"Disfruto de hacer de personajes malos y hoscos"
Paula Bistagnino
Especial
Ricardo Darín estrena Nieve negra, la primera película que coprotagoniza con Leonardo Sbaraglia. Consagrado como el actor más popular, juega al hombre común en la publicidad y en la vida.
Terminó el 2016 presentando el comercial de cerveza en el que fantasea con ser un tipo normal, que puede salir a la calle y ser apurado por un conductor porque cruza mal la calle, que puede andar mezclado entre decenas sin que nadie lo observe, que puede hacer algo tan cotidiano y simple como sentarse en la parra de una pizzería y pedirse algo para comer. Le guste o no, es el actor más popular de la Argentina en muchos sentidos: querido, admirado, taquillero, convocado. Aunque no lo diga, sabe que no son muchos más los que podrían hacer esa publicidad y que tuviera sentido. Pero no lo dice, porque prefiere construir el lugar de ese hombre común, que bromea, que no se toma tan en serio lo que hace –sí en cuanto al trabajo, sus colegas le reconocen un oficio envidiable pero no cuando le toca hablar sobre eso. Lo demostró también cuando subió a su cuenta de Instagram un video bailando una “coreografía propia” del tema de un reguetón de moda, “El taxi”, de Osmani García. Y en minutos se viralizó hasta alcanzar a millones de personas.
Subí un poco de peso, pero después lo bajé porque, si no, no podía volver a casa”.Darín Sobre sus cambio físico para el film.
¿Cómo te llevaste con ese ermitaño hosco? Parecés más bien todo lo contrario.
Es un personaje doblemente atractivo que me toque un personaje como este, muy alejado de mi personalidad. Y hacer el viaje de ida y vuelta a él es divertido, muy divertido. Mucho más que hacer un personaje más parecido a mí. Soy un tipo sociable, que disfruta mucho de la familia y los amigos. Soy un divino…
Hubo un cambio físico importante: además de la barba, tuviste que subir unos kilos.
Sí, hubo mucha búsqueda hasta lograr eso. Subí un poco de peso, pero después lo bajé, porque si no, no podía volver a casa. En toda la previa se fue delineando cuál era el límite para que no quedara exagerado. Y creo que quedó bien, que tiene la medida de lo que tiene que contar y lo que es Salvador, mi personaje.
Ya después de Carancho, en 2009, habías dicho que si fuera por vos harías todos personajes de hijos de puta…
Sí, los malos con algún conflicto. No los malos absolutos, quizá… Tienen que tener algún doblez. Pero no sé si es lo único que quiero hacer. Uno ve más allá de su personaje para aceptar un trabajo.
Después hiciste a un piloto de los vuelos de la muerte de la dictadura, en Kóblic. Ahora, a un ermitaño con el que es casi imposible empatizar.
Mmm… No diría eso. Pero no voy a contar la película acá. De alguna manera, esa es la mirada de Laura (otro de los personajes). Ella arrastra todos los preconceptos sobre él, más allá de todo. La idea era esa: un delineamiento monstruoso y a ultranza. Sostener eso. Y sí, disfruto de hacer los personajes malos y hoscos.
Pero en la vida no sos así…
En la vida soy un amor.
La primera vez trabajando con Leo Sbaraglia…
Muy bien, porque el contexto en el que teníamos que trabajar es de esos que no te permiten medias tintas. De alguna manera teníamos que hacer un equipo, enfocarnos muy bien, porque había que recuperar cada noche la energía para el día siguiente.
¿Fue tan duro el rodaje como parece en la pantalla?
Fue muy duro: fíjense que lo van a ver caminar a Leo en la nieve y van a creer que tiene un problema de cadera. Pero no: estaba el plano inclinado. Filmamos en Andorra y sí, fue duro. Pero sobrevivimos.
Una superproducción argentino-española
Nieve negra narra la historia cruel de Salvador (Ricardo Darín), un hombre de pocas palabras que vive aislado en el medio de la Patagonia. Su silencio obedece a un hecho trágico sucedido en su juventud que lo alejó del resto de su familia. Sin embargo, el pasado lo encuentra en la figura de su hermano Marcos (Leonardo Sbaraglia), quien luego de la muerte de su padre llega junto a su esposa, Laura (Laia Costa), hasta la cabaña para tratar la venta de los terrenos que comparten por herencia. El cruce, en medio de ese paraje solitario e inaccesible, reaviva un secreto dormido durante años.
El film fue dirigido por Martín Hodara, quien fue colaborador de Fabián Bielinsky, director de El aura y Nueve reinas (ambas protagonizadas por Darín) y quien falleció en 2006. “Hay algo sobrevolando que tiene que ver con una atmósfera o con texturas, cierta hostilidad que atraviesa todo el relato. Creo que a Fabián le hubiera gustado mucho esta película. Siempre está presente en nosotros por muy diferentes motivos: emocionales, técnicos, profesionales, cinematográficos”, dice Darín. Si bien la historia transcurre en la Patagonia, las escenas en la nieve se rodaron en Andorra y el resto en un set en Buenos Aires.
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