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La Mañana

El mundo al derecho y al revés

Por Pablo Montanaro

Neuquén > Transcurrimos nuestra infancia con aquel universo de canciones que, entre muchas otras cosas, nos dejó ver el mundo al derecho y al revés, nos permitió ilusionarnos comprando todo “eso y mucho más” con el osito Osías y, por sobre todo, nos educó sentimentalmente.
Unos años después, ya con edad para comprender lo que estaba pasando en el país, una mañana de agosto de 1979, en plena dictadura militar, María Elena Walsh nos aclaró, utilizando el humor y la ironía, en “Desventuras en el País Jardín-de-Infantes” (un artículo publicado en el diario Clarín) que el gobierno militar pretendía convertir “uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un jardín de infantes”. “Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra”, escribió contra la ignorancia vestida de smoking y uniforme verde oliva.
Acaso sea más que certera la definición hecha hace un año por el escritor Leopoldo Brizuela: “María Elena fue un ser libre que hizo lo que quiso en cada época de su vida y nunca lo que se esperaba de ella”.
Por eso podemos afirmar que, además de enseñarnos a ser chicos y a disfrutar ese período de la infancia, María Elena Walsh nos hizo crecer estremeciéndonos el corazón con canciones “Como la cigarra” o “En el país de nomeacuerdo”.
Nos queda un universo de canciones y palabras, de recuerdos y reflexiones, de poesía pura y potente de alguien que afirmó “soy lo que se me ocurre cuando canto”. Y no quiso tener otro destino.

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