Hace más de ocho años que Santiago Correa es integrante de la cuadrilla de brigadistas de Chos Malal. Ni bien se desató el incendio en el Lote 39 en Quillén, luego de una tormenta eléctrica, Santiago junto a otros 17 colegas fueron convocados al lugar para sumarse al combate contra las llamas que aún hoy siguen descontroladas. “Dos o tres días después de que se iniciara el incendio nos pidieron que acudiéramos porque estaba totalmente descontrolado y necesitaban gente”, comenta Santiago, de 36 años, en una entrevista telefónica con LMNeuquén.
El brigadista regresó a su ciudad natal el miércoles por la tarde, unas horas después que se conociera la trágica muerte del piloto y el mecánico que tripulaban uno de los helicópteros hidrantes que se habían sumado al operativo de combate del fuego. “Fuimos relevados por brigadistas de Manzano Amargo y Huinganco. Cada cuadrilla de brigadistas cumple entre 7 a 10 días en el lugar del incendio y luego es relevado por otra cuadrilla. Si el incendio continúa y sigue quemando, como se prevé, en unos días volveríamos a Quillén”, explica.
Precisa que estuvieron en la primera línea de combate del fuego “trabajando muy duro por las temperaturas y el viento con ráfagas de 35 kilómetros por hora”. "Trabajamos duro pero no pudimos con todo el incendio", asegura y considera que la complejidad del incendio en Quillén está dado porque “es una zona que tiene mucho combustible grueso, me refiero al tamaño de cada árbol, a la masa que tiene cada árbol, las araucarias son milenarias entonces son muy grandes y cuesta muchísimo apagarlas”.
“La rotación del viento es otro tema que complica para contener el fuego, y el brigadista tiene que tener en cuenta esto porque hay lugares donde uno no se puede meter porque significa peligro. Nosotros contamos con una base meteorológica portátil que nos indica el estado del tiempo, la temperatura, la humedad y la velocidad del viento, entonces sabemos cuándo debemos replegarnos y salir hacia un descampado o directamente bajar del incendio”, describe.
"Si el incendio continúa y sigue quemando, como se prevé, en unos días volveríamos a Quillén”, dice el brigadista.
Confiesa que desde siempre le atrajo ayudar a apagar incendios y que cuando se abrió una posibilidad de ingresar a la brigada de su pueblo natal no lo dudó ni un segundo. “Estudié y aprendí muchísimo para ser parte de la brigada y de esta manera dar respuesta a los incendios forestales que se desatan en nuestra provincia”, expresa.
Lamenta las miles de hectáreas, aproximadamente unas 6 mil, de bosque nativo que han sido afectadas por el fuego. “El bosque de araucarias está repleto de pinos y el pino es un combustible volátil que se enciende rápidamente, es muy inflamable y eso es lo que produce que se quemen los bosques de araucarias", describe. Y agrega que "hay que tener en cuenta la envergadura del pino que continúa quemando, y eso hace que las temperaturas bajen hacia la tierra y sigan quemando las raíces de las araucarias y quemen la araucaria completa. Este es un gran problema”.
Considera que el incendio en Quillén podría estar contenido entre 10 a 20 días, “después tiene que quedar personal trabajando en las tareas de enfriamiento porque quedan puntos calientes y hay que enfriarlos sí o sí para que no haya un rebrote del incendio”.
Cuenta el desgaste físico y psicológico de los brigadistas luego de tantos días de combatir las llamas: "te deja destruido", afirma. "Cuando haces una faja de 300 metros, 500 metros o de un kilómetro y después pasa un animal prendido fuego y continúa quemando el bosque, todo ese trabajo que hiciste es en vano y eso te bajonea”, resalta. Y agrega "ahora tratamos de descansar físicamente y psicológicamente de todo esto, algunos están medicados para pasar los dolores del maltrato que genera este trabajo para poder dormir y que pasen los dolores de cuerpo".
Santiago recibió el nuevo año junto a su mujer y sus dos hijos, de 1 y 5 años, pero su cabeza estaba en los brigadistas que continúan en la línea de fuego. Para él, como para los integrantes de la brigada de Chos Malal que volvieron a la localidad, fue un momento distinto al de Navidad que pasaron en Quillén, “donde en Nochebuena nos replegaron a las ocho de la noche, brindamos y a las doce y media estábamos durmiendo porque a las seis de la mañana salíamos de vuelta para el incendio”.
Ama ser brigadista “para servir a la patria y a la naturaleza y tratar de dejarle algo a mi familia y a las futuras generaciones”. “Si dejamos que se queme todo y no contribuimos, creo que las futuras generaciones no van a tener nada”, subraya.
Te puede interesar...









