El clima en Neuquén

icon
15° Temp
37% Hum
La Mañana Karen

Enamoradas de la muerte: las confesiones de Karen y Leilah, las necrófilas más famosas del mundo

Estas dos mujeres rompieron los moldes y se animaron a hablar de un fenómeno del que poco y nada se sabe. La historia de dos amigas que le contaron al planeta que las movilizaba a relacionarse con cadáveres. No apto para impresionables.

Cuando buscamos la definición de “necrofilia” en el Diccionario de la Real Academia Española nos encontramos con dos acepciones. “Atracción por la muerte o por alguno de sus aspectos”, dice la primera, mientras que la segunda indica: “Perversión sexual de quien trata de obtener el placer erótico con cadáveres”. Es esta última en la única en la que solemos pensar cuando leemos o escuchamos el término. Nos concentramos en el aspecto sexual del asunto y dejamos de lado la primera parte, fundamental para entender cómo y por qué alguien puede llegar a desear y hasta llevar adelante un contacto íntimo con un cuerpo sin vida.

Por supuesto que, de por sí, la necrofilia es algo muy difícil de comprender. Como señala la forense y técnica funeraria británica Carla Valentine, “es uno de los pocos tabúes sexuales que existen en la secular sociedad occidental”. “Es un tema complejo que genera tanto repulsión como fascinación en la población en general, más que complicado por su rareza y secretismo. Según (Julie) Peakman, 'como otras conductas sexuales marginales, la necrofilia permanece muy oculta dentro de la sociedad; es muy difícil de detectar y nuestra comprensión de la misma se reduce a los muy pocos registros y testimonios que existen'”, completa la especialista.

Te puede interesar...

Pocos son los casos públicamente conocidos de necrofilia, y muchísimos menos los que no están asociados a crímenes. Algunos de los necrófilos más famosos son más célebres aún por sus asesinatos, como los “serial killers” Jeffrey Dahmer y Ed Kemper o el “caníbal japonés” Issei Sagawa, por nombrar solo a algunos. Sin embargo, hay quienes únicamente buscan mantener relaciones eróticas con fallecidos. El tema es, claro, que sean descubiertos. Y más importante aún: que se animen a hablar.

Esta nota se centra en dos personas que no solo lo hicieron, sino que, además, tuvieron la valentía de confesarse a corazón abierto y sin vergüenza. Ambas son mujeres, estadounidenses y amigas. Sus nombres son Karen Greenlee y Leilah Wendell.

image.png

-> La necrófila empoderada

El 17 de diciembre de 1979, Marian Gonzalez se encontraba junto a algunos de sus familiares en un cementerio de Sacramento, California. Allí, esperaba que un coche fúnebre trajera los restos de su hijo, John L. Mercure, quien había muerto una semana atrás. El entierro estaba preparado: solo faltaba que el vehículo arribara desde la casa velatoria Memorial Lawn. Pero jamás llegó.

El 19 de diciembre de 1979, el cadáver de Mercure fue encontrado en el cercano condado de Sierra County, adentro de su ataúd y en el mismo Cadillac que debería haberse presentado dos días antes en aquella necrópolis. Junto al cajón, se hallaba la aprendiz de embalsamadora encargada de transportar el cuerpo, inconsciente. Y sobre el mismo, había una carta. Estaba firmada por Karen Greenlee, la empleada en cuestión.

“¿Por qué hago esto? ¿Por qué? ¿Por qué? Miedo al amor, a las relaciones... Jamás un romance dolió tanto. Soy una rata de morgue. Esta es mi ratonera, y quizás mi tumba”, había escrito, llena de remordimiento. Pero lo más fuerte estaba líneas atrás. Allí, confesaba haber tenido sexo con unos cuarenta hombres muertos a lo largo de sus 23 años de vida.

Greenlee fue trasladada de urgencia a un hospital, donde le realizaron un lavado de estómago. Robert Rocheleau, el médico que le salvó la vida, confirmó que la joven había intentado suicidarse mediante una sobredosis de pastillas. Según el doctor, la paciente estaba “extremadamente deprimida”.

Karen fue juzgada y encontrada culpable por el robo del auto y del cadáver, pero no por haber mantenido relaciones sexuales con él. La necrofilia no estuvo tipificada como delito en California hasta 2004, cuando el gobierno de Arnold Schwarzenegger la consideró como tal. La joven, que por supuesto perdió su trabajo, fue penada con 11 días de cárcel, una multa de 255 dólares y dos años de “probation” con tratamiento psiquiátrico incluido.

Greenlee asistió a todas sus sesiones de terapia. Pero al contrario de lo que se esperaba, fue en ellas donde concluyó que no había nada malo en lo que había hecho, ni en lo que seguía sintiendo y ansiando.

“Cuando escribí esa carta todavía estaba escuchando a la sociedad. Como todos decían que la necrofilia estaba mal, entonces yo debía estar haciendo algo malo, pensaba. Pero mientras más personas trataban de convencerme de que estaba loca, más segura me volvía en relación a mis deseos”, dijo, cinco años después del hecho por el que ocupó los titulares de distintos diarios de Estados Unidos. Aunque no fue lo único que dijo.

En 1984, el periodista Jim Morton entrevistó a Karen para el libro “Apocalypse Culture”, editado por Adam Parfrey. El reportaje aporta el primer testimonio detallado de una persona necrófila jamás publicado. En el mismo, Greenlee responde a todo con honestidad y sin tapujos.

Como no existe nadie mejor que ella misma para narrar su propia historia, a continuación reproducimos sus declaraciones más significativas, editadas a modo de texto unitario. Con ustedes, Karen Greenlee según Karen Greenlee:

Toda mi vida sentí atracción por la muerte. Desde niña solía organizar funerales para mis mascotas cuando morían, y tenía mi propio cementerio de animales. En el pequeño pueblo donde vivía había una parrilla que quedaba justo al lado de una casa velatoria. Cuando comías en esa parrilla, para usar el baño tenías que entrar a la cochería. Me acuerdo que, cuando íbamos, inventaba cualquier excusa para ir al baño sola. Entraba y estaba todo lo que podía paseando entre los ataúdes. No me asustaba para nada. Al contrario, me encantaba.

Extraño terriblemente trabajar en funerarias. Más allá de ser necrófila, me gusta el trabajo mortuorio. Disfruto de embalsamar y de todo lo relacionado con lo fúnebre. En las funerarias, la necrofilia es mucho más común que lo que la mayoría de la gente imagina. Lo que pasa es que las casas velatorias no lo denuncian. De hecho, en una me agarraron en pleno acto y me dejaron ir sin decir nada. Hubiese sido mala publicidad para la cochería.

En la de Sacramento trabajé durante casi un año. Ahí fue donde hice muchas de mis actividades extracurriculares. Tenía las llaves del lugar, así que me metía cada vez que podía, cuando no había nadie. A veces, pasaba toda la noche adentro.

Lo que más me pregunta la gente es cómo lo hago. Cuando saben quién soy, muchos me hacen esa pregunta, incluso personas que parecen tener la mente abierta. Entonces les cuento, me dicen “qué interesante” y después no quieren saber más nada conmigo. No me importa decirle a la gente cómo lo hago. No me molesta, aunque cualquiera sexualmente experimentado debería saberlo. Muchos tienen la idea equivocada de que debe haber penetración para alcanzar el placer sexual. ¡Nada que ver! La parte mas sensible de una mujer es el área frontal y eso es lo único que se necesita para ser estimulada. Además, hay muchos aspectos diferentes de la expresión sexual: el contacto sensual, el “69”... Incluso tomarse de las manos. El cuerpo está quieto y acostado ahí, pero tiene todo lo que necesita para hacerme feliz. Además, todo contribuye: la frialdad, el aura de muerte, el ambiente funerario, el olor a muerto... Encuentro al aroma a muerte muy erótico. Igual, hay olores a muerte y olores a muerte... Un cadáver que estuvo flotando en el agua por dos semanas, o una víctima de quemaduras, no me atrae demasiado. Pero un cuerpo fresco recién embalsamado es otra cosa. Incluso, me atrae la sangre. Cuando estás encima de un cuerpo haciéndole el amor apasionadamente éste tiende a despedir sangre de su boca. Supongo que tenés que estar ahí para entender de lo que hablo...

Hubo un tiempo en el que llegué a pensar: “Esto no es normal. ¿Por qué no puedo ser como los demás?”. Atravesé todo un infierno personal de culpa hasta que, finalmente, me acepté a mí misma y me di cuenta que así es como soy. Que esa es mi naturaleza y puedo también disfrutarla. Me siento miserable cuando trato de ser alguien que no soy. Cuando fui a terapia me tocó una trabajadora social realmente amable que no me juzgaba. Y mientras más hablaba en las sesiones, más me daba cuenta que la necrofilia tiene sentido para mí. La razón por la que me mortificaba era porque no era capaz de aceptarme a mí misma. Todavía seguía tratando de vivir mi vida bajo los parámetros de las demás personas. Aceptarme fue encontrar la paz. Todas las personas que siempre trataron de cambiarme solo ayudaron a que me pusiera más en contacto con mis sentimientos. Salía del consultorio del terapeuta y me iba a una cochería. ¡No funcionó amigos!

Embed

Poco, o más bien nada, se supo de Karen Greenlee después de que la entrevista fuera publicada. Algunos artículos sobre ella indican, siempre en potencial, que el reportaje le habría traído consecuencias negativas y que, debido a eso, se habría cambiado de identidad y mudado a un destino incierto. Lo único que se conoció a ciencia cierta sobre ella fueron dos cosas. Por un lado, el impacto cultural que tuvo su historia, al punto de inspirar una osada y premiada película como lo fue Kissed (1996), dirigida por Lynne Stopkewich y protagonizada por Molly Parker. Y, por el otro, su vínculo con la segunda protagonista de esta nota, con quien mantuvo un estrecha amistad incluso durante su ostracismo.

Película-kissed-necrofilia.jpg

-> La novia de Azrael

Leilah Wendell conoció a la Muerte a sus cuatro años de edad. Estaba acostada en su cama un domingo a la mañana cuando, de la nada, alguien se materializó en su habitación y se sentó a su lado. Tenía el porte de un hombre, pero no era un hombre: era un esqueleto encapuchado. La pequeña Leilah no se asustó con su presencia. Al contrario, sintió una profunda conexión. Una que no había sentido (ni sentiría) con nadie más en su vida.

Con el correr del tiempo, sus encuentros con Azrael (el nombre angélico de esta entidad) se fueron haciendo cada vez más frecuentes. A veces, se le presentaba en la forma de un anciano vestido con ropas sueltas de color violeta y plateado. Otras, como un cuervo negro de gran tamaño. Fuera como fuera, su amigo la guiaba a distintos lugares. Algunas veces, a sitios donde terribles tragedias habían ocurrido. La mayoría, a cementerios, donde ambos se sentían como en casa. “Pronto, me di cuenta que estaba enamorada de la Muerte. Me acuerdo de tener once años y estar acostada sobre el montículo de una tumba escribiendo poemas de amor y disfrutando mucho de esa sensación”, contaría años después.

“Tengo la habilidad de conectarme íntimamente con la Muerte a través de los cadáveres, esos recipientes vacíos que dejamos atrás cuando morimos”, le reveló Wendell al periodista Chad Hensley, durante la extensa entrevista que le concedió para su artículo publicado en “Apocalypse Culture II”, la secuela del libro que consolidó la fama de su amiga Karen Greenlee. Como a esta última, el reportaje la hizo conocida para muchísimas más personas. Pero a diferencia de Karen, Leilah nunca se resguardó oculta del ojo público. Al contrario, cada vez que pudo, expresó con orgullo su condición de necrófila.

LEILAH WENDELL 2.jpg

Otras cosas distinguieron siempre a Wendell de Greenlee (quienes se hicieron amigas y mantuvieron contactos telefónicos y personales durante décadas). Primero, su preferencia erótica. Mientras que Karen se sentía atraída por los cuerpos sin vida de hombres jóvenes recién fallecidos, Leilah se inclinaba por los cadáveres putrefactos de hombres sepultados hace años. Mientras más antiguos y descompuestos, mejor. Y segundo, y más importante: Leilah no buscaba un contacto genital como sí lo hacía su amiga. Lo de ella, solamente, era acariciar y besar. Esa era la manera en la que lograba convocar a su amado Azrael.

Según Wendell, cuando ella se acostaba con un cadáver, el mismísimo Ángel de la Muerte se apropiaba del cuerpo en cuestión. En la entrevista que le concedió a Hensley, la necrófila narra y describe un encuentro íntimo que mantuvo con un difunto dentro de un mausoleo, que ejemplifica sus experiencias eróticas con la Parca:

Alcé la vela encendida que llevaba y me encontré con una figura supina que yacía sin vida en una cama de paja y tierra. Me agaché sobre el derruido ataúd y empecé a arrancar la sábana seca que cubría el cadáver. Cuando descubrí aquel cuerpo hermosamente descompuesto tuve que desatar la amarra con la que sus marchitos brazos se sujetaban a su pecho.

Mientras me inclinaba sobre él, una de sus manos esqueléticas lentamente se levantó y me acarició. La otra mano me sujetó en un frío abrazo y me arrastró hacia el interior del cajón, hasta que mis labios estuvieron presionados contra su carne podrida. Su sabor era dulce como un néctar exótico. Hundida en el abrazo de ese frágil cadáver sentí mi corazón latiendo contra su pecho hueco.

Pasé la noche junto a mi amante en su tumba. A la mañana, antes de irme, le di un último y apasionado beso que dejó el sabor de la dulce tierra en mis labios.

Su amor y devoción por Azrael la llevó a dedicar su vida entera a estar lo más cerca suyo que le fuera posible. Como Greenlee, también llegó a autocuestionarse. Pero, en el fondo, siempre estuvo segura de lo que le pasaba: “Mientras más me involucraba con todos los aspectos de la muerte, más confirmaba todas las cosas que venía sintiendo a nivel espiritual. En su momento, todavía dudaba. '¿Me estoy volviendo loca?', pensaba. Pero creo que cuando ves cuerpos rígidos moviéndose, haciendo gestos y todo tipo de pequeñas y extrañas cosas, medio que te vas convenciendo. Siempre me sentí más cómoda entre los muertos que entre los vivos. Sentía que pertenecía al mundo de los muertos, y que el el de los vivos me era ajeno”.

image.png

Fue así que, después de trabajar algunos años en el área de Arqueología Forense de una morgue, y de perder su trabajo por convertirse en sospechosa de actividades necrófilas, Wendell se mudó de su Long Island natal a Nueva Orleans. Ahí, ella y su pareja Daniel Kemp compraron una antigua casa abandonada que convirtieron en su hogar y en el epicentro mundial del culto a la Muerte. Bautizada como “Westgate Necromantic Art & Books”, esta librería/galería de arte/museo se volvió el punto turístico más visitado en cuanto lo oscuro se refiere. Desde allí, Leilah homenajeó a su amado a través de muchísimas pinturas, esculturas y libros publicados, hasta que el Huracán Katrina destruyó la propiedad. Wendell no pudo pagar la reparación de aquel verdadero templo que había levantado, pero continuó honrando a Azrael hasta que éste se la llevó, el 28 de febrero de 2020.

image.png

Algunos años antes de unirse definitivamente al mundo de los muertos al que siempre había sentido como su verdadero hogar, le confesó a la periodista Alison Fensterstock que sus actividades íntimas con cadáveres habían terminado: “Ya no necesito el contacto físico como catalizador. Ahora tengo un vínculo más espiritual, una conexión directa sin intermediarios”. Consciente y consecuente como siempre, Leilah Wendell practicó su idea de necrofilia hasta el final.

Como dijo en aquella entrevista publicada en el año 2000: “No creo en el sexo con los muertos. No creo que esté bien desenterrar un cadáver y hacer lo que uno quiera con él. Estoy muy, muy en contra de eso. Eso es una violación. El concepto que se tiene de la necrofilia en la actualidad no tiene nada que ver con lo que pienso. Para mí, el cuerpo de un difunto es un altar sagrado. Es un punto de contacto con la energía de la Muerte. Algo tangible, algo para tocar. Violar un cadáver simplemente para satisfacer las propias necesidades sexuales es la más alta forma de irreverencia que uno puede mostrar. El verdadero necrófilo solo desea intimidad con la Muerte”. Si hubo alguien que lo logró, fue ella.

Lo más leído

Leé más

¿Qué te pareció esta noticia?

19.371727748691% Me interesa
13.612565445026% Me gusta
8.9005235602094% Me da igual
6.282722513089% Me aburre
51.832460732984% Me indigna

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario