El crimen del criancero de Michico permanece impune

José Castillo fue atado con alambre, apuñalado en el corazón y quemado en su puesto en el norte neuquino.

Guillermo Elía
policiales@lmneuquen.com.ar

Neuquén.- El macabro crimen del criancero José Adán Castillo en Michico lleva dos años sin que los investigadores hayan podido obtener alguna pista que ayude a su esclarecimiento. Sólo un testimonio revelador podría sacar el caso de las sombras de la impunidad.
Castillo era un criancero de ganado menor que trabajaba en un puesto del cerro Michico cercano a Buta Ranquil.

El 17 de abril de 2014, un lugareño que pasó por el paraje avisó a la Policía que había un hombre muerto en un puesto. Un oficial de la comisaría de Chos Malal fue a verificar la existencia del cadáver y al día siguiente se organizó una expedición con forenses y peritos para analizar la escena del crimen.
En el puesto se pudo determinar que la víctima había sido atada con alambre y prendida fuego. Parte del cuerpo presentaba las tradicionales marcas de mordidas de animales, por lo que estimaron que podría haber sido asesinado entre 48 y 72 horas antes de su hallazgo, ya que por la baja temperatura que reina en la zona no se había formado fauna cadavérica.

La identidad de la víctima se logró establecer porque sobre la mesa de autopsia cayó un ojo vidrio.

"La identidad se pudo establecer gracias a que cuando le estaban haciendo la autopsia cayó un ojo de vidrio sobre la mesa. Además, como los animales no se comieron la zona del torso se pudo observar la puñalada que le llegó hasta el corazón", recordó una fuente del caso.

Esos elementos fueron claves para establecer la identidad del hombre asesinado y prendido fuego.
Las llamas destruyeron todos las evidencias y rastros dentro del puesto y las fuertes ráfagas de viento que predominan en el paraje hicieron el resto afuera.

"Salvo que se entregue el autor o aparezca un testigo que cuente todo, este crimen seguirá sin ser esclarecido". Investigador Bajo reserva

La investigación arrancó con la hipótesis más loable en la zona, que son las riñas por cuestiones territoriales o robo de ganado. Ningún puestero confesó tener problemas con Castillo y los pesquisas comenzaron a avanzar sobre otros supuestos.

Dos años: pasaron desde el macabro homicidio y no hay una sola pista que oriente la investigación.

"Se podría haber tratado de una andanza criolla", comentó la fuente consultada. La andanza criolla en la jerga de los puesteros es una infidelidad. Sospechaban que Castillo podría haberse metido en las sábanas de otro hombre y al saber de la situación fue a vengarse y lo terminó asesinando en medio de una pelea. La teoría es tan interesante como indemostrable porque tampoco surgió en la zona ningún rumor o detalle de una desavenencia amorosa.

Con esta otra hipótesis en el aire, los pesquisas avanzaron de lleno en la investigación sobre la víctima para tratar de encontrar algún elemento revelador. "Es curioso porque todas las personas a las que se les consultó no le conocían mujer alguna a Castillo, pero sí obtuvimos el dato de que cada tanto un joven lo ayudaba en su trabajo en el puesto, por lo que eso alimentó la posibilidad de alguna relación amorosa con el muchacho que haya conducido al crimen pero no se pudo confirmar nada", dijo con desaliento el investigador.

En medio de tanta nada, los pesquisas sospechan que alguien vio algo o sabe algo y, salvo que esa persona que puede ser el mismo autor del crimen revele lo que sucedió, el asesinato del criancero está muy lejos de ser esclarecido.

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