Neuquén sigue albergando espacios que sorprenden en distintos puntos de la ciudad. Rincones que se descubren como tesoros y que seducen con detalles generando un público fiel que banca y motiva a dar un paso más.
Desde hace un tiempo vecinos de Villa Farrel y Santa Genoveva vienen siendo parte del crecimiento y la transformación de Casa León, un emprendimiento que arrancó con una oferta diferenciada de vinos boutique y que creció con litros de cerveza artesanal y picadas, para convertirse luego -a pedido de los habitué- en un particular bodegón que actualmente llama la atención a los distraídos del barrio y a quienes circulan de paso por la calle Alderete al 1600. Una verdadera rareza en la zona donde no abundan restaurantes.
Detrás de esa joyita gastronómica se encuentra Ricardo Chiappero, un hombre orquesta que, dos meses antes de la irrupción del coronavirus en la Argentina, decidió dar un salto y apostar a su formación en administración de empresas para abrirse paso con un proyecto propio, dejando atrás la relación de dependencia en una petrolera. Tras una serie de altibajos que lo llevaron a reinventarse y cambiar de rumbo hasta dar en la tecla, logró cautivar a los vecinos del este de la ciudad con su pequeño restó que además de funcionar como vinoteca, bar y growler, ofrece degustaciones y un club para los amantes del vino.
"Desde que me recibí, a los 21 años, trabajé en relación de dependencia. Estuve seis años en la cervecería Quilmes y después otros seis Halliburton. En pos de apostar a un proyecto independiente, que en ese momento no estaba cien por ciento definido, en enero del 2020 me fui de esa empresa de servicios petroleros. Iba a nacer mi hija y yo no quería estar 12 horas afuera en una oficina. El tema fue que a los dos meses arrancó la cuarentena por la pandemia y lo poco que tenía en mente con la producción de cerveza artesanal se fue por el tacho. Yo siempre estuve metido en ese mundo y tengo montada una microfábrica de mil litros mensuales. La idea era arrancar con eso. Yo tenía tres puntos de venta pero con las restricciones cerraron los bares y ese proyecto quedó relegado hasta el día de hoy", contó Ricardo en diálogo con LMNeuquén.
"A partir de eso empecé a preguntarme '¿qué hago? El norte era hacer algo que me apasione y sacarle un rédito económico; y otra cosa que me encanta son los vinos. He recorrido varias bodegas del país. Así que aprovechando el modo cuarentena me contacté con varias, especialmente del norte argentino. Me hice un stock inicial y empecé a vender a través de redes sociales y plataformas e-commerce con entrega a domicilio", relató.
Así como se aggiornó a las posibilidades que ofrecía el mercado en la era del aislamiento estricto, Ricardo supo que tenía que encontrar una opción para abrirse camino una vez que las flexibilizaciones dieran paso al paulatino regreso a la presencialidad. "Como noté una caída importante en las ventas, con mi pareja decidimos alquilar un local en el barrio del que somos nosotros desde chicos. Mi suegra vive a dos cuadras del local y mis viejos también. Es un barrio que conocemos, que tiene una mezcla de clases, pero que en líneas generales tenés consumo de este tipo. Así que en noviembre del 2020 armamos la vinoteca y anexamos la parte de cerveza artesanal como growler sin producción propia como debería haber sido", dijo poniendo el ojo en esa cuenta pendiente.
"Si hubiera sido solo vinoteca hubiera sino todo muy cuesta arriba. Después de que abrimos, puse mesitas en la vereda con un cartel que decía 'Pinta al paso' y eso hizo que muchos de los que venían a comprar se tomaran algo en el local. Así fue creciendo. Empezaron a preguntar si no tenía nada para comer y empezaron a salir picadas de fiambres. De dos mesas, nos fuimos a cuatro. En el verano sacamos unas pizzas y cuando terminó la gente me preguntaba 'che, ¿y ahora dónde nos vas a meter en invierno?'", recordó.
La demanda activó el ingenio de Ricardo que enseguida encontró la forma de crecer y darle el gusto a su clientela. "Como estábamos al lado de un local desocupado y casi abandonado, que es del mismo dueño, le propuse que hiciera unas obras y me lo alquilara. Lo pensó, se copó y el 1° de diciembre, cuando me conectaron el gas -que tardó más que la habilitación de Bromatología- largamos la propuesta de bodegón con delivery, integrando lo que veníamos haciendo con cerveza, tequeños y comidas rápidas", manifestó.
"En abril cambiamos la carta y sumamos una propuesta gastronómica que a todo le da una vuelta de tuerca en cuanto a los productos que usamos y la presentación. Hoy en día tenemos una variedad de entradas que pueden ser más de bar cervecero (como papas, tequeños, tabla de fiambres y tostados) o de restaurante con brusquetas o provoleta con panceta. Dentro de los platos más elaborados, tenemos bife de chorizo con puré rústico de papas y panceta o ensalada, bondiola braseada en cerveza con puré de boniato y chifle de batata. Eso es lo que más sale, en especial los fines de semana que vienen familias y parejas. También tenemos pastas, la afamada y querida milanesa a la napolitana, ampliamos todo lo que es sandwichería, vendemos un choripán gourmet, incorporamos una hamburguesa vegetariana, un pancho alemán, todo un toque distintivo y mucha onda", enfatizó.
"A mi me encanta cocinar, lo hago todos los días. No estudié gastronomía por esas cosas de la vida que terminé siguiendo otra cosa, pero es una opción bastante fuerte para mi. Hoy tengo cocinero que es un genio, pero trabaja bajo mis lineamientos. Mi primo me dice que soy un verdadero unipersonal porque hago las compras, la logística, el marketing, el diseño gráfico, las ventas, atiendo, estoy en la cocina, pienso ideas... A veces termino medio colapsado, más que nada por los altibajos que tenemos en nuestro país con la inflación. Ahora lo que estamos viviendo es una locura, no hay forma de establecer precios ni de saber cuánto ganas y cuánto estás perdiendo", comentó haciendo alusión al contexto inflacionario, las internas y cambios en el gobierno y la corrida bancaria que tiene en vilo al país.
Sin dudas la situación económica actual sumó nuevas complicaciones a los vaivenes que viene transitando desde hace Ricardo, quien desarrolló actitud y cierta gimnasia para reinventarse y acoplarse a los cambiantes escenarios. "Por ahí uno se desilusiona pero no tenés que frustrarte porque cuando lo hacés te vas a pique. Me ha pasado en ciertos momentos de desenamorarme del proyecto y preguntarme qué estoy haciendo, si tenía mi vida resuelta. Sin embargo, después me doy cuenta que no me arrepiento por la parte familiar que fue el motor de la decisión", remarcó con seguridad.
"Mucho fue ir aprendiendo sobre la marcha. Ahora abrimos solamente de noche. Hicimos varias pruebas de día y realmente fue una pérdida de tiempo. Hicimos de todo. Incluso pusimos cafetería con desayuno con medialunas y tostados, pero no funcionó. La ubicación es muy particular. Si bien tiene mucho tránsito vehicular y es un nexo de Neuquén a Cipolletti, no hay mucha gente caminando. Nosotros tenemos eso como pro y contra. Yo lo vivo como un pro porque para mi tener un bar en tu barrio es genial. No tenés que manejar, vas caminando. Si vas en el auto, podés estacionar. Y cuidamos al cliente porque vuelve. Con el paso del tiempo empecé a abrir los domingos porque me di cuenta que se movía mucho ese día. Nuestros principales clientes viven a diez cuadras a la redonda. Son habitué, vienen una o dos veces por semana. Muchos viene a comer con los nenes , así que tenemos pizarras con tizas para que se diviertan mientras los papás terminan de comer", indicó al hacer un perfil de las personas que frecuentan Casa León.
Contento con lo cosechado desde la apertura online, Ricardo solo espera consolidarse y potenciar el proyecto con propuestas innovadoras sin perder la mística de lo minúsculo. "Soy conciente de que lo que tengo hoy lo quiero mantener, no me interesa irme a otro lugar para sumar cubiertos. Seria el triple dolor de cabeza que tengo hoy. Yo lo que quiero es mantener los clientes que tenemos, romper la barrera del barrio, que vengan gente de otros puntos de la ciudad, que se sepa que en Neuquén existe un lugar así y que vengan a conocerlo. Y explotar al cien lo que tengo, manteniendo la calidad", reflexionó y agregó: "Creo que Casa León le aporte color e identidad al barrio. La gente lo adopta como propio".
El club del vino
Casa León lanzó hace tres meses el Club del Vino, una propuesta para fanáticos y curiosos que busca fidelizar a los clientes, conectar gente a partir de un interés común y hacer escuela en la materia. A cambio del pago por la membresía, quienes se suscriben reciben una caja con seis vinos boutique de diferentes cepas y marcas. Además cuentan con descuentos de un 10 por ciento en entradas para las degustaciones mensuales, compras, consumiciones en el local.
"Al principio pensaba quizás no me lleva a ningún lado y un día dije 'bueno, si vendo solo cinco cajas, ¿cuál es el problema? Si no lo largo no lo voy a saber. Hace tres meses lo largamos y vendo 12 cajas por mes. Está bueno porque incluye el descuento para las degustaciones que se hacen con menú por pasos y una sommelier. Aunque está abierto al publico en general los socios cuentan con ese beneficio. Son 16 cupos y lo solemos llenar", comentó Ricardo.
Tributo a la familia
Al ser consultado por el nombre que eligió para su emprendimiento, Ricardo contó: "Siempre se llamó así, desde los inicios online. Me gusta el concepto de hogar. En el bodegón te sentís como si estuvieras en tu casa, bien atendido. Si hablás con nuestros clientes, además del buen producto que tenemos, la buena atención es nuestro diferencial". "Sabemos cómo se llaman quienes nos frecuentan, sus hijos. Cuando se sientan, sabemos lo que van a pedir, lo que van a tomar. Muchos van con su familia, con sus amigos, con su pareja. Van mutando en grupos, pero siempre vienen y se sienten cómodos", aseguró.
"Por otro lado León era el nombre de uno de mis abuelos, el otro se llamaba Manuel, así que es un tributo a la familia, a la tradición. Elegí León porque es un nombre que tiene mucha fuerza y comercialmente queda muy bien. El logo es un sombrero porque mis abuelos siempre usaban boina, gorros. El slogan es 'vino e piacere', que significa placer. Yo soy descendiente de italianos y me gusta cómo vive el tano, la cuestión de la gastronomía y la familia", concluyó.
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