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El "viejo Duarte", un gran maestro de boxeo con sus alumnos mas queridos

Enrique Duarte estuvo en el rincón en el día de la consagración como campeones argentinos de Bruno Godoy y sus hijos Billi y Mauro. El maestro de casi 90 años residente en Bahía Blanca vino a pasar unos días y recordó viejas anécdotas sin dejar de cultivar su gran pasión: la enseñanza.

Camino a los 90 años que celebrará en octubre, Enrique Duarte conserva todavía la pose del boxeador, la mirada atenta, las manos señalando la guardia clásica, la actitud y el aire desafiante que durante décadas se empeñó a transmitir a sus alumnos que hoy le agradecen con gratitud. Como Bruno Godoy, el primer campeón del boxeo neuquino que trabajó bajo sus órdenes allí en Bahía Blanca cuando “La Bestia” -el apodo de guerrero que adoptó para construir sus sueños en el boxeo- se mudó allí y encontró en los primeros pasos de su carrera, a un gran maestro. “El Viejo”, como lo llama cariñosamente el hoy también entrenador y promotor, está por estos días de visita en Centenario reviviendo recuerdos, anécdotas y compartiendo su pasión por la enseñanza que sigue vigente.

Don Duarte, estuvo en el rincón de Bruno, Billi (El Niño) y Mauro (El Rayo), cuando ellos en diferentes años (ver aparte) se consagraron campeones y por estos días se entusiasma volver a verlos “porque me emociona cuando veo a boxeadores de verdad”, contó rodeado de bolsas, sogas, cabezales y jóvenes que lo escuchan con atención mientras entrenan junto a los integrantes de la Dinastia Godoy.

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Nació en El Uncal, un paraje de La Pampa, pero “me inscribieron en Bernasconi”, recordó. “Al año ya estaba en Bahia Blanca. Ni me acuerdo cuando empecé con el boxeo porque yo nunca peleé pero siempre me gustó enseñar. La pasión me fue llevando, creo yo” confesó.

“A Bruno lo conocí cuando vine a traer un boxeador a pelear a Villa Regina (Chichinales en realidad), y él le ganó. Como me dijo que quería venir a Bahía Blanca lo invité a entrenarse ahí. Me gustó de él que siempre quiso entrenar, la motivación y las ganas de ser campeón que tenía. Nos costó pero lo logramos”, contó.

Duarte trabajó en una lanera y en los ratos libres se abocó a construir la carrera de boxeador. “Trabajé como 26 años en el Club Universitario dando clases. Me querían mucho y como me sucede acá con esta visita que le hice a Bruno “el corazón se va contento porque veo un fenómeno que se puede producir con estos chicos”, se entusiasmó.

A la hora de dar un consejo a quienes están dando sus primeros pasos no lo dudo: “entrenar y tener ganas”. Para los grandes recomendó: “escuchar a los chicos, porque se van a equivocar y corregirlos. Hay que enseñarles que se boxea con las piernas, no con las manos. Hoy veo que muchos entran a jugar y en vez de avanzar van para atrás. El que se sube al ring tiene que entrar a pelear, pero hay que hacerlo con inteligencia porque el boxeo es un arte: pegar y evitar que te peguen”, afirmó.

Sobre la actualidad del boxeo dijo: “Hoy no se pelea con el corazón, se pelea por dinero y se enseña por dinero. Se perdieron los maestros”, advirtió.

Feliz por volver a reencontrarse con uno de sus formadores, Bruno rememoró sus comienzos y cómo trabajó con Duarte.

“A los 24 años me invitó a ir para allá luego de ver una pelea en Chichinales. Yo había realizado como treinta peleas en Neuquén y cuando viajé a Bahía hice otras treinta, peleaba viernes y sábado. Al principio estuve entrenando con Héctor Piñeiro y Carlos María Giménez y después me encontré con Don Durán. En ese momento sobrevivía como podía, laburaba en un lavadero y en la puerta de un boliche. Yo ya estaba casado y tenía hijos. Mi mamá y mi señora son mis únicos sponsors entonces (risas)”.

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Duarte, una eminencia del boxeo.

Duarte, una eminencia del boxeo.

“En Bahía había debutado como profesional, Me había llevado Jorge Alonso presidente del club Bella Vista. Una vez perdí por nocaut y ahí fue cuando me llama Duarte: así no podés llegar a ningún lado, te falta entrenamiento me dijo. Como él vivía solo me ofreció después su casa. Yo comía mal, arroz blanco y mate, paté de foie. Imaginate con comida, una cama caliente y ducha somos campeones del mundo” le dije. “Hice buenas peleas y la gente me quería mucho”, afirmó.

“Entrenábamos muy duro. A las cuatro y media de la mañana empezábamos. Luego él se iba a trabajar a una barraca de cueros y volvíamos al gimnasio a las cinco de la tarde. Duarte me decía siempre que nada se logra sin sacrificio y me exigió al límite. Con él aprendí a exigir y motivar porque él es un gran motivador y por eso estuvo en mi rincón el día que me consagré campeón Argentino y también lo tuvimos cuando Billi y Mauro pelearon por los títulos argentinos”, concluyó.

La sangre del campeón se hereda y hace historia

El legendario Bruno Godoy, además de ser el primer campeón argentino neuquino comparte el privilegio de ser uno de los pocos pugilistas cuyos hijos –en esta caso Billi y Mauro- lo han emulado logrando también ellos la corona nacional, algo que en nuestro país solo lograron en el repaso de los últimos años, los Melian, Alberto y Alberto Ezequiel. El primero en 1991 cuando logró el título superligero y el segundo 2018, consagrándose en supergallo.

Claro que la yapa en el caso de Bruno radica en que es el único padre con dos hijos campeones.

“La Bestia” Godoy, hoy entrenador y promotor que se retiró con un palmarés de 39 victorias (26 Kos; 18 derrotas, 13 KO y seis empates), logró su primera corona nacional frente al cordobés Juan Carlos Scaglia, en La Caldera de Independiente el 16 de julio de 1993 al que venció por puntos para quedarse con el título de los supermedianos.

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También Billi “El Niño Godoy” (37, 18KO; 6, 5KO) repitió el logró 18 años después en el Ruca Che, venciendo al bonaerense Claudio Ábalos el 15 de mayo de 2011 por nocaut técnico para quedarse con el cetro mediano.

Lo propio hizo otro integrante de la dinastía, Mauro “El Rayo” quien logró el título argentino superligero el 19 de septiembre de 2014 al vencer por puntos en fallo unánime en el combate que se realizó en el estadio de la Federación Argentina de Boxeo a barilochense César “El Perca” Inalef.

Tanto Billi como Mauro continúan entrenando para reorientar sus carreras y seguir manteniendo los puños de la dinastía bien arriba.

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