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La Mañana Vaca Muerta

Extractivismo para exportar, el único plan de políticos y empresarios

En Europa se apagan industrias por los precios altos de la energía. Muchas miran a EE. UU. como destino para seguir operando. Mientras, en Vaca Muerta no se habla de otra cosa que la exportación de gas y crudo.

El mundo necesita alimentos y energía y Argentina tiene las dos cosas. Es la frase que usan los políticos, empresarios y periodistas enamorados de nadar en lo pando del océano de la economía global, determinado por la geopolítica más que por cualquier otra razón. Ese criterio imperó en Latinoamérica desde el principio del capitalismo. Se convirtió así en la región más desigual del mundo. Que lo cuenten los chilenos, que habitan la sociedad más despareja de la región con la minería como adalid de su producción nacional.

Vender los recursos naturales para el desarrollo ajeno es una constante de nuestros países. Ni Brasil, que tiene el mayor desarrollo industrial regional logró competir en el mundo en esa arena, incluso en la última década se desmoronó el aporte de la industria al PBI del gigante de Sudamérica. El modelo de desarrollo impuesto por los gordos del campo argentino es un ejemplo: maximizar el rinde de la tierra con tecnologías de punta para vender materias primas a precios altos a otros países.

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Lo mismo se proyecta para Vaca Muerta. Más allá de cubrir el gas que consumen los argentinos habitualmente, no se habla en los foros supuestamente serios y decentes de profesionales de los hidrocarburos y la economía de otra cosa que no sea aumentar las exportaciones de gas y petróleo, con el sueño de que los precios internacionales permanezcan en los niveles inflados por la geopolítica.

Además, se fundamenta que un pilar para el desarrollo de la extracción no convencional es que todos, los argentinos incluidos, paguen por el gas y el petróleo el precio que dictan los mercados internacionales. Nadie plantea el desarrollo local con energía más barata. Por el mismo camino es imposible viajar a un destino distinto.

La guerra del gas

La invasión de Rusia a Ucrania tuvo efectos fatales para las economías de los países de Europa, no solo porque tuvieron que salir los Estados a poner plata grande para comprar a precios astronómicos el gas que antes les enviaba Rusia a precios de remate.

Otra punta de la crisis se empezó a ver en la industria. El presidente ejecutivo de Shell, Ben van Beurden, acaba de plantear que la racionalización industrial será inevitable en Europa. En síntesis, los europeos verán apagarse chimeneas y cerrarse puestos laborales porque se acabó el gas barato ruso, que fue clave para el desarrollo último de la economía europea, fundamentalmente de la alemana, que tracciona al continente.

El motor de Europa ahora ve cómo sus industrias otean diversas posibilidades, entre las que se destaca la radicación en algún estado del sur de Estados Unidos, con beneficios impositivos y la energía a precios de remate comparado con los de Alemania. El presidente estadounidense Joe Biden consiguió que sus petroleras vendan mucho más barato el gas de red en ámbito nacional de lo que les cobran a los europeos por el GNL que les venden en barco.

Europa ha reducido el consumo de gas "de manera bastante efectiva, bastante significativa" luego de la pérdida de 120 millones de toneladas de gas ruso al año, dijo van Beurden, pero "gran parte de esta reducción se logra apagando la industria", advirtió.

Europa ha buscado desesperadamente alternativas rápidas al gas ruso, pero van Beurden dijo que necesitará grandes cantidades de GNL durante décadas para mantener un consumo acotado y todo.

El mandamás de la petrolera anglo-neerlandesa planteó: “Mucha gente dice: bajé el termostato o tal vez no encienda el aire acondicionado. Sin embargo, también están los que dicen ‘¿por qué no apagamos la planta de fertilizantes que tenemos?’ o ‘reduzcamos la producción de algunos petroquímicos en general’. Y esa racionalización, si se prolonga lo suficiente, se vuelve permanente”.

Vaca Muerta tiene gas. Argentina tiene planes para exportarlo en todos los partidos políticos y las terminales empresarias, pero nadie a revelado un plan para aprovecharlo en el desarrollo de una industria nacional más potente.

Nadie planteó salir a tentar a empresas desahuciadas por los precios de la energía en Europa para radicarse en alguna provincia Argentina con beneficios en los precios energéticos. Los ojos como los bolsillos están abiertos para las divisas que generen los precios internacionales de la energía.

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