Tres ensaladas refrescantes para bancarse los días de calor
Cuando el termómetro se dispara, el cuerpo pide platos livianos, húmedos, frescos y sabrosos. Estas tres ensaladas son rápidas, diferentes y perfectas para el verano.
Hay una verdad que no falla: cuando llegan los días de calor de verdad, cocinar se convierte en una negociación. Nadie quiere pasar demasiado tiempo frente a una hornalla, pero tampoco está bueno vivir a base de cualquier cosa. Ahí es donde la ensalada entra en escena con su mejor versión: no como “acompañamiento triste”, sino como plato principal, completo, colorido y con textura.
Ensalada puede ser mucho más que lechuga y tomate. Puede tener fruta, proteína, hojas amargas, crocantes, hierbas frescas, aderezos simples pero bien pensados. Y sobre todo, puede tener algo fundamental en verano: frescura real.
La clave está en combinar ingredientes que se potencien: lo dulce con lo salado, lo ácido con lo cremoso, lo crocante con lo suave. Con eso, hasta el almuerzo más improvisado se vuelve una comida con intención.
Acá van tres opciones que funcionan genial para una mesa al aire libre, un mediodía rápido, una cena liviana o como guarnición de carnes a la parrilla.
1) Ensalada de quinoa con mango, pepino y menta
Esta ensalada es un “shock de frescura” en el mejor sentido. Tiene un perfil tropical, liviano, aromático, y encima es súper práctica: se puede dejar armada en la heladera y sale perfecta cuando el calor aprieta.
La quinoa aporta saciedad sin hacerte sentir pesado, el pepino suma crocancia y agua, el mango entrega dulzor y la menta deja un final refrescante que levanta todo el plato.
Ingredientes
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1 taza de quinoa cocida
1 mango en cubos
1 pepino en cubos o rodajas
Hojas de menta fresca
2 cucharadas de aceite de oliva
Jugo de 1 limón
Sal y pimienta
Desarrollo
En un bowl grande mezclá la quinoa ya fría con el mango, el pepino y la menta. En un recipiente aparte emulsioná aceite de oliva con limón, sal y pimienta. Volcá el aderezo por encima y mezclá con movimientos suaves, sin romper los ingredientes.
Un tip: dejala unos minutos en heladera antes de servir para que los sabores se integren mejor. Esta ensalada puede ir como plato principal o como compañera ideal de pollo o carne a la parrilla.
2) Ensalada de melón, jamón crudo y rúcula
Hay combinaciones que parecen hechas para el verano. Melón y jamón crudo es una de esas: simple, elegante y efectiva. Lo dulce del melón, lo salado del jamón y el amarguito de la rúcula arman un equilibrio espectacular.
Además, con un puñado de almendras tostadas, sumás ese crocante que hace que la ensalada deje de ser “livianita” y se vuelva una experiencia.
Ingredientes
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2 tazas de melón en cubos o bolitas
100 g de jamón crudo en tiras
2 tazas de rúcula fresca
1 puñado de almendras fileteadas tostadas
2 cucharadas de aceite de oliva
1 cucharadita de miel
1 cucharada de aceto balsámico
Desarrollo
Colocá la rúcula como base en una fuente. Distribuí por arriba el melón y el jamón crudo. Terminá con las almendras tostadas para dar textura.
En un recipiente chico mezclá el aceite de oliva, la miel y el aceto, y rociá justo antes de llevarla a la mesa. Es rápida, distinta y queda genial para sorprender con algo “fresco pero con onda”.
3) Caprese con un giro: tomate, mozzarella, durazno y albahaca
La caprese es una de esas ensaladas que no necesitan presentación: tomate, mozzarella y albahaca es un triángulo perfecto. Pero en verano se presta a una vuelta de tuerca, y el durazno aparece como invitado inesperado, aportando jugosidad y un dulzor suave que combina espectacular.
Esta versión mantiene el espíritu italiano, pero con un guiño bien de estación, ideal para esos mediodías de calor donde querés comer rico sin caer en lo pesado.
Ingredientes
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2 tomates grandes y maduros
200 g de mozzarella fresca o bocconcini
1 durazno firme (pelón) en gajos
Hojas de albahaca fresca
2 cucharadas de aceite de oliva extra virgen
1 cucharada de miel
Sal gruesa y pimienta negra
Desarrollo
Cortá los tomates en rodajas y acomodalos en un plato grande. Intercalá con la mozzarella y los gajos de durazno. Sumá albahaca fresca por encima, sin miedo: cuanto más aromática, mejor.
Para el aderezo, mezclá aceite de oliva con miel, sal y pimienta. Rociá al final, justo antes de servir, para que todo quede fresco y vibrante. Es un plato ideal para un almuerzo liviano y también va muy bien con una copa de vino blanco bien frío.
Tips para tunear ensaladas sin aburrirte
La mejor parte de estas recetas es que son punto de partida. Con pequeños cambios, podés tener una ensalada distinta cada vez:
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Sumá proteína si querés hacerlas más completas: pollo grillado, tofu dorado o garbanzos crocantes.
Jugá con frutos secos y semillas: nueces, pistachos, girasol o sésamo levantan cualquier plato.
Hacé aderezos simples: con yogur, mostaza, tahini o hierbas frescas.
Porque en verano comer liviano no significa comer sin gracia. Con ingredientes frescos y combinaciones inteligentes, cualquier día de calor puede convertirse en una comida rica, colorida y fácil de disfrutar.
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