Por Martín Gamero - [email protected]
La muerte de Kobe Bryant generó conmoción mundial y también aquí, en la región, a miles de kilómetros de Estados Unidos. Los basquetbolistas estadounidenses que juegan en los clubes zonales sintieron la pérdida en la piel y lo vivieron con profundo dolor.
"Mi mamá me llamó el domingo (desde Estados Unidos), algo que habitualmente no hace. Ella fue la que me dio la noticia. No lo podía creer. Me puse a llorar y pensé que era un mal chiste. Luego fue todo tristeza", destacó Byron Johnson, jugador de Pérfora en el Torneo Federal.
Howard Wilkerson, el pivot estadounidense de Centro Español, que juega Liga Argentina, contó cómo procesó la noticia: "Mi primer sentimiento fue ‘no, no lo puedo creer, no es verdad, estoy soñando’, pero después me puse muy triste. Es como si alguien de mi familia hubiera fallecido. La verdad, es como una parte de mí. Mi vida es básquetbol y él es una gran parte de la historia del básquet", afirmó.
Eric Freeman, el interno del Club Cipolletti, que disputa el Torneo Federal, confesó que la amargura perdura. "Estaba en mi pieza y una persona de Estados Unidos me dijo de la noticia y no lo creía. Empecé a buscar en internet y me di cuenta de que era verdad. Me sentí muy mal y sigo mal", contó.
En la misma sintonía que su compatriota, Diontae Champion, el último extranjero en arribar al Torito de Plottier, manifestó: "Golpeó muy duro allá en mi casa en los Estados Unidos. Kobe fue siempre tema de conversación en mi hogar, por lo que sentí que personalmente lo conocía de lo mucho que hablamos sobre él. Es la razón por la que la mayoría de nosotros jugamos hoy al baloncesto. Todavía se siente irreal".
Hay varios momentos de la carrera de Kobe grabados en las pupilas de los fanáticos, pero Johnson se queda con uno de hace 14 años. "El que se me viene a la memoria es aquel encuentro donde marcó 81 puntos (ante Toronto Raptors en 2006). Pero él fue más que un encuentro. Era un competidor furioso e hizo hasta lo imposible. Ganó cinco campeonatos. Exprimió el máximo de su potencial", destacó.
Wilkerson habló sobre el legado de la Mamba Negra. "Voy a recordar cómo jugó todas las veces que estuvo en cancha. Su perfección en el juego, cómo movió sus pies y siempre tiró de la misma forma. Su intensidad, su focus (atención) y su amor por el básquet serán su legado. Su documental Muse fue increíble. Mi última imagen de Kobe es cuando estaba con su hija, siempre con ella enseñándole el juego", apuntó.
"Yo nací en la generación de Kobe. Cuando era joven, fui a ver partidos y tengo varias remeras en mi casa. La noticia impactó en todo el mundo, no solo en Estados Unidos", aseguró Freeman.
Kobe es sinónimo de básquet, de competitividad, de perseverancia y de sacrificio. La noticia de su muerte golpeó al mundo entero y sobre todo a quienes crecieron y mamaron culturalmente el brillo de su imagen.
Su sacrificio fue su mejor legado
Opinión por Manolo Sánchez - Periodista de Pasión Básket
La sensación como fanático del básquet fue, primero, de sorpresa y, luego, de muchísima tristeza. Pensar que una persona que no conocés te puede generar algo así es muy loco.
Me acuerdo de que nos juntábamos con amigos a ver las finales entre Kobe Bryant y Shaquille O’Neal. Soy de una generación (tengo 30 años) que disfrutó el máximo esplendor de Kobe.
Recuerdo que vi una entrevista en Youtube en la que él reconocía que en sus últimos años de carrera llegaba un par de horas antes a los entrenamientos porque quería superar a los rivales y a sí mismo. Ese sacrificio es el mejor legado. Según mi punto de vista, después de Michael Jordan, es el segundo mejor jugador del mundo.
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