“Estoy feliz de volver a actuar en Argentina”
Buenos Aires > Un video en Youtube llegó a manos de Arthur Laurents justo cuando el legendario director buscaba –y no encontraba– a la protagonista de su puesta teatral "West Side Story" (Amor sin barreras). Era 2008 y Josefina Scaglione, con apenas 21 años, recién empezaba su carrera en Buenos Aires. Después de una audiencia virtual, Laurents le mandó un pasaje y confirmó en persona lo que ya intuía: la estrella de su musical llegaría desde el fin del mundo. A los 25 días, la joven nacida en Trelew y criada en Rosario desde los 5 años se instaló en Nueva York dispuesta a ir por su sueño. Y lo logró: durante dos años, con ocho funciones semanales, se convirtió en una de las sensaciones de Broadway y mereció una nominación a los Premios Tony, el máximo galardón del teatro.
¿Cómo fue aquella audiencia con Laurents?
Fui con mi mamá. Cuando terminé de cantar Laurents se me acercó, me agarró la mano y me dijo: “You´ve got it”. Me puse a llorar. Él también lloraba. Hacía mucho que buscaba a la protagonista de su obra. La verdad es que fue todo una gran sorpresa porque yo no lo estaba buscando… Apareció. Y obviamente no podía decirle que no. Fue muy loco, porque yo en ese momento estaba feliz porque estaba haciendo "Hairspray" con Enrique Pinti y me acababan de seleccionar para Christine en "El fantasma de la ópera", que en ese momento era mi sueño. De repente era como una buena, otra mejor y una ni siquiera imaginada… Pero, obviamente, no lo dudé. Hice la valija y me fui.
El regreso se estiró dos años más y si querías podías seguir actuando allá. ¿Qué te movilizó a volver?
Cuando terminó "West Side Story" aparecieron más oportunidades: hice una película, "Hairbrained", que todavía no se estrenó, algunas participaciones en televisión y distintos workshops de obras de teatro, que es toda la puesta de la obra para presentar y vender a los auspiciantes. Allá pueden pasar años hasta que se estrenan, entonces son puertas abiertas para algún futuro. Pero la verdad es que ya extrañaba mucho y quería estar acá, cerca de mi novio –el actor y bailarín de tango Julio Bassan–, de mi familia y amigos. En cada viaje de visita, me resultaba más difícil irme. Muchos me decían: "¿Vas a dejar Broadway?”, pero sólo el que lo vive puede saber lo que se siente. Estuve mucho tiempo y siendo muy chica. Y ahora estoy feliz de estar acá.
Volvés nada menos que con "Anything goes" (Vale todo), el gran musical de Cole Porter que llega por primera vez a la Argentina, y protagonizado por tres grandes como Enrique Pinti, Diego Ramos y Florencia Peña.
Sí, la verdad es que un regreso perfecto… Es una gran producción y me dan muchas ganas de volver a escena con Pinti, porque es una gran persona y un profesional increíble, con el que tuve la suerte de debutar en "Hairspray". Además estoy con otros proyectos propios, como la obra Borrachos, que estoy haciendo desde junio, y otras cosas que están surgiendo y estoy proyectando.
¿Cómo fue la experiencia en Broadway? Eras muy joven cuando llegaste y caíste de un día para el otro para ser protagonista.
No fue fácil para mí eso. Pero no porque no me recibieran bien, sino porque allá las cosas funcionan de una manera… Es como que el lugar del protagonista es de distancia con el resto del elenco, como una cuestión de respeto. ¡Y yo quería y necesitaba que me contengan! Y ni se me acercaban, pero por suerte de a poco, yo con mi mate abajo del brazo, fui logrando que esa distancia se acortara y terminé haciéndome amigos: varios se coparon con el mate y hasta con el Fernet.
¿Es un ritmo de trabajo muy exigente el de Broadway?
Muy, agotador. Realmente tienen un ritmo allá que es terrible. Y no te podés bajar. Yo pedí que me sacaran una función, es decir, quedarme con 7 funciones semanales y no querían. Al final lo logré por suerte, porque realmente lo necesitaba para hacerlo bien.
Empezaste esta carrera siendo muy chiquita, ¿fue un camino vocacional?
Sí, canto desde que tengo memoria. En el Jardín del Sol, en Trelew, yo era la cantante de mi salita y aturdía a mis padres con la canción del jardín todo el día. Ahí fue mi primera actuación. A los 5 años además ya tocaba el piano y a los 9, que ya vivía en Rosario, empecé a estudiar comedia musical en el teatro El Círculo con Nora González Pozzi y a fin de año protagonicé Annie. Y no me bajé más del escenario. En la adolescencia me gané una beca en la escuela de Valeria Lynch y todos los viernes mi papá me traía en auto a las clases. Nunca fue un sacrificio porque siempre lo hice con ganas y sabiendo que era esto lo que quería, de una manera natural. En un momento pensé que quería ser cantante lírica, pero después fui probando otras cosas y la verdad es que me gusta cantar, pero también quisiera hacer teatro de texto, televisión. No estoy encerrada en el musical.
Hoy está de moda el musical entre los adolescentes. ¿Qué consejos les darías a los que sueñan con esta carrera?
Que estudien y entrenen sin parar. Se necesita mucha disciplina y perseverancia. Claro, eso si el objetivo que se busca es el del arte. También en esto hay mucha búsqueda de fama y exposición: llegar de cualquier manera es otra cosa y debe tener otros caminos mucho más directos que a mí no me interesan ni recomendaría. El mío fue prepararme, amar lo que hago, comprometerme y trabajar para ser mejor cada vez. (Paula Bistagnino)
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