En plena pandemia, el Rojo llora a un yanqui que hizo historia en la zona

Independiente de Neuquén se enteró en cuarentena del fallecimiento del gran Jim Ratiff, quien marcó un antes y un después en la región y fue el primer jugador estadounidense en la ciudad. Imperdibles anécdotas.

Por Fabricio Abatte-abattef@lmneuquén.com.ar

"Si hubo un momento bisagra en la historia del básquet provincial estuvo marcado por la llegada de este jugador: Jim Ratiff. El primer basquetbolista americano radicado en el Valle. Nacido en Washington (EEUU) en 1958, llegó procedente de Temuco (Chile) en donde se desempeñó en la Universidad de la Frontera. Corría septiembre de 1984. Su llegada fue toda una revolución. Sus 2,06 m y sus volcadas causaban sensación. La Caldera, por aquellos años hervía de gente: había que ir a verlo a Jim".

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Así lo recordó tiempo atrás la página de Independiente de Neuquén en Facebook, en la sección "#Conociendo la historia de nuestro club". Un resumen perfecto de quién fue aquel yanqui que marcó un antes y un después en la región y todo lo que generó su presencia aquí, ya sea por lo novedoso, su clase y las mil y una anécdotas que hay para contar de su inolvidable paso por esta tierra. El primer estadounidense que llegó para jugar al básquet.

"Es un ídolo para mucha gente del club, no tengas dudas", asegura el presidente del Rojo Gastón Sobisch. Por ello, la terrible noticia (si bien se produjo hace algunos meses pero trascendió ahora en el CAI) causó tanto impacto y dolor. Caló hondo en cada simpatizante y aficionado de Independiente, en especial en aquellos amantes del baloncesto que peinan canas.

Como si con el drama de la pandemia no fuera suficiente, en las últimas horas la entidad capitalina se enteró de la muerte del talento yanqui, del pivot que dejó una huella imborrable en la región, el que marcó un precedente. "Un golpe duro, sin dudas, lamentamos no habernos enterado antes", agrega Sobisch.

Fue amor a primera vista. Un magnetismo e idilio pocas veces visto. Todos querían tocarlo, un autógrafo y hasta el apodo "Jim" luego para algún que otro pequeño. Puede dar fe Carlos Alberto Domínguez, el ex jugador del CAI y del Decano al que bautizaron como al héroe que hoy se llora, el que partió con poco más de 60 años por problemas cardíacos.

Su revolucionaria llegada y la discriminación

"Yo tenía 13 años cuando llegó a Neuquén. Se había hecho una paella o pollo al disco en el gimnasio, que estaba repleto. Apareció con un equipo de gimnasia de Adidas negro, no me olvido más... Se atrasó la comida porque el avión se demoró. Quedamos un poco impactados al verlo entrar con su imponente figura. Marcaba mucha diferencia con su potencia. Jamás lo olvidaremos. Es el recuerdo de esa infancia que se fue hace muchos años", acota el directivo y se le pianta un lagrimón.

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Locura en La Caldera y envidia en los rivales. "Fue impresionante cuando fuimos a Roca en el estadio viejo de Del Progreso, que pusieron el cartel 'Welcome Black Monkey" (Bienvenido Mono Negro en inglés), una cosa que hoy sería impensado con el tema de la discriminación . Terminó 120 a 118 para ellos pero ganamos el torneo nosotros", completa.

Las imperdibles anécdotas del Boti

Mauricio Santángelo hoy entrena a Centro Español, en la Liga Argentina. Pero entonces era un niño fana del básquet que sentía gran admiración por Ratiff. Y así lo refleja una imperdible historia de cómo lo conoció. "Cuando llegó yo tenía 9 años y vivía a la vuelta del hotel Comahue, en calle Buenos Aires. Salí una mañana a dar una vuelta con mi perra a ver si lo veía. Y resulta que estaba en la puerta sentadito... 'Esta es la mía', pensé. Por suerte le llamó la atención mi perra, una ovejera alemán negra. Era tanta mi desesperación para que me firmara un autógrafo que no sabía como explicárselo, porque ni yo hablaba inglés ni él castellano. Le quise decir que se quedara con mi perra que iba a mi casa a buscar lapicera y papel y fue ahí cuando me demostró que era un grande. Agarró la perra y se vino conmigo a mi casa. Mi mamá no entendía nada, cuando entró semejante personaje, grandote, moreno, simpático. El se reía, fue mi primera experiencia ni bien llegó", deleita con su relato el Boti, uno de los tipos que más sabe de básquet en la zona.

En cuanto a las condiciones de quien incluso participó en un draft de la NBA, explica. "Tenía unas cualidades físicas notorias. Volcaba la pelota fácilmente, era fuerte". Y aparece otra anécdota memorable: "Lo único que a veces fallaba de cerca. Me contaron que lo llevaron al oculista para saber si erraba tiros libres porque no veía. Pero era bueno en serio, corría bien la cancha, jugaba por encima del aro. Tuvo una buena formación universitaria...".

No pasaba inadvertido nunca. Encima Jim tenía un costado carismático y marketinero inusual para la época. "Hacía publicidades, tenía programa de radio. Llegó a un buen equipo pero Roca también tenía un equipazo, con el Loco Iglesias, jugador descollante. Desde ahí todos empezaron a traer americanos, fue algo hermoso", redondea Santángelo.

El Flaco Alippi tuvo el "privilegio" de jugar dos años con el americano al que se evoca. "Una gran tristeza porque era una excelente persona, gran jugador, con mucha garra. Un americano con sangre argentina le decíamos porque iba a todas y no le gustaba perder", afirma.

Uno de los que heredó su apodo

A Carlos Alberto Domínguez Vargas le pusieron Jim en Pacífico, antes de recalar en el Rojo. Y cuenta un poco su atrapante historia personal y la del apodo.

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"Yo no lo conocí a Jim (la foto es del elenco que integró Domínguez pero no Ratiff) pero me inspiró a partir de que heredé su apodo cuando juegué en Pacífico. De chico vivía en General Conesa, Río Negro, y mis padres nos llevaban a distintas ciudades a mí y a mi hermana para saber donde queríamos hacer el secundario. Y justo en el '82 ó '83 vinimos a Neuquén. Bajamos de la ruta por calle Bahía Blanca, un día que nevaba y lo primero que encontramos fue el club Independiente y quedé flasheado. Vivamos acá dije y nos quedamos para siempre. Alquilamos justo detrás de Pacífico, yo era el único morochito en ese club y me pusieron el apodo de Jim. Luego el destino al final me unió a Independiente y llegué a jugar la Liga Nacional, tengo el récord de efectividad tiré un solo triple y lo metí", bromea.

"A uno de los comercios mío le puse Jim. Mirá hasta donde me marcó", culmina el ex basquetbolista. Sí, Ratiff dejó un gran legado y fue "negocio" en todo sentido para Neuquén. Que en paz descanse. Hasta siempre Jim.

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