Hubo una frase inicial que lo llenó de presiones y le jugó en contra en el fútbol grande. "Soy mejor o igual que Palermo”, tituló el diario deportivo Olé Perico Ojeda cuando dio sus primeras declaraciones frente a los periodistas que desconocían sus antecedentes en el fútbol del interior.
"Dije que podía ser mejor que Palermo porque venía con una racha linda de Instituto, pero éramos muy distintos. Martín jugaba mucho de espaldas al arco y yo iba más por afuera. Trataba de ir por todo el frente de ataque, dependiendo de las marcas que tenía en un lateral o el otro. Nunca jugué como centrodelantero. Lo mío era más la velocidad, el tranco largo y la vía aérea. Teníamos características distintas”, dijo ahora en una entrevista con el portal Infobae, desde Mendoza.
Pasaron 22 años y muchas cosas cambiaron y hoy el delantero ex Racing de 1,96 metros que también actuó en el fútbol español y tuvo de compañeros a Matute Morales, Gambetita Latorre, entre otros, se gana el mango como puede.
A esta altura volió a ser un desconocido y el dinero que logró con el fútbol no le alcanza para sostener a su familia. Instalado en Mendoza, comenzó a trabajar como sereno en la escuela donde se desempeñaba su esposa con jornadas nocturnas de ocho horas que comenzaban a las once de la noche y terminaban a las siete de la mañana.
Hace tres años llegó a vender una camiseta de Instituto en 20.000 pesos a un coleccionista para que el pan no faltara en la mesa. También se juntó con su ex compañero del Tomba, Rafael Iglesias, para armar un proyecto solidario que tiene como principal objetivo “sacar a los chicos de las calles”.
“Gracias a la municipalidad de Godoy Cruz pudimos fundar un club en el barrio de La Gloria y contener a los pibes que la pasan mal. Pobrecitos, cuando apenas arrancamos el torneo de La Liga los cagaban a goles. Les hacían 13 o 15 goles por partido. Llegábamos al entretiempo perdiendo 10 a 0. Pero fuimos paso a paso hasta llegar a la B de la Liga mendocina y el año pasado salimos campeones”, contó con orgullo.
Otro de los malabares que hace para ganarse el mango se basa en su desempeño como árbitro de fútbol amateur en los campeonatos locales. “En cancha de 5 o de 7, porque ya no me da el cuero para correr en la de 11”, soltó con su tonada característica. Ahora es él quien recibe los reclamos de una falta o un gol polémico. “Cuando me vienen a pedir cosas me hago el pelotudo. Son cosas del fútbol y no me da ponerme a sacar tarjetas. Salvo cuando veo que hay una patada fuerte. Ahí sí los amonesto. Y si se ponen a pelear les saco la roja y chau”, detalló Perico con una postura similar a la que aplicaba Francisco Lamolina.
La historia con el indigente
En Huracán de San Luis expuso una de sus mejores versiones. Como Perico marcó la diferencia en el Regional, su primer contrato como profesional lo firmó en Gimnasia de Mendoza, donde hizo una escala antes de sumarse a Godoy Cruz para jugar el Nacional B.
Un breve paso por Coquimbo de Chile y una brillante temporada en Instituto completaron su preparación antes de desparramar al Gato Sessa en el examen que rindió cuando probó suerte en la Academia. “Cuando Lalín vio ese gol pidió que me quedara”, reveló. Sin embargo, el enorme delantero no era del paladar de Cappa y sus presentaciones debieron esperar hasta la llegada de Gustavo Costas, quien le dio continuidad.
Durante todo el año que vistió la camiseta de Racing, Perico vivió en un hotel en el centro porteño y como no tenía auto su compañero Coco Reynoso lo pasaba a buscar.
Su solidaridad lo llevó a rescatar a un indigente que vivía en la misma cuadra en la que él estaba hospedado. El delantero no podía permitir que esa persona sufriera las desigualdades que en ocasiones impone el capitalismo y su iniciativa deslumbró a los empleados del hotel. “Le empecé a dar de comer y después de una semana cenábamos y almorzábamos siempre juntos. Y si me tenía que ir, le pedía a los cocineros que le acercaran una vianda”, recordó.
Como en el subsuelo del hotel había un sillón enorme, el delantero le pidió permiso al encargado para que su amigo pudiera dormir ahí; pero para convencerlo tuvo que decirle al nuevo inquilino que se limpiara y se vistiera con un outfit presentable. “Le regalé mucha indumentaria que me daban en New Balance y lo llevé a mi habitación para que se pudiera bañar”, agregó en la nota con Infobae.
Numancia de España, Talleres de Córdoba y clubes del ascenso argentino en el ocaso de su carrera completaron su periplo. Perico Ojeda, de goleador a sereno. Pero con la frente alta, como cuando celebraba sus conquistas en la gloria Acadé.
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