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La Mañana insecto

Descubrieron un extraño insecto de hace 99 millones de años que vivió junto a los dinosaurios

Científicos identificaron al pequeño animal cuyas piezas bucales alcanzaban una longitud excepcional. El análisis detallado de trece fósiles en Myanmar.

Un insecto que vivió hace 99 millones de años quedó atrapado en ámbar durante la era de los dinosaurios, y su fósil permitió revelar un hallazgo que permaneció oculto durante millones de años.

El ejemplar conservado en la resina prehistórica llamó especialmente la atención de los científicos por una característica poco habitual. Su estructura bucal tenía una longitud excepcional para un animal de ese tamaño.

Los investigadores identificaron a la especie como Cretodorus noonoo, apodada “Noo-Noo”, a partir del análisis detallado de 13 fósiles encontrados en Myanmar. Su boca flexible, similar a una manguera corrugada, podía introducirse entre las grietas de la corteza de los árboles para alcanzar la savia.

Así descubrieron el insecto

Un estudio publicado en la revista Insects describió a Cretodorus noonoo, una especie desconocida hasta ahora. Los investigadores de la Universidad de Tel Aviv y del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjinganalizaron 13 fósiles conservados en ámbar de Myanmar, con una antigüedad aproximada de 99 millones de años.

El análisis permitió reconstruir por primera vez cómo funcionaba su particular aparato bucal, una estructura que no tiene un equivalente conocido entre los insectos actuales.

La boca de “Noo-Noo” podía curvarse sin perder su forma

Los investigadores descubrieron que el insecto tenía un labio extremadamente largo, que en algunos ejemplares superaba el doble de la longitud total de su cuerpo. La parte final presentaba pliegues regulares, similares a los de un fuelle o una manguera corrugada.

Esta estructura le habría permitido curvar el aparato bucal sin que se aplastara o cerrara, algo fundamental para desplazarse por espacios estrechos. Los fósiles que conservaron el labio doblado aportaron evidencia de que esa flexibilidad no era solo una característica estructural, sino que probablemente estaba presente cuando el insecto estaba vivo.

El ámbar conservó pistas sobre cómo se movía la boca del insecto

Para estudiar en detalle la estructura interna, el equipo utilizó microtomografía computada de rayos X basada en sincrotrón, una técnica que permite obtener imágenes tridimensionales sin destruir los fósiles. Los resultados confirmaron que los pliegues observados en la superficie correspondían a la cutícula del insecto.

Los científicos también compararon los fósiles con un ejemplar moderno de la familia Issidae, conservado en el Museo de Historia Natural de la Universidad de Oxford. Esta comparación permitió comprender mejor las características particulares de la especie prehistórica.

La estrategia para alcanzar savia en las grietas de los árboles

Según el estudio, el largo y flexible aparato bucal habría permitido a los Neazoniidae introducirse en grietas muy estrechas de la corteza y alcanzar los vasos internos por donde circulaba la savia. La estrategia habría sido similar a la de algunos insectos actuales que se alimentan debajo de la corteza.

En la punta del labio también se identificaron dos lóbulos acanalados que podían abrirse hacia los costados y funcionar como una especie de ancla, ayudando a mantener fijo el aparato bucal mientras el insecto extraía savia.

El nombre Cretodorus noonoo fue elegido en referencia a Noo-Noo, la aspiradora de Teletubbies, por el parecido entre su manguera flexible y la particular estructura bucal del insecto. Además, los investigadores propusieron que Neazoniidae y Mimarachnidae formen parte de una misma línea evolutiva, debido a las similitudes detalladas de sus aparatos bucales.

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