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La Mañana Maradona

El "mejor 10" para Maradona que conquistó el mundo sin jugar

La Rana Valencia, campeón del '78, forjó una gran relación con Diego, de admiración mutua. Contó qué es de su vida y recordó vivencias imperdibles.

Nació en Jujuy y vivió allí hasta los 14 años pero su vida está ligada a Córdoba. José Daniel Valencia es un personaje muy querido por el mundo del fútbol y se dio el lujo de integrar un plantel campeón del mundo: el de Argentina 1978.

A los 66 años, La Rana dialogó con Infobae. Este enganche al que descubrió César Luis Menotti, quien quedó asombrado por su habilidad cuando buscaba jugadores para su Selección del Interior.

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“Valencia es el mejor 10, y el que debe jugar, sin desmerecer a Alonso ni a Villa. Pero Valencia tiene más noción de conjunto, de toque, y sabe aplicarles velocidad a los movimientos”, lo elogiaba Diego Armando Maradona en 1978, días después de la frustrante exclusión del plantel que participaría del Mundial. A partir de ese momento, se hicieron muy compinches.

Ambos fueron compadres en la cancha y en la vida, porque Maradona es el padrino de María Inés, una de sus hijas. El de Fiorito viajó a Córdoba para jugar en la despedida de Valencia, en noviembre del 2000, en el viejo Estadio Córdoba. Por su parte, la “Rana” fue a visitarlo a Diego a Cuba, en el peor momento de su enfermedad.

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“Caí por su muerte, pero no me resigno a eso; todavía siento que está vivo. Nos veíamos poco porque siempre tuvo ese entorno de mierda que no nos dejaba comunicarnos con él. Es triste todo esto y me hace muy mal. Me bajoneo y me pincho anímicamente”, revela el jujeño que brindó este mano a mano al mencionado portal:

-¿Que es de su vida, José?

-Gracias a Dios tengo una hermosa familia y estoy sano, que es lo más importante. Estoy trabajando en Talleres como asesor deportivo de las divisiones inferiores de AFA, cargo que ocupo desde hace ocho meses. Estoy muy feliz. Ver cómo está ahora el club, con una infraestructura espectacular, y el pasto verde me alimenta el alma y me dan muchas ganas de ir a trabajar con los chicos.

-Luego de colgar los botines, ¿a qué se dedicó?

-Fui Embajador de Deportes en Jujuy. Luego, subsecretario de Deportes en Córdoba. No quise tomar el rumbo de entrenador ni de dirigente deportivo porque quería descansar un poco de esa vida. Cuando era futbolista, nunca pude disfrutar los sábados. Empecé con 15 años como profesional y me retiré a los 40 en Bolivia. Cuando colgué los botines, me pasé un año sin ir a las canchas porque quise disfrutar de mi familia, ya que el tiempo pasa muy rápido y hay cosas que no se recuperan, como el afecto y el cariño.

-¿Cuando se retiró se alejó por completo del fútbol?

-Cuando me retiré puse una fundación en Bolivia para chicos con escasos recursos económicos. Me asocié con una ONG de los Estados Unidos. Construimos una escuela primaria en Oruro. Los sacábamos de la calles, los llevamos al colegio y los metíamos en el fútbol. Llegamos a tener más de mil chicos.

-¿Cómo fue su infancia?

-No pasé hambre, pero tampoco venía de una familia acomodada. Mi papá trabajaba de canchero de un estadio de fútbol de la Liga jujeña y vivíamos debajo de una de las tribunas. Yo nací en una cancha de fútbol y mi patio fue un campo de juego. Nunca me faltó nada ni tampoco tirábamos manteca al techo. Desde niño juego a la pelota y todavía lo sigo haciendo hasta que mis piernas digan basta.

-¿Sigue despuntando el vicio a sus 66 años?

-Juego y dirijo en una liga amateur de Córdoba. Nací y moriré para jugar a la pelota, no al fútbol, que es diferente. Hace un año, estuve haciendo dupla técnica con el Hacha Ludueña. Con el tiempo me di cuenta de que no me gusta perder a nada. Cuando eso pasa, me enojo mucho; discuto y me dicen cosas. Algunos no saben quién soy, hasta que les cuento y me recuerdan.

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