Cuesta entender cuál es el punto de quiebre en un futbolista que se topa con la gloria y en lugar de seguir por la buena senda, se pierde en la nebulosa de la fama y el dinero fácil para caer en un infierno peor: el del alcohol, las drogas y el olvido. El fútbol argentino conoció al brasileño Mario Jardel, en una etapa de declive cunado el jugador nacido en Fortaleza recaló en La Lepra, club al que arribó en la temporada 2004-2005 aunque ni siquiera pudo, en tres partidos que disputó, mostrar su estampa de fino goleador.
El hombre que fue dos veces artillero de Europa, nominado al Balón de Oro que, además, le enseñó a cabecear a Cristiano Ronaldo y hoy valdría 200 millones de euros, tocó fondo y se refugia en un humilde club de Portugal desde donde busca reinventarse como coordinador de las divisiones menores.
Llegó en tan mal estado de forma en aquel Newell´s que dirigía Américo Gallego que hasta el Gato Gastón Sessa, arquero de Vélez que ese día ganó 1-0 se burló de su falta de puntería en una de las acciones mostrando el gesto en la transmisión oficial del partido. No obstante su breve estadía le alcanzó para ser campeón del Apertura de esa temporada, aunque su aporte nunca se notó e incluso fue maltratado por la hinchada leprosa.
Equipos de Brasil, Portugal y Turquía fueron los que pudieron disfrutarlo en su rol de goleador implacable. Hasta que dejó Sporting de Lisboa, en 2003, había anotado 352 goles en 13 años. Luego, apenas 18 en 7, hasta su retiro en en el Al-Taawon de Arabia Saudita. Fueron 12 clubes en sus épocas de debacle, en las que los excesos, las drogas, la noche y la depresión minaron su carrera.
“Fueron de ocho a nueve años en los que caminé en un mundo muy cruel”, contó en una entrevista con Globo Esporte. “Si estuviera activo en la actualidad valdría entre 150 y 200 millones de euros. Creo que hice historia, soy único. Y lo digo con humildad. Lewandowski es el único jugador que marca 55 o 60 goles al año y yo lo hice durante seis o siete años seguidos”, declaró.
De físico portentoso de N° 9 a la antigua, Mario Jardel de Almeida Ribeiro comenzó a llamar la atención con la camiseta de Ferroviario, por lo que fue captado por el Vasco da Gama, institución en la que hizo su debut con 18 años. Allí obtuvo tres campeonatos cariocas y luego fue transferido al Gremio de Porto Alegre, donde fue campeón y máximo anotador de la Copa Libertadores de 1995, con 12 conquistas.
Por entonces ya había pasado por la selección Sub 20 de Brasil. Y sus goles se convirtieron en un imán para los clubes europeos. En la puja, se impuso el Porto, club en el que en cuatro temporadas vio cómo su apuesta anotaba 130 goles en 125 partidos y celebraba ocho títulos cifras a los que hoy solo acceden Lionel Messi o un Cristiano Ronaldo a quienes se los cataloga por esos logros como extraterrestres.
Pero Jardel era humano y comenzó el descenso a los infiernos de las adicciones.
“Cuando tienes mucho dinero, estás lleno de amigos. Cuando no lo tienes, todos desaparecen. Y también me distancié de ellos. Me di cuenta de que cuando ganaba millones al mes, estaba lleno de amigos para pagar la cuenta”, entendió cuando ya era tarde.
“Fui máximo goleador durante cinco años. Soy el mejor brasileño de la historia del fútbol portugués”, rememora orgulloso.
En 1999 fue Bota de Oro (top scorer de las ligas más importantes de Europa) con 36 tantos. En el 2000 resultó nominado para el Balón de Oro, galardón en el que se quedó el portugués Luis Figo. Compartió candidatura con nombres de la talla de Zinedine Zidane, Thierry Henry, Gabriel Batistuta, Rivaldo y Raúl. Estaba en la cima. Su sorprendente efectividad despertó el interés del Barcelona; también el Galatasaray. Eligió Turquía, donde mantuvo el romance con el gol marcando : 34 tantos en 43 presencias. Dos de ellos sirvieron para que su equipo venciera al Real Madrid en la final de la Supercopa de Europa del 2000, disputada en Mónaco.
De Galatasaray pasó al Sporting de Lisboa, otra vez Portugal, donde ya era leyenda: 67 conquistas en 62 compromisos. Dos vueltas olímpicas. Otra Bota de Oro, en 2002. Y el rol tácito de ser tutor de un joyita en plena formación: Cristiano Ronaldo. No era todavía CR7 y su gran habilidad habilidad no siempre estaba al servicio del juego colectivo.
Con Jardel eran compinches y hasta mantuvo un affaire con Jordana, la hermana del brasileño. “Mucha gente me llama de todo el mundo para hablar de él, porque tuvo un romance con mi hermana. Realmente hubo un coqueteo allí. Por supuesto, quería que Cristiano Ronaldo fuera mi cuñado, pero no pasó, ¿verdad? Es parte de la vida. Hoy, dondequiera que llegue, me recibe. Tenemos esta complicidad”, contó en su momento.
Cuentan muchos allegados de entonces que Cristiano aprendió de Súper Mario los secretos para elevarse y cabecear de la manera en que lo hace hoy.
“No es una exageración”, afirma. “Ciertamente aprendió mucho de mí. Y gané mucho menos dinero que ellos hoy. Pero aprendió mucho. Si tienes la oportunidad de preguntarle a Cristiano Ronaldo si recuerda a Jardel en el entrenamiento, te dirá que sí. Si dice que no, estará mintiendo”, contó en la entrevista.
Después de aquella experiencia Jardel acentuó su condición de trotamundos pasando a Bolton Wanderers de Inglaterra (donde se apuntó apenas tres goles), de allí al Ancona de Italia, donde ni siquiera anotó y estuvo seis meses sin jugar. Llegó la citada experiencia en Newell’s, Goiás de Brasil, Beira Mar, otra vez en tierras lusas; Anorthosis de Chipre, Newcastle Jets de Austrália, Criciúma América de Ceará, Flamengo do Piauí, Cherno More Varna de Bulgaria, ya sin el esplendor que lo llevó a alcanzar fama mundial e perdido en las excentricidades, como las que se le conocieron cuando estuvo en Newell's.
Cuentan que llegó a tener siete celulares que regalaba cuando se acababa el crédito que compraba para comunicarse o, cuando tras discutir con el polémico ex presidente Eduardo López, disconforme con un pago en cheques, se los arrojó en la cara y cuando se retiró del edificio aprovechando una cámara en la planta baja se bajó los pantalones y se puso a orinar mientras mirando hacia la lente, irguió el dedo mayor de su mano derecha, sabiendo que el titular del club monitoreaba todo.
Cuando se retiró del fútbol se vinculó a la política siendo electo diputado por Río Grande do Sul para luego ser expulsado de la banca por un escándalo de corrupción. En su Fortaleza natal, confesó que encontró la salida. “Estaba tomando muchos medicamentos para la depresión y comencé a buscar la Iglesia. Cada uno tiene su religión y hay que respetarla. Mi esposa, Sandra, también me ayudó mucho. Es una lucha. No es fácil. Es una vida nueva, sin beber, sin drogas”, relató.
“A veces me pongo a pensar, porque la gente dice ‘Jardel, eres el único brasileño con dos Botas de Oro en Europa, fuiste máximo goleador de la Libertadores, máximo goleador de la Champions; campeón. Hay que valorarse más’. Y empecé a darme más valor a mí mismo”, dio a conocer su fórmula para resurgir.
Se dedicó a trabajar como intermediario y hace un mes fue noticia porque la humilde Unión Serpense de Portugal lo presentó como “coordinador de formación” de la nueva estructura del club desde donde busca volver a reconstruir su vida.
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