Entre alimentos vencidos y el miedo a morir: "En Loncopué, le ganamos al coronavirus"

Marcos, de 31 años, tiene un almacén en esa localidad y contó cómo superaron, encerrados, el brote de COVID-19.

A Marcos se le “paró el corazón” tras haber escuchado la radio en el almacén donde trabaja. Las noticias informaron que un cliente, que una semana atrás había ingresado con tos a su minimercado Sol de Mayo, había muerto por coronavirus. Se encerró en su casa, comió su mercadería vencida y esperó a que todo pasara. “Quiero que mi pueblo, Loncopué, quede en la historia como la localidad que le ganó al virus”, tituló.

Tiene 31 años. Su casa está detrás del mercado y vive junto con sus dos abuelos -fundadores del comercio- y dos hermanos más. “El peor momento de mi vida fue cuando me enteré que atendí al virus, o sea a una persona tosiendo con una supuesta gripe estacionaria que a los siete días murió”, comenzó el relato.

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Al parecer, para muchos de los vecinos el virus se aproximaba, pero “no le daban tanta importancia”. Los comercios siguieron trabajando con las normas impuestas y “todo iba bien hasta que entró al local este señor”. “Nosotros lo vimos ingresar y estaba tosiendo, claramente no se sentía bien, pero dijo que tenía una gripe estacionaria”, explicó tras indicar que ellos no sabían que ese hombre había estado en Las Lajas: lugar donde se habían reportado los primeros casos de coronavirus.

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A la semana siguiente, el 6 de abril, Marcos trabajó con la radio encendida y, en un momento, el periodista detrás del micrófono confirmó que uno de los fallecidos por coronavirus en la Provincia era su cliente. “Si bien no dijeron su nombre, tiraron la información y los mismos vecinos ya estaban circulando la data de quién era y había estado en mi local”, relató.

En ese momento, “el miedo y la incertidumbre de lo que iba a pasar” atravesó a este hombre que se dio cuenta que “el virus era mortal”. “Ahí quise cerrar todo y cuidar a mi familia, fue un impulso que uno toma en ese momento, pero creo que fue lo mejor”, contó.

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Los abuelos de Marcos y fundadores del almacén.

Los abuelos de Marcos y fundadores del almacén.

Los siguientes quince días, esta familia se encerró en la casa y consumieron los alimentos del almacén. “Muchos de ellos se empezaron a vencer y era los primeros que comíamos, para aprovechar toda la mercadería”, detalló y aseguró que perdió miles de pesos tras bajar la persiana.

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Durante los primeros días, los síntomas empezaron a aparecer en la familia. Marcos y su abuelo, de 75 años, habían contraído una gripe. En ese momento no sabía si era coronavirus, pero aguardaron encerrados a que ninguno de los cuadros empeorara.

Sin hacerse el test, la gripe pasó y tras “sobrevivir” esa quincena, entre el miedo y el encierro, volvieron a abrir el local con todas las medidas de seguridad. Pusieron una capa divisoria entre el público y los vendedores, distanciamiento social en el ingreso y demás recaudos para distanciarse "todo lo que pudieran del COVID-19".

“Más allá de la incertidumbre y del miedo que puede llegar a generar, yo hasta ese momento llevaba casi dos meses sin ver a mi hija”, contó y aseguró que el combo de extrañar a su bebé, sumado a la preocupación de que los contagios avancen y que el coronavirus ponga en jaque la vida de sus abuelos, “le quitó el sueño y hasta por un momento los ánimos de vivir”.

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“Cuando volví a abrir, me sentí saqueado”

Tras retomar la atención al público, durante las horas de apertura al almacén lo vaciaban. Los días de la cuarentena estricta, “la localidad estaba caótica” y se llevaba todo lo que veía. “Regía el `por las dudas que mañana no haya´ y me vaciaban las estanterías”, contó y confesó que a partir del segundo o tercer día que retomaron la atención al público, “guardaron mercadería antes de abrir para poder tener algo para cenar”.

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“Vivíamos en una locura, la gente estaba acelerada, con miedo, y se llevaba todos los alimentos que el bolsillo le diera”, precisó y ese sentimiento comenzó a mermar cuando se dio de alta el último caso positivo en la localidad.

“Cuando dijeron que no había más virus en la localidad y que Loncopué estaba libre del coronavirus, se sintió tranquilidad. Tanto yo, como el pueblo en sí. Se habla de otra cosa, había bajado esa paranoia o ese miedo que nos marcó”, describió y apuntó que aún hay muchos vecinos que “no les importa mucho el virus y siguen circulando sin barbijos, pero es un grupo minoritario".

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“Tenés de todo, como imagino que será en todas partes del mundo. Acá hubo una localidad que se hundió en los prejuicios y en los miedos porque cuando no se sabía mucho del virus y esto estaba arrancando Loncopué fue uno de los focos y era casi un pecado en esos días decir de qué localidad eras”, enfatizó.

Tras haber pasado cuatro meses de haber atendido a aquel cliente, que una semana después fue la tercera víctima del coronavirus en la provincia, Marcos "se siente seguro". Está tranquilo porque sabe que no está circulando el virus en Loncopué y cree que mientras siga tomando las medidas de seguridad que rigen ahora en el local es "casi imposible" que él se contagie "por más que vuelva a entrar el virus por la puerta del almacén".

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"Le ganamos al virus"

Marcos sabe que la victoria no es individual. Es consciente de que el rebrote de la localidad es una posibilidad para todas las ciudades y pueblos, pero aún con eso presente siente que "le ganaron al virus". "Haberse enfrentado al virus de tan cerca y siendo una población pequeña que no está acostumbradas a estas tipos de crisis ni a la sobreinformación, fue duro. Pero sobrepasamos ese pico alto de contagios, pudimos ser un ejemplo de que con responsabilidad y compromiso hoy estemos libres de virus", explicó.

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"Me gustaría que Loncopué sea recordada como la localidad que le ganó al coronavirus haciendo cumplir las normas", etiquetó este comerciante y concluyó: "Fueron los peores días de mi vida, pero ahora veo del día a día con otros ojos, y un poco más cerca de mi hija".

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