"El público me conmueve por su generosidad"

Gabriel Rolón El actor. Hoy se presenta en el Español con Historias de diván, una adaptación de su libro homónimo, en el que recrea casos reales que trató en su consultorio.

Luis Castillo
castillol@lmneuquen.com.ar

Gabriel Rolón se encuentra presentando en el Cine Teatro Español la obra Historias de diván. El analista más conocido del país hoy subirá a las tablas a las 19 y 21. Anoche realizaba su primera función poniendo en escena dos temas: la muerte y el sexo. “Me permiten hacer pie en los dos pilares de la teoría psicoanalítica”, expresó Rolón, quien luego de dos temporadas hoy se encuentra de gira “difundiendo el psicoanálisis desde otro lugar”.

El desafío de Historias de diván es contar tramas poco comunes y movilizar afectos que son generales”.

¿Cómo se siente el psicoanalista en la función de intérprete de un psicoanalista?
Es diferente, aunque reconozco que el aire de familia me gusta. El Gabriel de la obra, de hecho, es una adaptación de lo que me ocurrió en mi consultorio. Algo de la memoria emotiva me ayuda a componer ese personaje que, sin embargo, hace cosas que yo no: grita cuando se enoja, maneja su frustración de un modo distinto. Es otro… aunque se me parece tanto, que es hermoso darle vida sobre el escenario.

¿Alguna vez te imaginaste actuando?
Fue lo primero que imaginé cuando terminé la secundaria. La misma semana en que supe que era perito mercantil fui hasta el Instituto Nacional de Arte Dramático (hoy IUNA) y me inscribí. Quería ser actor. Luego fui estudiando cada tanto en algunas escuelas y cuando supe que era un hecho hacer Historias… fui al Art Studio e intenté tomar ritmo actoral de la mano de Dora Baret y Matías Gandolfo. Había actuado en obras de teatro e incluso el musical de Dolina Lo que me costó el amor de Laura, junto a Alejandro, Julia Zenko, el Pepe Trelles, Guillermo Fernandez, Marian Farías Gómez, los Huanca Hua y muchos artistas más. Valiosos e increíbles. Sin embargo, jamás había hecho un papel tan protagónico como este.

¿Cuál es el desafío que te planteaste con esta obra?
Difundir el psicoanálisis desde otro lugar. Hace años que lo intento por diferentes medios: charlas, conferencias, libros, participaciones en radio y TV. Y ahora quería llegar con la impronta fuerte del teatro. Además, por supuesto, contar bien una linda historia. Para eso, el apoyo de Un Plan Producciones, la dirección de Carlos Nieto y el talento de Alejo García Pintos fueron fundamentales. Es un honor pisar el escenario cada noche sabiendo que están ahí, tan junto a mí.

¿Por qué escogiste sólo dos temas: la muerte y la sexualidad?
Los elegí porque me permiten hacer pie en los dos pilares de la teoría psicoanalítica. Majo muestra la frescura inocente que enfrenta la seducción de la muerte y Antonio, el inconsciente, que desde las profundidades esconde vivencias que generan dolor y padecimiento.

¿Qué otro tema te hubiese gustado incluir?
Como dije, ya están los dos únicos temas que mueven al hombre: la sexualidad y la muerte. Nadie hace nada que no los tenga en su origen. De todos modos, podría contarse de tantos modos diferentes que es una tentación pensar que podrían haber otros casos que en la paleta de emociones lleguen al público de una manera distinta.

¿Sentís que con Historias de diván seguís cambiando la forma de ver el psicoanálisis?
Espero seguir acercándolo a la gente. Que le pierdan el miedo. Y que aquellos que embisten contra el psicoanálisis, que lo tildan de antiguo o ineficaz, sepan que me van a tener en frente, mostrando a la gente cosas que habitan el alma humana aunque no aparezcan en las radiografías.

¿Qué cosas aún te resultan extrañas en la gente que va a verte a un teatro?
El público me conmueve con su generosidad, con su interés por lo que hago. Cada vez que llego a una ciudad y me dicen que, como en este caso, tuvimos que agregar una función, al salir a escena o al final, en el saludo, cuando veo la sala llena de rostros conmovidos, no dejo de asombrarme por este pequeño milagro.

¿Hubo cambios de preocupaciones de los pacientes en los últimos meses?
Desde lo coyuntural sí. Todo cambio social impacta en el sujeto, y el paciente no es la excepción. Igualmente, los escucho e intento ver a qué contenido más profundo e inconsciente puede conducirme ese enojo actual.

¿Por qué conflicto nuevo acude hoy el paciente?
Ninguno. Lo mismo que generó la guerra de Troya sigue moviendo al hombre hoy: la sexualidad y la muerte.

¿Alguna vez has rechazado a un paciente?
Sí. Hay razones éticas por las que un analista puede hacerlo, y en mi caso lo hice en dos ocasiones.

En los argentinos ¿hay más interés por mejorar la salud mental?
Argentina es el país con más psicólogos per cápita del mundo. Eso implica que, aunque las cosas disten mucho de ser las ideales, algún compromiso con la salud mental ha habido a lo largo de nuestra historia. Aun así, falta tanto por hacer… tantos pacientes pasan horas internados sin que haya psicólogos de guardia que puedan escuchar su miedo o su dolor, que la lucha sigue en pie.

Argentina es el país con más psicólogos. ¿Cómo explicarías ese fenómeno?
Sería largo de explicar. Lo cierto es que los argentinos somos curiosos, buscadores de problemas y abiertos a la escucha del dolor ajeno. Siempre encontramos un porqué ante cada cómo… y creo que allí nuestra mayor virtud y lo que vuelve a nuestro país la tierra más fértil para el crecimiento del psicoanálisis.

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