Estoy perdiendo imagen a tu lado

Viejos rencores. Boca ganó los dos duelos locales de 2015 y humilló a River (5-0) hace un año. Pero el sábado mostró que le pesan aquellas batallas coperas.

Mar del Plata
Las esquirlas que dejaron los dos cruces coperos en seis meses parecieron hacerse presentes el sábado por la noche. En los mano a mano que paralizan al país se juega cada vez menos, y se pega cada día con mayor entusiasmo. Esta vez, el que puso la pierna de más fue Boca, descontrolado, pasado de revoluciones desde el pitazo inicial, olvidando incluso todo lo que se había hablado en la previa por sus expulsiones en el amistoso ante Racing.
¿Qué le pasó al equipo del Vasco? ¿Por qué sufrió tres rojas -a Cubas lo perdonaron en el PT-? ¿Por qué jugadores de enorme experiencia como Tevez, el Cata y Osvaldo dejaron una imagen tan deslucida, más propensos al roce y a la pelea que al juego? ¿Por qué el Vasco no consigue que su mensaje pacifista llegue al plantel?
El fenómeno de los clásicos violentos no es nuevo. Pero hay datos que encienden la alarma. En los últimos tres amistosos de verano hubo once rojas. El del sábado fue el segundo en toda la historia (360 cruces) con cinco expulsados.
Sin el peso de los duelos por los porotos, con sanciones que casi nunca se pagan en encuentros oficiales, los jugadores suelen tomarse algunas "licencias". Y venganzas. Y las de Boca, claro, tienen que ver con aquellos duelos coperos. Porque en los dos encuentros del torneo local 2015 salió victorioso. Pero la historia que empezó en aquella batalla por las semifinales de la Copa Sudamericana 2014, cuando River, ayudado por un arbitraje permisivo, se le plantó en La Bombonera y sacó un resultado positivo sin patear al arco, y abrochó el pasaje en la vuelta, iniciando su ciclo copero y ganándole por primera vez al Xeneize un mano a mano internacional.
Aquel fue un golpe que dolió en La Boca. Y se potenció en la noche del gas pimienta. Hubo paz en el clásico local de septiembre, pero el Minella fue testigo de una noche con escándalo. River deberá revisar su juego. Le perdonó la vida al rival de toda la vida, no supo aprovechar las ventajas y preocupó a un Gallardo que vio los minutos finales nervioso. Boca deberá revisar su temperamento, entender por qué se le salió la cadena con tanta facilidad para que los superclásicos no empiecen a ser un fantasma. Algo que le paso a River hace 25 años, cuando el xeneize dio vuelta el historial de la mano del Maestro Tabárez.
Aquella racha de 13 partidos enloqueció a River. Tanto, que Leo Astrada, un referente, llegó a admitir en TV que en uno de esos cruces amistosos el equipo de Passarella no había salido a ganar, sino a tomar venganza. ¿Le pasó lo mismo a Boca el sábado?
La tarea no será sencilla para Arruabarrena. La Libertadores 2016 puede volver a cruzarlos este semestre, y el certamen corto de AFA los pondrá cara a cara el 6 de marzo y el 24 de abril. Hasta aquí, pese a los triunfos de 2015, el hincha mira de reojo al DT por las eliminaciones coperas, y con ese peso sobre sus espaldas tiene que preparar a su plantel para poder sacarse la espina de las copas.

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