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El Galán Ríos y el día que le "robaron" el sueño

Un jurado localista lo privó del título mundial liviano del CMB en una pelea en Las Vegas. Pasaron 20 años.

Ricardo Galasso - [email protected]

Veinte años no es nada dice el tango y es dolorosamente cierto cuando la nostalgia es el único consuelo de la memoria. Hace poco más de dos décadas –exactamente el 26 de junio de 1999-, el boxeador de Centenario Aldo Nazareno Ríos sufrió en el Mandalay Bay de Las Vegas, la ciudad del juego y el pecado, el golpe más duro de su carrera, una injusta derrota en las tarjetas ante el norteamericano Stevie Johnston que lo privó de conseguir el título mundial mediano CMB. Un robo en la jerga del boxeo.

“Fue lo primero que me dijo Juan Larena (famoso relator): Ríos esto fue un robo”, recuerda hoy El Galán, el mejor boxeador que tuvo la región. “No soy nostálgico, pero de vez en cuando en las noches busco la pelea por internet y me la pongo a ver de nuevo”, confesó el centenariense, quien se retiró con un palmarés 48 victorias (11KO); 6 caídas (1 KO) y los títulos Sudamericano Latino y Latin o WBC.

“Me gustan mucho los rounds sexto y séptimo”, dice. “Y el primero también -agrega- por una situación particular. Es que el negro pegaba fuerte. Fue lo primero que le dije a Bruno (Godoy, su entrenador) cuando fui al rincón. Hasta me dejó un chichón. Yo creo que el golpe que más me dolió en toda mi carrera lo recibí ahí en Las Vegas en esa pelea”, confesó entre risas.

"No soy millonario, pero tampoco me fue mal con el boxeo. Sobre todo porque me dio amigos y gracias a eso hoy tengo un trabajo y cuando me llaman entreno a chicos”.Aldo Ríos. El Galán fue el boxeador más importante de la provincia.

“Pero fue la única vez que lo sentí, porque después siempre me sentí ganador. Me quedó la bronca de no haber podido tener la revancha, en eso creo que falló el representante, que en ese momento era Humberto Longo”, comentó.

Los jurados en ese momento fallaron 116-112, 117-112 y 118-110. Guarismos muy lejos de lo que se vio en el ring.

Aldo Ríos tocó la gloria en 1999, sobre el ring dominó a Stevie Johnston, pero las tarjetas mostraron otro fallo.

“Me quedé con ganas de revancha “, dijo el neuquino, que repasó detalles de la pelea.

“De volver el tiempo atrás hubiera atacado más los últimos cuatro rounds porque Johnston era un boxeador que ya estaba terminado. Pero yo era muy joven, tenía 25 años, apenas veinte peleas y llegaba invicto. También esa fue mi primera salida al exterior”, recordó el Galán.

“Me quedé con las ganas de una revancha, pero no me reprocho nada porque cada vez que con Bruno preparábamos una pelea llegaba bien preparado. En el rincón también tenía a Rafael García (ex coach de glorias como Leonard y Mayweather)”, afirmó.

A la hora de ubicar esta pelea en su ranking personal no duda en calificarla como la más importante “porque podía haber sido campeón mundial del Consejo con todo lo que hubiera significado”. Hoy se recupera de una delicada operación del riñón izquierdo al tiempo que se ilusiona con el futuro de sus hijos Aldana (20) -la única de la familia que por ahora sigue sus pasos- y Bruno (8), el pequeño que también sueña. “No, ellos no miraron ese pelea. La veo yo sólo a veces, por la noche”, cuenta Aldo.

Fue como rasguñar un poco el cielo. Bruno Godoy. Su formador y entrenador de toda la vida

Cuando a Aldo Ríos le dieron perdida la pelea que había ganado él me decía ‘no pasa nada’. Pero te robaron el título, le respondía yo. Con el tiempo se dio cuenta de que el campeón del mundo era él aunque se lo hayan impedido. Haber peleado por el CMB en Las Vegas y ante un boxeador olímpico, protegido de la Top Rank, fue fabuloso. Por un lado sentimos amargura, pero por otro alegría porque rasguñamos el cielo. Cómo hubiese cambiado la historia para todos -porque un campeón le levanta el ánimo a todo un pueblo- si hubieran sido justos los jueces. En lo económico ni hablar porque si El Galán ganaba, cobraba 100 mil dólares en la primera defensa y 200.000 en la segunda. En la tercera ya no tenía límites. Era un placer trabajar con él, el tipo más obediente que conocí. Un hijo que es un amigo.

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