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Es recolector de residuos y todos los días afronta el riesgo de contagio

Hugo Jara lleva 16 años en Cliba. Contó cómo es el trabajo diario para brindar un servicio esencial a los vecinos.

“Es una situación desesperante porque no sabemos cuándo estamos agarrando la bolsa de un contagiado”, señaló Hugo Jara, que hace 16 años trabaja en Cliba como recolector de residuos. Él es uno de los pocos neuquinos que no vivieron modificaciones en su trabajo a partir de la pandemia. Desde el primer día de cuarentena, sale a cumplir una tarea esencial para mantener la limpia la ciudad y prevenir enfermedades.

Hugo es oriundo de Bajada del Agrio, una pequeña localidad del interior neuquino. En 2001 se mudó a Neuquén y unos años más tarde comenzó a trabajar en Cliba. Aunque ya pasaron 15 años y ahora hace tareas más calmas, admite que al principio fue difícil.

“Pesaba la mitad que ahora”, exagera sobre la intensa labor física que exige ser recolector. “Es difícil, aprender a saltar del camión, agarrar las bolsas, y correr tanto”, dice y aclaró que fue al gracias al compañerismo de sus colegas que adoptó las técnicas necesarias para cumplir las tareas a tiempo.

Con el paso de los años, su riesgosa tarea se alivianó. “No era lo mismo antes, había menos camiones y cada tanto se rompían; entrábamos a Cuenca XV y era un recorrido que nos parecía eterno”, relata. Las calles, entonces, eran pura arena. Hoy, en cambio, la tierra ya se asentó o hasta se cubrió con asfalto.

La gente también cambió. Hugo dice que, con el paso de los años, son más los que meten los vidrios rotos en una caja, los que separan los residuos en bolsas más livianas y los que dejan la arena en el suelo, y no en los canastos. Todas estas prácticas, en apariencia insignificantes, mejoran la labor de los recolectores.

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Con la llegada de la pandemia por coronavirus, el trabajo de Hugo no cambió. Como todos los días se levanta a las 4,30 de la mañana para estar, una hora más tarde, en la base de la empresa. A las 6 ya salen a recolectar. Como su trabajo sacrificado ya está impreso en su cuerpo, él ya no corre levantando bolsas sino que supervisa la recolección de los contenedores del centro.

“Al principio de la pandemia tuvimos un contagiado y se prendieron todas las alarmas, en la empresa y entre nosotros”, explica Hugo. Aunque afirma que la compañía es rigurosa con las tareas de cuidado, el miedo no se les fue tan fácil.

“Ya pasaron meses pero todavía tenemos miedo, porque nunca sabemos si estamos levantando basura de un contagiado”, asegura. “El riesgo siempre está presente, y no sabemos si, cuando llegamos a casa, le podemos llevar el virus a nuestras familias”, agrega.

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Hugo ya se adaptó al uso de alcohol en gel, de los guantes y el tapabocas que son, además del miedo, los únicos cambios que sufrió su trabajo a partir de la pandemia. Sin embargo, insiste en que los neuquinos deben extremar la precaución para evitar que ellos, los recolectores, paguen la peor parte.

El 12 de septiembre, el intendente Mariano Gaido les otorgó a los recolectores de residuos la llave la ciudad, en reconocimiento a su trabajo esencial en un contexto de pandemia. “Eso nos hizo sentir útiles, sentirnos importantes”, dice Hugo y aclara: “Estamos limpiando la ciudad para salir adelante”.

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