El camino hacia la liberación: colgó el título de contador y se convirtió en maestro de yoga

Carlos Chiarotto tiene más de 30 años de enseñanza. Por su centro pasó media ciudad de Neuquén.

Hace más de 30 años al joven recién recibido de contador público se le presentó una oportunidad laboral soñada: comenzar a trabajar para una reconocida entidad bancaria. Pero una voz interior transformó una duda en certeza, colgó su título y comenzó a dar clases de yoga. Desde entonces, Carlos Chiarotto, junto a su esposa Laura, está al frente del centro que luego ser llamaría Sadhana, en pleno corazón neuquino.

“En 1988 tuve una propuesta de trabajo muy importante de un banco y cuando tenía que ir a retirar los pasajes para ir a Buenos Aires a realizarme un chequeo, pasé por la iglesia. Me senté en un banco, me quedé en silencio y escuché como una voz interior que me decía: ‘Qué fue lo que siempre estuviste buscando, la esclavitud o la libertad’. Me volví para mi casa, no retiré los pasajes y comencé a dar clases de yoga”, cuenta. Desde ese día pasaron 31 años.

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Carlos aseguró que desde el principio supo que lo suyo era el yoga. En 1983, tras incursionar en la comida sana, se encontró con un aviso de clases de yoga y concurrió. La experiencia fue por demás reveladora: “Cuando tomé mi primera clase sentí como si flotara, una liviandad en el cuerpo que era impresionante y una energía única”.

Carlos Chiarotto

Por entonces estaba interesado en la espiritualidad cristiana. “Me gustaba la parte mística de la oración y no encontraba en la iglesia cómo relacionarme interiormente con la divinidad. El yoga me dio esa herramienta que faltaba de conectar dentro de mí a través de la práctica meditativa”, agregó.

Dos años después su profesor viajó a la India y lo dejó a cargo de su centro de yoga durante un año, siendo apenas un alumno. Empezó a dar clases intuitivamente, apoyado en las directivas del libro Aprendo yoga, de un discípulo del Swami Sivananda. Para 1988 comenzó a dar clases por su cuenta en un quincho, en el mismo lugar donde funciona actualmente Sadhana, en Alderete casi Buenos Aires.

No le fue fácil decirles a sus padres que dejaba de lado su carrera profesional para aventurarse en una práctica poco conocida. Eran otros tiempos, de mucho desconocimiento. Ellos no lo podían comprender porque tenían la expectativa de que el hijo trabajara de contador en un estudio, vestido de saco y corbata. Pero una vez recibido, jamás fue contador, colgó el título y empezó a dar clases de yoga con grupos reducidos.

“Con Laura, que estábamos recién casados y teníamos la nena muy chiquita, decíamos que el otro camino (la profesión) nos iba a llevar a algo seguro. Pero el del yoga no sabíamos adónde nos iba a conducir. Y decidimos ir por el camino desconocido”, confió Carlos.

A los tres meses estaba tan lleno que tuvieron que alquilar un local sobre calle Buenos Aires. Abrieron un 2 de junio del 1988, fecha que aún recuerda porque concurrieron más de 120 alumnos.

Carlos Chiarotto

Un año después viajó a Canadá, donde conoció a un maestro muy importante a nivel mundial: Swami Vishnudevanda. Vivía en un Ashram (lugar de meditación) en el país del norte y fue él quien le dio el curso de formación de profesores de yoga.

A la hora de definir qué es el yoga, dijo que se trata de un sistema de educación integral del cuerpo, la mente y el alma que busca el equilibrio y la armonía.

En el Sadhana se practica un yoga tradicional, el que se trasmite de maestros a discípulos en una sucesión ininterrumpida, es una enseñanza, sin agregar ni quitar nada a través de las generaciones. Así el yoga pueda llegar de un modo puro y no contaminado por las características de la sociedad del momento. “Estos linajes del yoga que seguimos se basan en la filosofía vedanta. Así como nosotros seguimos la tradición de Sivananda hay otras muy puras también”, añadió.

Aunque observó que este yoga tradicional es escaso, el mayor que se practica tiene esa contaminación cultural, al empelar cintas, poleas y demás agregados. “El Yoga tradicional incluye el servicio, el amor, la meditación, el estudio, la filosofía y la práctica de las asanas. Basados en los vedas (conocimiento), que son los textos religiosos más antiguos de la humanidad”, explicó.

Según comentó, el yoga tiene distintas formas o sendas de ser practicado. La más común en occidente se llama hatha yoga, que consiste en las posturas, en la meditación, los ejercicios de relajación y respiración. Siendo la más común en occidente porque está desprovista de la filosofía.

Su maestro le decía que a la gente que empieza hay que enseñarle cinco principios generales que sintetizan la práctica del yoga: hacer las posturas, ejercicios de respiración, que aprenda a relajarse, que se alimente sanamente y que aprenda las técnicas de la meditación (ayudar a concentrarse a tranquilizar la mente).

“El dolor de espalda, la recomendación de un amigo o el simple hecho de haber visto un aviso pueden ser una puerta de entrada al yoga, pero las razones últimas son otras. Una vez que quitás esa hojarasca, la razón se vuelve evidente. Y es una búsqueda más trascendental de querer conocerse, de saber quién es uno en definitiva y tratar de encontrarle un propósito y motivo a la vida”, reflexionó el profesor, mientras sus alumnos se aprestaban a sentase sobre el yoga mat e iniciar los ejercicios de respiración.

Formación de profesores

El centro forma parte de la Federación Sudamericana de Yoga, que es la que tiene los avales nacionales e internacionales de los cursos que se dictan.

Se trata de un cursado anual que cumple dos objetivos: por un lado, tener un conocimiento general de lo que es el yoga y de su filosofía, y, por el otro, poder dar clases. Algunos toman el curso para su propio conocimiento, porque quieren saber más, y otros lo hacen porque, además, desean dar clases de yoga.

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