Detrás de los goles y la carrera de Gabriel Batistuta con la camiseta de la Selección Argentina o de cualquiera de los clubes en los que supo triunfar, como Boca, River, Newell’s o Fiorentina, entre otros, hay una historia de enormes sacrificios que el goleador siempre puso en primer lugar, sobre todo después de dejar el fútbol en cada conferencia en la que le toca contar como fue su derrotero camino al éxito.
A través de diferentes charlas aparece un Batistuta diferente a aquel potente rematador que no permitían entonces apreciar su gran inteligencia a la hora de valorar los esfuerzos y sobre todo la sencillez para comunicarlo.
En uno de los ciclos de charlas TED (Tecnología, Entretenimiento, Diseño), el Bati habló en diciembre de 2019 bajo el título en la exposición de “Elige tu destino”, y lo hizo desde lo más profundo de su corazón recordando una anécdota que vivió en su humilde ciudad de Reconquista.
“Eran las 5 de la mañana, llovía y hacía frio, yo tenía unos 16 años y como todos los días dejé todo preparado para que mi padre se levantara, se tomara unos buenos mates con espuma, se calzara los zapatos bien lustrados y se vaya a trabajar”, comenzó a contar el ex atacante en uno de sus relatos.
“Ese día –continué- tomé la primera decisión importante de mi vida, ese día decidí que debía hacer algo más por mí y por ellos, hay tres cosas que me han acompañado durante toda mi carrera: tener un objetivo claro, la humildad y la disciplina”.
Según Batistuta, esas tres cosas marcaron su vida y con mucha emoción, contó cómo fue que se aferró a esos conceptos para armar su carrera.
“La disciplina mental, la que nunca me permitió abandonar, la que siempre me permitió mantener el ego en el lugar que correspondía, para seguir el objetivo que tenía allá arriba. La disciplina física para entrenarme a pesar del dolor del tobillo; la misma disciplina que aplicaba todos los días para levantarme, preparar el mate y lustrar los zapatos”, cerró.
Además recordó lo difícil de su comienzo como deportista profesional: “Después de un año y medio de entrenar todos los días y de estudiar porque así me lo exigían llegó mi primer contrato. Sin saber si el sacrificio iba a valer la pena porque el 80% o el 99% de los chicos de mi edad fracasaba”.
Para graficar la manera en que su humildad le permitió controlar el ego recordó una anécdota vivida en la selección argentina y de la que no se olvidará por lo fuerte que lo hizo ante una adversidad: “Cuando mi carrera estaba afirmada, un técnico me sugirió que me cortara el pelo, algo que para mí era como la marca registrada, la humildad me ayudó a controlar el ego, que lo tenía allá arriba y me corté el pelo porque quería hacer historia en la selección”.
La misma paciencia que le permitió soportar el sufrimiento por el que tuvo que atravesar con esa lesión durante gran parte de su carrera y también de su vida, pero que jamás lo detuvo: “El tobillo siempre fue mi punto débil. Todos los días de mi carrera me dolió el tobillo, pero no me venció seguí caminando. Los más grandes saben que yo tenía dolores en el tobillo, lo que no saben es que todos los días de mi carrera me dolieron los tobillos. Un dolor permanente. Un dolor que te estás por levantar de la cama y te preguntás ¿cuándo te va a doler? Te preguntás si te va doler mucho o te va a doler poco... Si te va a dejar ir al baño. Ese tipo de dolor. Me acuerdo del dolor y me duele el pie...”
“Yo quería triunfar y no podía aflojar y debía exigirme más, hacerlo y hacerlo y fue así, con esa mentalidad, que no me venció ni el dolor, ni la sensación del fracaso”, afirmó en aquella charla que hasta el día de hoy tiene reproducciones, más allá del tiempo.
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