Buenos Aires > Pasaron tres décadas y la herida por la utilización política del Mundial de fútbol de Argentina 78 por parte de la dictadura militar que gobernaba entonces sigue abierta.
La contradicción es tan fuerte entre los festejos populares genuinos por el triunfo argentino y los secuestros, las torturas y los asesinatos, entre los gritos de alegría y los de dolor, que cada aniversario -ayer el trigésimo-, reaviva el estupor y la indignación.
Argentina fue designada sede del Mundial 78 por la FIFA en 1966 y el organismo internacional mantuvo la decisión en pie pese a que en 1976 los militares derrocaron en un golpe de Estado a la presidenta María Isabel Martínez de Perón e instauraron una sangrienta dictadura hasta 1983 que dejó miles de desaparecidos, unos 30.000 según los organismos de derechos humanos.
La junta militar encabezada por el dictador Jorge Rafael Videla resolvió entonces aprovechar la designación para tapar las violaciones a los derechos humanos que se cometían en Argentina y callar las denuncias internacionales, en una de las mayores utilizaciones políticas de la historia del deporte, equiparable, según muchos, a los Juegos Olímpicos de 1936 en Berlín que celebró Adolf Hitler.
«Los argentinos somos derechos y humanos», «Mostremos al mundo como somos los argentinos», «El Mundial tenemos que ganarlo todos», fueron algunos de los lemas impuestos por la dictadura para promocionar el evento.
«Fue una manipulación muy fuerte de parte de la dictadura sobre el Mundial y la política de derechos humanos. En ese momento lo usaron como una acción psicológica utilizando al pueblo como si fuese todo una fiesta», señaló a dpa el premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel.
Su organización estuvo precedida por el asesinato del presidente del Ente Autárquico Mundial 78 creado por la dictadura, el general Omar Actis. Primero se responsabilizó a la agrupación Montoneros de su muerte en 1976, pero luego se sospechó de la Armada, en el marco de un choque de intereses entre Actis y su segundo, el almirante Carlos Alberto Lacoste, quien finalmente se hizo cargo de los preparativos. Su costo alcanzó cerca de 700 millones de dólares, según estimaciones del entonces secretario de Hacienda Juan Alemann, una cifra sideral para aquellos tiempos que pone bajo sospecha el destino real de gran parte de esos fondos. Incluso cerca del estadio Monumental funcionaba el centro clandestino en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), dónde se torturaban y morían personas.
Buenos Aires > «Todos los gobiernos utilizan el fútbol. También los democráticos. La situación política de aquel momento no me impidió ser un hombre de la sociedad y dentro de mi trabajo tratar de hacerle entender a mis dirigidos por qué y por quién jugamos y qué es el fútbol» (César Luis Menotti, entrenador de esa Selección).
«Los sentimientos de uno, los sentimientos también como hincha de fútbol, y los sentimientos de los verdugos, que después nos daban máquina, golpes y nos tenían a maltraer, estas cosas de la condición humana tan compleja...» (Adolfo Pérez Esquivel, premio Novel de la Paz).
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