gatica y Susana Gómez se casaron el sábado en la cumbre del volcán Lanín, a 3776 metros de altura. La pareja recibió la bendición de un pastor de la Iglesia Cristiana Evangélica Bautista de San Martín de los Andes, que también se sumó a la aventura.

Fueron 13 horas en las que los novios, el pastor, dos fotógrafos y los invitados fueron ascendiendo pacientemente hasta llegar a la cima del macizo, sin más compañía que el entusiasmo y la inmensidad del paisaje.

Exhaustos pero felices, comenzaron los preparativos bajo el sol del mediodía. La novia se puso su vestido blanco. No se preocupó demasiado por el peinado ni el maquillaje porque el viento era realmente insoportable. Sí se encargó de ajustarse un par de antiparras para evitar que las inminentes lágrimas le pudieran jugar una mala pasada. El novio y el pastor hicieron lo mismo con sus impecables trajes.

11 personas participaron del ascenso al volcán para asistir a la boda.

En cualquier iglesia, las ceremonias siempre comienzan con el ingreso de los novios a través del atrio, pero en esta oportunidad fue distinto. Ambos desfilaron por una pasarela que se hizo con bastones de andinismo, mientras los presentes coreaban la marcha nupcial de Mendelssohn, a capela.

Cumplido el ingreso formal de la pareja, el pastor Guillermo Pérez, de gorro rojo y guantes abrigados, compartió una reflexión para los novios sobre la importancia de tener a Dios en su relación de pareja y familia, y les habló del amor, de la vida. Luego de aquellas palabras, sellaron su amor colocándose las alianzas y el pastor concluyó con una oración en medio del aplauso de los presentes.

Para el religioso fue realmente una experiencia única, ya que nunca fue un aficionado a los deportes. Tal entusiasmo tenía con oficiar una celebración de estas características en la cima del volcán, que estuvo 35 días entrenando en un gimnasio para prepararse físicamente para semejante hazaña.

El momento más lindo, como en todos los casamientos, llegó cuando el pastor lanzó la frase más esperada: "los declaro marido y mujer, puede besar a la novia". Y Adolfo y Susana se fundieron en un beso interminable de narices frías y coloradas, impregnados de amor y montaña, de alegría y esperanza. Y los presentes, aquellos insólitos invitados que se sacrificaron junto a los novios para ver la ceremonia, festejaron arrojándole copos de nieve a la flamante pareja. No lo hicieron con arroz. Hubiera quedado demasiado formal y hasta desubicado para un casamiento de semejantes características.

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