Lo aplauden de pie y con respeto las estrellas de Australia, las que están en el campo y desde el banco rival. Acaban de humillar a la selección argentina, pero aun en la peor derrota, el básquet albiceleste impone el mayor de los respetos. Y para ello mucho tuvo que ver el legado del gran capitán, el emblema, el inigualable Luis Fabián Scola.
Ese al que un conmovido entrenador Sergio Hernández cataloga sin la menor duda como el “mejor de todos los jugadores que nacieron en Argentina”.
Y eso que dirigió a Emanuel Ginóbili, el argentino de mayor suceso en la NBA, tanto que San Antonio Spurs retiró su gloriosa camiseta número 20.
Pero el Luifa es sinónimo de Argentina, en la selección no hay con qué darle. Si el propio Manu se rindió a sus pies con el emocionante tuit que le dedicó: “Sigo un poco tocado. Qué pedazo de profesional!! Qué ética de trabajo, compromiso... Qué facilidad para hacer puntos!! Irrepetible por tantas cosas. Gracias de nuevo, Luifa”.
Ayer, la selección de vóley consiguió un triunfo histórico ante una de las máximas potencias del mundo como Italia y acaricia una medalla, y hoy River y Boca disputan un apasionante mano a mano por la Copa Argentina.
Sin embargo, durante buena parte del día el emotivo adiós de Scola de la selección de básquet eclipsó todo. No era para menos. Se retira el Alma del equipo, el ejemplo a seguir. Merecía sin dudas otro final, acorde con su campaña de ensueño con la celeste y blanca. Pero el deporte es así. Fue un triste final pero de solitario no tuvo nada. Todo un país le demostró su cariño y admiración. ¡Gracias por tanto, Luifa! Se retira de Argentina el jugador del pueblo.
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